MALA RACHA

Cuatro historias desesperanzadas

Entre ellos, el Premio Fona 1999, el Fondo Capital 1999, el Premio Félix Oliver y el Premio a Mejor Ficción en el Espacio Uruguay del XIX Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay. Ahora, Mala racha logra una bienvenida distribución comercial.

El hilo conductor tiene que ver con las vueltas del destino y esa suerte imprecisa que puede cambiar la fortuna de los seres que circulan por el mundo. Un azar, en definitiva, que funciona como la inevitable moira de la mitología griega aunque, en este caso, se contextualiza a través de una cotidianidad muy identificable.

Sin dejar de tener en cuenta dicho punto de partida, las cuatro historias guardan en su conjunto sustanciales diferencias. La primera, Ejercicio de paciencia, delata una inconfundible influencia del célebre cuento Rodríguez de Francisco Espínola, lo que atenta contra la eficacia del relato, a pesar de una resolución que apuesta a una inesperada vuelta de tuerca. Podría, tal vez, considerarse la propuesta más floja de un todo que va creciendo (y ganando en calidad) a medida que avanza la proyección.

Más efectiva, por ejemplo, resulta Un fracasado cualquiera, delirante historia sobre perfeccionista suicida que decide morir en forma tan impecable como ascéptica pero no cuenta con esas jugadas del azar que mueven los hilos invisibles de la condición humana. A partir de aquí, probablemente, el espectador pueda empezar a festejar esta agradable sorpresa que ofrece, como verdadera línea temática, una zumbona mirada humorística a las peripecias de los personajes que integran el anecdotario de Mala Racha. Un humor que Speranza maneja con eficacia y soltura, proporcionando una saludable desacralización de los temas trabajados.

Esta ausencia de pretensiones trascendentales juega a favor de la propuesta; la humaniza en su esencia de reconocible uruguayez (dicho esto sin ningún tipo de ironía) y le otorga un rango de credibilidad, a pesar de cierto toques fantásticos, que corre paralelo a la natural interpretación de los actores. (Un detalle no menor, habida cuenta de cierto histrionismo nacional todavía contaminado por la sobreactuación declamada).

Esa mesura, sin embargo, no resulta limitante a la hora de contar una historia con ribetes tragicómicos, como la de Por cuestiones del momento, que a pesar de abordar una historia de la crónica roja, logra pasar rigurosa revista a los infortunios domésticos de una ama de casa en viaje directo a la frustración y el fracaso existencial.

La historia que cierra el ciclo, Breve historia de amor, supone un posible (des)encuentro romántico –en clave agridulce– que continúa (y remata) esa línea temática de destinos cruzados y suerte adversa con sabia humildad.

Hay que agradecerle a Daniela Speranza esa sapiencia y el estricto «perfil bajo» que impone a su producción.

Esta conciencia de los posibles límites y virtudes (un cabal y claro conocimiento del material que maneja, por cierto), hace que la obra se eleve a la estatura de un digno y respetable producto. Mala Racha, de esta manera, pasa a integrar –con honores– la realización audiovisual autóctona. Merece verse. *

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