De la historia al teatro
El nuevo teatro San Sebastián del Piquete, situado en la zona más antigua de la Ciudad Vieja, forma parte de una empresa cultural que tiene como animadora a la folclorista Teresita Minetti. Es una casa antigua, con un letrero de mayólica y caracteres clásicos en la puerta, como identificación; por dentro hay un patio colonial y varias habitaciones, una de las cuales, amueblada con prolijidad y buen gusto, es la sala teatral.
El comienzo de sus actividades con «Las esclavas del Rincón» de Alba San Juan está acorde con su carácter histórico. La pieza recrea el asesinato de Celedonia Wich, una patrona cruel, por dos de sus esclavas, el juicio, la defensa por el doctor Lucas Obes de las autoras y su posterior muerte en la horca. El episodio había integrado la obra de Antonio Larreta «Las maravillosas», que puso en escena la Comedia Nacional hace unos años.
Es comenzar la obra y conocer el final. Crueldad sobre crueldad, menosprecio sobre menosprecio, latigazo sobre latigazo, las esclavas, en cólera, matan al ama; pero hay tanta condena del autoritarismo y la brutalidad como poca reivindicación del derecho de resistencia a la opresión, tanta simpatía por los más débiles como escasa crítica a nuestra sociedad actual. Las condiciones sociales de la época, las repercusiones del suceso en la sociedad se dan por sobreentendidas; pero lo cierto es que no suelen ser conocidas por el espectador de hoy. Es posible que la autora se haya fascinado de tal modo con su atrayente tema, que haya creído que bastaba plantearlo para que la pieza saliera hecha; le agregó, suponemos que por mor de actualidad técnica, una acción que va y viene en el tiempo. Pero la historia por sí misma no es suficiente. El episodio de las brujas de Salem era una modesta crónica de la historia antes de que Arthur Miller lo relacionara con la caza de brujas del senador McCarthy, añadiera el drama personal y le diera una dimensión universal. Hamlet pertenecía a una oscura crónica de la que nunca habríamos oído hablar sin Shakespeare de por medio, y hubo un prototipo en la realidad noruega de Nora Helmer, pero Ibsen es más que la anécdota. En el caso de «Las esclavas del rincón», Alba San Juan ensaya alguna motivación para las crueldades del ama y deja en las sombras a las motivaciones de las esclavas; tiene tanta fe en su historia que da por sentado que todo se dará por añadidura, al punto que la escritura presenta descuidos y caídas en la retórica, como «¿Qué misterio es tu odio?» o «Tú eres esclava de tu propio odio».
En el programa la directora Raquel Azar se plantea el problema: «… el hombre se apropió del hombre creyéndose superior y lo destruyó. A miles de años sigue pasando lo mismo… me pregunto ¿Hasta cuándo?» Sin duda, hay una concepción del mundo, se quiera o no, en cada uno de nuestros actos, y el dramaturgo debe hacerla explícita. El propósito de buscar temas para el teatro en los anales de nuestra historia debe elogiarse; pero en la realización la historia debe trascender la anécdota y justificar su presentación en el mundo de hoy; y si no hay una clara conexión entre ese crimen y nuestros conflictos actuales, el dramaturgo debe inventarla en forma creíble. *
LAS ESCLAVAS DEL RINCON (Crónica de un hecho real) de Alba San Juan, por Monteamérica, Teatro a la vista, con la compañía de Raquel Azar. Con Raquel Azar, Juan Pastorino, María Celia García y Mabel Beracochea, voz en off de Carlos Morán. Dirección corporal de Juan Pastorino, música original de Elbio Olivera y Horacio di Yorio, asesoramiento rituales africanos de Artigas Washington Zoca, vestuario de Ximena Moreno y Matilde Lombardi, coordinación y ambientación de Teresita Minetti, percusión en vivo de Andrés Ademar, dirección general de Raquel Azar. En San Sebastián del Piquete, Buenos Aires 170, tel. 9168467 y 9169751.
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