La lengua no es de trapo

Disparates inéditos

POR JUAN MENDIETA

 

«En un hecho poco inédito, el jefe de Policía concurrió a las viviendas de Punta de Rieles» fue la curiosa información oída hace unos días en un informativo radial.

Me devané los sesos tratando de desentrañar lo que tal enunciado se proponía transmitir al acompañar el adjetivo inédito con el adverbio poco. Estamos de acuerdo en que la visita de un jefe de Policía a un complejo habitacional no ocurre todos los días, por lo que es apropiado calificar el hecho de inédito, adjetivo éste que, según el diccionario, significa «nunca publicado, que no ha sido editado»; y por extensión, se dice de algo que no ha ocurrido nunca, algo nuevo o desconocido.

Pero si a ese adjetivo lo modificamos con el adverbio poco (como por ejemplo en la oración «el ajuste político es una propuesta poco seria»), ya la idea se torna un tanto loca, porque sería entonces un hecho bastante común, cuando presumiblemente se ha querido decir lo contrario, es decir poco habitual.

Hay vocablos que por su semántica inequívoca no admiten grados. Un escritor, una novela, son inéditos o no lo son y punto; y si decimos de un hecho que es inédito, es porque no ha ocurrido nunca.

Este tipo de errores es bastante frecuente, y hay algunos ejemplos memorables. Un amigo le preguntó a alguien que volvía de un viaje a la capital si el monumento a Artigas que recientemente se había inaugurado era ecuestre, a lo que el viajero respondió: «y… más o menos», con lo que uno supondría que la estatua representaba al prócer con un pie en el estribo y a punto de montar…

Del mismo modo, es común que suban al ómnibus gurises que nos entregan un lápiz «que no tiene precio» dejando librado a nuestra sensibilidad y a nuestras posibilidades pecuniarias el monto de la limosna que le daremos. En su discurso nos aseguran que «cualquier monedita sirve» y que no esperan «ni diez ni veinte ni treinta pesos, sino todo lo contrario»; yo me pregunto, ¿qué es lo contrario de diez? ¿será acaso el número negativo menos diez, o el cero uno?

Y por último, recuerdo el diálogo entre dos cazadores y lo que uno de ellos afirmó como conclusión ante la ausencia de liebres: «Por estos parajes abunda poco la liebre». Las liebres –o cualquier otra cosa, animada o inanimada– abundan o no abundan, pero nunca pueden abundar mucho ni poco pues en la propia semántica del verbo está implícita la idea de gran cantidad.

–Lo que abunda en este boliche son las copas vacías, ¿por qué no las manda llenar?

–¡Qué lo parió! *

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