Historia del tiempo
Por unas horas, quedaron relegados a un segundo plano los temas que habitualmente monopolizan recurrentemente la agenda noticiosa: las ondas expansivas de la crisis planetaria, la globalización de la pobreza, la desocupación, la disparada del dólar y la escalada inflacionaria.
Quizá en ese momento, este mundo posmoderno de utopías arrasadas por la prepotencia, individualismos exacerbados y pragmatismos viscerales, haya asumido la real pequeñez del ser humano ante la inconmensurable dimensión de la naturaleza.
Si se confirmaran los apocalípticos vaticinios y la terrible colisión deviene en un desastre, la civilización que hoy conocemos retrocedería varios siglos hasta situarse nuevamente en la Edad Media, un tiempo histórico identificado por el oscurantismo, el vaciamiento de ideas y el predominio del fanatismo religioso.
Aunque pueda parecer inverosímil por los revolucionarios adelantos experimentados por la ciencia y la técnicas contemporáneas, hoy, como en el medioevo, existen también señores feudales. Pese a que no habitan fortificados castillos provistos de puentes levadizos ni calzan pesadas armaduras, su ejercicio del poder es tan o más abusivo que en el pasado.
En el siglo XXI, la globalización parece ser una epidemia aún más temible que el sida. Sin embargo, quizás la consecuencia más terrible de esta nueva doctrina de dominación no sea el arrasamiento de identidades y voluntades colectivas, sino la coagulación del ejercicio reflexivo.
La reciente reedición de «Historia del tiempo», la obra de divulgación más lograda del eminente científico Stephen Hawkins, sugiere un profundo ejercicio de meditación en torno a los siempre controvertidos orígenes del universo y su incierto destino final, más allá de la mera voluntad humana.
En este libro capital para la interpretación de la aún desconocida historia del universo, el célebre investigador explora osadamente algunas de nuestras más inquietantes incertidumbres.
El pensador se interna en los territorios más escabrosos del conocimiento, para corroborar que el hombre pese a su proverbial soberbia permanece sumido en la ignorancia.
Con un lenguaje bastante comprensible al lector profano, Hawkins narra el prolongado itinerario de investigación y búsqueda que transcurre entre la presunta explosión inicial hasta los tiempos contemporáneos, en los que se especula sobre cuál será nuestro destino.
El autor, de quien conocimos recientemente la compleja pero fascinante obra «El universo es una cáscara de nuez», inicia sus elucubraciones remontándose a la Grecia del 340 AC, donde Aristóteles ya elaboraba particularmente en base a la observación e intuición las primeras hipótesis acerca de la ubicación y el eventual movimiento de los astros. Por entonces, se consideraba erróneamente que La Tierra era el centro del universo.
El físico ensaya novedosas relecturas en torno a las concepciones de Aristóteles y Ptolomeo, con lo cual va construyendo el cuerpo vertebral de su razonamiento. Respetando el aporte científico de los pensadores de la antigüedad, Hawkins se interna luego en las concepciones modernas de Copérnico, Képler y Newton, cuyos aportes e investigaciones modificaron radicalmente las concepciones que predominaron durante siglos.
En ese contexto, el autor destaca que la denominada ley de gravitación universal marca un crucial punto de inflexión en la ciencia moderna, en la medida que corrobora con singular precisión que no nacimos ni vivimos en un universo estático.
Las nuevas revelaciones emanadas naturalmente de minuciosas investigaciones, permitieron comenzar a reflexionar más allá de los escenarios de lo meramente visible. Hasta el propio filósofo Immanuel Kant en su inmortal obra «La crítica de la razón pura», se aventuró en la exploración de nuevas hipótesis para intentar responder aún en los terrenos meramente teóricos muchos de los interrogantes hasta ese momento sin respuesta.
Afloran, quizás prematuramente, las reflexiones acerca de una eventual gran explosión que habría originado el universo, en lo que supuso una de las primeras confrontaciones entre las corrientes racionalistas y las creacionistas. Renunciando a todo dogmatismo pese a su reconocida sabiduría, Stephen Hawkins sigue viajando por el infinito espacio al reencuentro de las raíces del pensamiento científico.
