EXCELENTE CONCIERTO DEL CUARTETO "EARTHWORKS"

Jazz de verdad, sin fusiones ajenas

El público reaccionó con ovaciones, pero quizá hubo quienes se sintieron parcialmente defraudados: 1) porque esperaban un despliegue de solos de batería rayano en la exhibición circense; 2) suponían que el director iba a fusionar su proceder jazzístico con las ondas rockeras que practicó durante su juventud.

Ni lo uno ni lo otro. Lo primero que llamó la atención fue la distribución «aplanada» de tambores y platillos de la batería y la ubicación nada convencional (tom-tom a la izquierda, bombo a la derecha, el hi-hat al medio) de algunos de sus elementos. Bill Bruford pegó fuerte con sus baquetas y marcó un «tempo» impelente a sus dirigidos, generando excitantes polirritmos, pero solamente en un par de ocasiones desarrolló extensos solos. En ningún momento se atribuyó la cualidad de «yo soy el jefe» ni pretendió sobresalir por encima de sus colegas. Su técnica es fenomenal y, al igual que su temprano ídolo, el insigne Max Roach, sabe dosificar las dinámicas, tiene elegancia y variedad en el tratamiento sonoro y está permanentemente alerta al juego de los otros tres.

El funcionamiento colectivo fue uno de los puntos altos de la actuación. Los temas interpretados, de neto cuño post-bop, compuestos por ellos mismos, evitaron toda referencia a las fusiones que ahogan el feeling jazzístico y otorgaron una coherencia de ejecución que habla a las claras de la unidad del grupo. Incluso cuando alguno de los integrantes está destacándose con un solo, el trabajo de apoyo de los restantes se hace sentir con fuerza y siempre está presente.

En ese sentido la tarea del gigantón Mark Hodgson fue magnífica. Parado en el medio del escenario, no sólo marcó cuando correspondía los tiempos del compás, sino que a menudo los subdividía y establecía contracantos al estilo de un Eddie Gómez, punteando sus cuerdas con exuberante autoridad y potencia.

Es fácil pensar qué bien hubiera venido un contrabajo así al guitarrista Philip Catherine, en lugar del bajo eléctrico que escuchamos en el concierto anterior.

De los dos solistas principales, Steve Hamilton exhibió un rítmico touch al estilo McCoy Tyner, matizado con una musicalidad más acentuada. Sus acordes de acompañamiento y sus unísonos con los saxos de Tim Garland fueron impecables, Y Garland resultó ser el centro de atracción de la noche, con su pluralidad de expresiones y su multiinstrumentalismo. El clarinete bajo sirvió para dar ciertos coloridos y nada más (no es fácil acercarse a un Eric Dolphy, por ejemplo), pero con el saxo tenor desplegó un caudal de inventiva y de swing que trajo el recuerdo de Joe Lovano, mientras que su saxo soprano voló con la intensidad y vehemencia del inolvidable John Coltrane.

Los encendidos aplausos que premiaron el trabajo de «Earthworks» supieron agradecer a Bill Bruford su feliz retorno y su permanencia en los cauces del auténtico jazz. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje