Las chicas están muy bien
En efecto, parafraseando el lema roquero, las chicas están muy bien: parrandean y parrandean hasta que una mirada, de pronto, hace cosquillear su vientre y todo se derrumba y se vuelve dubitativo. Esa oscilación de si me voy o me quedo, planto aquí y que ruede la historia más romántica que jamás haya una vivenciado.
Y aunque no lo admitan del todo en sus interioridades y en sus asuntos febriles de alcoba (romances casuales que solamente dejan malas resacas y malhumor), al tal punto que siga el baile y las noches agitadas (y más tarde solitarias), hay la idea de tentar, intentar una estabilidad afectiva, de morada en orden entre tanto vértigo y citas por el de sentirse apetecibles. Y vaya si lo son.
Lo cierto es que La Cosa Más Dulce, de Roger Kumble, tiene elementos reconocibles de la típica comedia auténticamente estadounidense la que, ciertamente, comenzó a dar un giro a mediados de la década del noventa. Posee asimismo una pizca, solamente una pizca de la encumbrada serie televisiva The Sex And The City protagonizada por Sarah Jessica Parker, cuando el trío ingresa en cortas meditaciones de cierto tufillo neoexistencialista que buscan darle mayor consistencia al relato.
Pero esencialmente el filme de Roger Kumble, finalmente en plan de comedia que no transgrede sus resortes de estilo y de exposición y avance de la trama, trabaja su narración con una gama de secuencias que poseen una gestión (y una serie de parlamentos) de parte de los personajes frontalmente bizarros (la secuencia de Selma Blair, por ejemplo, quedándose enganchada a un arito colocado en un pene, lo cual es descacharrante para muchos que puede llegar a herir la sensibilidad del o los espectadores más conservadores (un par de parejas de edad mayor, ante ciertas «obscenidades», se retiraron de sala) y, de algún modo, provocar más de una risa en aquellos que ya decidieron que el curso de la comedia americana va por la senda trazada por un filme como Loco por Mary (con rol protagónico de Cameron Díaz, para variar).
Toda aceleración, debe tener su freno. O no. Uno puede optar por una vida loca, una vida breve, para citar al inolvidable Cazuza. Pero no es este el caso, cuando ingresa el príncipe Thomas Jane (actor en ascenso de popularidad al que se lo ha visto, junto a Morgan Freeman, en Bajo Sospecha, por ejemplo), el mundo del personaje de la Díaz se da vueltas y vueltas. Ese escozor, esa sensación entre placentera y angustiante está modulada en el filme con artesanía y aciertos varios de composición actoral. Y llegará el happy end, desde luego: acaso porque esas mujeres -cansadas de tanta carretera, como dice el personaje de Christina Applegate-, en especial esa rubia debilidad, encontrará finalmente el orden afectivo que pedía a gritos con su postura alocada y dispersa.
Comedia en tono menor, con aciertos varios y osados, puede verse como un buen pasatiempo. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad