El invento de la tradición
POR WILMAR UMPIERREZ
El gran cantante, a quien poco le pesan sus 53 años de edad, retomó algunas de sus mejores costumbres: homenajear al blues y al country, al tiempo que bucea en los sonidos africanos y de los años setenta, abandonando el hard rock para hacer una revisión histórica, esta vez con su nueva banda, Strange Sensations, banda que lejos de sonar como acompañantes de momento, se muestran con la sabiduría y el aplomo acorde a la circunstancia.
Alguien podrá decir que eso ya lo hizo al frente de Led Zeppelin y es verdad, pero los matices marcados por el tiempo han hecho lo suyo. Ya no gira a su alrededor la pared sonora que desplegaban el combo Page-Bonham-Jones (quizá una de las más poderosas bases de la historia del rock) y para la oportunidad Plant se decidió por unos músicos de extraordinario talento, pero más reposados. Es que a su lado está gente como el habitual guitarrista de The Cure, Porl Johnson, el tecladista John Baggor y el baterista Clive Dreumer, ambos de Portishead y el resultado es una serie de climas superpuestos, propio de músicos que buscan explorar sus propios límites.
Dreamland es el primer disco de Plant en nueve años y el hecho de que existan en él 6 covers, no habla de una cierta aridez creativa. Por el contrario, cabe suponer que el británico retoma los caminos que más satisfacciones le han dado, entonces, no está nada mal que se incline ante Bob Dylan (One More Cup Of Coffee), Jimmi Hendrix (Hey Joe) aunque la original se pierde en la mística del sur norteamericano, con William Roberts, allí donde sobrevuelan los fantasmas de Tim Buckley (Song to the Siren), Bukka White o el enorme Robert Johnson. En todas las versiones Plant recoge el más rico legado de esas figuras y su tratamiento es el de un elegante bluesman que muestra una voz inclaudicable, ya sin los arrebatos setentistas, pero con una sensibilidad de extraordinaria pureza, reciclando una historia que resulta necesario conocerla para entender la evolución de la música.
Por ello el disco resulta innovador, algo similar a lo que ocurriera con Led Zeppelin III, uno de los discos más importantes de los últimos cuarenta años.
El material se completa con Darkness, Darkness, de Jesee Colin Young, Skip Song, de Alexander Lee Spence y la soberbia Morning Dew de Bonnie Dobson. Estamos frente a uno de los discos más removedores de este año y no es para extrañarse si se trata de Robert Plant, una de las figuras clave del entramado sonoro de estos tiempos, alguien que desde hace más de cuatro decenios se dedica a hacer grandes discos.
La situación no debe entenderse como antojadiza, al menos si tomamos en cuenta que otras figuras mitológicas como Bob Dylan, David Bowie, Brian Ferry, Elton John o Paul Mc Cartney han salido a la cancha ultimamente con discos extraordinarios. ¿Será que la calidad no es algo que sobre por ahí y son las viejas glorias las encargadas de recordarlo? *
Compartí tu opinión con toda la comunidad