Se interna, en ese contexto, en los complejos laberintos de las teorías de la relatividad y de la mecánica cuántica, para intentar reduciendo al mínimo las complejidades del lenguaje técnico ir desentrañando algunos de enigmas que han desvelado durante siglos a la humanidad.
El autor ingresa luego osadamente en los territorios de la ecuación tiempo y espacio, asumiendo – en este tramo de su obra – un discurso científico que jamás abandona la impronta humanista.
Hawkins narra como la ley de la relatividad de Albert Einstein demuele contemporáneamente las concepciones más arraigadas acerca del concepto de tiempo, para así iniciar una nueva era del conocimiento. Despojando su exposición de engorrosas ecuaciones matemáticas, el investigador se sitúa en la Vía Láctea y el descubrimiento de las galaxias, cuya existencia en tiempos de la antigüedad era virtualmente desconocida.
Hawkins nos revela que vivimos en un universo en expansión, cuyos límites naturalmente desconocemos. La idea de infinitud aparentemente inverosímil para el conocimiento empírico y la experiencia sensorial convencional sigue siendo un concepto sumamente complejo de asumir.
El célebre físico se pasea raudamente por los tiempos de la investigación, reelaborando permanentemente la teoría de la relatividad y aludiendo a las nuevas herramientas de interpretación aportadas, por ejemplo, por el denominada teorema de la singularidad y el principio de la incertidumbre de Werner Heisenberg.
Construyendo sus lecciones mediante una mixtura entre el razonamiento y la fina interpretación, el docente nos conduce
paso a paso hacia las fronteras mismas de la investigación contemporánea, hasta arribar a la mecánica cuántica, auténtico paradigma de la física del siglo XX.
En el último tramo de este libro sin dudas atrapante, Stephen Hawkins se interna en el mundo del átomo, sus misterios y revelaciones. Sugiriendo que el saber no tiene fronteras cuando se procura responder los interrogantes que han alimentado la curiosidad del ser humano de todos los tiempos, el osado investigador emprende su último viaje teórico rumbo a las estrellas.
En esos inexplorados territorios, descubre a los enigmáticos agujeros negros, confrontándonos al drama astronómico de la tan previsible como inevitable muerte de las estrellas. Sin embargo, nos tranquiliza al revelarnos que al Sol aún le quedan unos 5.000 millones de años de vida.
«Historia del tiempo», que vulgariza el conocimiento científico para tornarlo accesible al lector común, es una obra sin dudas reveladora por su sorprendente capacidad de divulgación masiva. No en vano este libro ha vendido más de diez millones de ejemplares y fue traducido a todas las lenguas cultas.
En este volumen, que no pretende ser una Biblia de catecismo científico, el catedrático de la Universidad de Cambridge se plantea interrogantes tan añosas como el hombre: ¿Hubo un principio en el tiempo? ¿Habrá un final? ¿Es infinito el universo?
A partir de estos interrogantes capitales, el autor reexamina las grandes teorías cosmológicas, desde una antigüedad donde prevalecía la incertidumbre hasta las crecientes certezas contemporáneas.
Este mítico libro ha sido reconocido como un aporte fundam
ental al pensamiento científico y a la cultura universal, en el que Stephen Hawkins explica con lenguaje sencillo y accesible las leyes que construyen la arquitectura cognoscitiva moderna.
En un tiempo histórico de debates congelados por la frivolidad, esta obra, que conserva la misma vigencia de su primera edición en 1988, comporta ciertamente una herramienta fundamental de interpretación de numerosos fenómenos naturales.
Simultáneamente, «Historia del tiempo» dispara la imaginación y la reflexión en torno a una multiplicidad de enigmas que permanecen sin respuesta, intrínsecamente asociados a nuestros orígenes y nuestro destino. *
(Editorial Crítica)
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