Música para "nerds"
Músicos de jazz, gospel y rock han estado encantados por mucho tiempo con el sonido casi único del órgano Hammond B-3, pero se quejaban por tener que cargar con el instrumento de 130 kilos –si es que, para empezar, tenían el dinero suficiente como para comprarlo–. Los avances tecnológicos ahora hacen posible que las computadoras puedan crear los sonidos de instrumentos tradicionales como el B-3 a tan sólo una fracción de su costo original.
La compañía berlinesa Native Instruments es líder en esta revolución musical por medio de programas de computación. «Lo que estamos haciendo ahora sólo empezó a ser posible cuando las computadoras comenzaron a ser lo suficientemente rápidas», dijo Kurz, quien diseñó el programa B4 de la empresa alemana que simula el sonido del B-3. «Recién entre los últimos cinco a siete años esto fue posible para que la música sea procesada en tiempo real», agregó.
Tales avances significan que con una computadora de última generación no existe retraso entre el momento que se presiona la tecla por una nota y en que se escucha el sonido creado por la máquina, que hace cuatro millones de cálculos por segundo en tiempo real del B-3.
Si sus gustos se inclinan más por los sonidos de los teclados de la música tecno o el pop de los años 80, Native Instruments — que dice ser la empresa más grande en el negocio de programas de sintetizadores musicales — también hace programas para simular esos sonidos.
Otro tipo de programa, en lugar de usar la computadora para crear sonidos, ejecuta grabaciones de instrumentos para que, por ejemplo, una computadora inteligente pueda ofrecer una reproducción inédita de un gran piano o de una guitarra acústica.
«Nerds» y entusiastas
Estados Unidos abrió el camino en gran parte de las innovaciones de las computadoras y los programas, pero algunas empresas alemanas han encontrado un nicho en el negocio mundial de los programas musicales computarizados. Entre los 55 empleados de Native Instruments hay un ruso, varios estadounidenses, un holandés y alemanes.
Kurz, quien diseñó el programa B4, que cuenta con varios seguidores en todo el mundo, se nutrió del rocanrol de los años 70. Viste una camisa desteñida y tiene el pelo largo y con rulos, corte por el cual estaría orgulloso el mismísimo Robert Plant, el legendario cantante de Led Zeppelin.
Otros lucen como varios de los jóvenes que asisten cada verano boreal al Desfile del Amor en Berlín, que es como una peregrinación de los amantes de la música tecno. «Quería venir a Alemania porque me gusta la música tecno», dijo Jake Mandell, un estadounidense de 26 años que luce una barba candado.
Algo que extrañamente falta en las oficinas que Native Instrument tiene en un viejo depósito ubicado cerca del lugar donde alguna vez estaba el Muro de Berlín que dividía a la capital germana, es justamente la música. La razón es que los empleados que crean los programas están más ocupados descifrando códigos meticulosamente que tocando los instrumentos.
«Somos una combinación de ‘nerds’ y entusiastas, además de ser gente muy relacionada a este negocio», dijo el presidente de la compañía, Daniel Haver, quien en su corte de cabello luce una cola de caballo. Haver estima que el potencial del mercado mundial de programas musicales por computación es de 1.000 millones de dólares si es que los programas reemplazan a los sintetizadores y a los pies o cajas que producen eco y otros efectos especiales para las guitarras.
El año pasado, la empresa privada Native Instruments tuvo ingresos por varios millones de dólares y fue rentable, explicó Haver.
¿Desaparecerán los sintetizadores?
La clave para el futuro de Native Instruments y otras empresas del ramo radica en que si los programas serán para los órganos y sintetizadores lo que fueron los procesadores de texto para las máquinas de escribir. «En los estudios, en muchos casos ya ha ocurrido», dijo Craig Anderton, músico y autor de muchos libros sobre música electrónica. «Esto es cierto particularmente para instrumentos antiguos que son difíciles de encontrar o de reparar». «Para hacer música en vivo, aquellas unidades seguirán siendo populares por un buen tiempo», agregó.
Una razón que explica el lento avance de los programas para música en vivo es la naturaleza inconstante de las computadoras. Tampoco tienen mucha onda. Los viejos órganos también cuentan con aficionados apasionados, a pesar de que las versiones hechas por los programas suenan casi idénticas.
«Para un músico, el tacto juega un papel muy importante, por eso lo original no puede ser reemplazado», opinó Juergen Wolf, un músico aficionado de B-3 que administra los Archivos Internacionales para un sitio de Internet del órgano de jazz.
«No es en vano que Hammond justo lanzara al mercado una nueva versión del B-3″, explicó. Hammond introdujo su órgano B-3 en 1955, produciendo sus sonidos de una guía con 96 tonos ejecutados con teclado en dos niveles y pedales para los bajos.
Si bien los sintetizadores vivieron su explosión en los años 80 ofreciendo una amplia variedad de sonidos en un solo instrumento, Hammond dejó de producir el B-3 original. Nuevos diseñadores de programas y la empresa sucesora de Hammond están siguiendo los consejos de Laurens Hammond para aprovechar el pasado como fuente de inspiración.
«Algo inteligente que se podría inventar es poder reproducir los viejos trucos que se hacían antes», dijo Hammond una vez. El nuevo B-3, que será reintroducido por la japonesa Hammond Suzuki, costará 23.000 euros (23.170 dólares). El programa B4 que produce sonidos muy similares con la ayuda de una computadora, una tarjeta de sonido y un teclado del estilo de un piano se consigue por 200 dólares. *
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