Entre la militancia y el descontrol
El pelado en cuestión, Gustavo Cordera, un personaje atípico dentro del cambiante ecosistema rockero rioplatense, demuestra en este De la cabeza -reciente disco en vivo de la banda- que pasa por su mejor momento y parece estar dispuesto a demostrarlo, sin apartarse un milímetro del camino trazado en los comienzos.
No deja de ser curioso lo que ha sido de la vida de Gustavo Cordera. Este pelado -de estética linyera, pijama escénico y verbo afilado- supo erigirse, desde lo más profundo del pozo, hay que reconocerlo, en uno de los íconos mas fuertes del actual panorama musical del Río de la Plata (como les gusta decir en la otra orilla), de la mano de una propuesta muy llana, hasta visceral por momentos. Sin mayores prejuicios estéticos, lo que genera un coqueteo impúdico con cuanto género sonoro ande por ahí, desde la cumbia hasta el ska, pasando por el reggae o el rock, se ve ahora en el podio de los grandes, codeándose con otros pilares que hasta hace muy poco tiempo lo miraban con algo de desprecio, o en todo caso, simple curiosidad.
«Nos tildan de ladrones, maricas, faloperos y ellos sumergieron a un país entero, porque así se roba más dinero», canta Cordera, en homenaje a la enorme voz de Cazuza -ese brasilero incendiario y genial- y la multitud lo corea desde la tribuna. Eso es, en esencia, lo que muestra De la cabeza, su último disco con la banda de siempre, La Bersuit Vergarabat. Un compromiso que va más allá de lo estético, que se adentra en terrenos filosóficos y que se adhiere como un chicle al colectivo. Quizá la gente esté cansada de que le roben y el sentir popular se expresa a pura garganta. Sigue la canción: «Estoy sobreviviendo sin un rasguño, por la caridad de quien me detesta, te compraste las acciones de esta farsa y el tiempo no para. Yo veo al futuro repetir el pasado, veo un museo de grandes novedades, matar o morir, así nos hicimos argentinos». El tema se llama El tiempo no para y parece haber nacido como obra maestra inoxidable, reactualizada, como si fuera un cover más, por nuestros propios gobernantes. Ya se sabe, somos diferentes a los argentinos, pero hay veces en que nos parecemos tanto.
En un poco más de quince años, se puede afirmar que la Bersuit ha sido varios grupos y en ocasiones, todos a la vez. Como toda banda under, en los comienzos eran poco menos que antorchas humanas, cañitas voladoras que no parecían tener un destino. Pasaron de okupas a una situación peor y como obra del destino, resucitaron para convertirse en un referente del rock latino -ese rótulo tan absurdo- y ser hoy una banda «profesional».
Y sin duda que este disco en vivo tiene un par de virtudes, la primera de ellas es que sabe combinar acertadamente canciones de diferentes épocas y lo hace con una enorme naturalidad y sorpresivamente, con gran pulso instrumental, inequívoco síntoma de crecimiento. La otra arista virtuosa es que representa perfectamente la esencia del rock: un cantante de poderosa imagen al frente y una banda muy compacta atrás. Una banda que posiblemente esté al borde de sus posibilidades, muy cerca de lo más alto a lo que pueden aspirar, sin muchas muestras de desgaste. Además, una banda no sólo se debe evaluar considerando únicamente su performance en el estudio de grabación, debe superar la tortuosa prueba del público y el grupo «del pelado» tiene desde siempre una relación electrizante con la gente y eso se evidencia en este CD, convirtiéndose en uno de los mejores y más calientes discos en directo del rock argentino de los últimos tiempos, junto al Insoportablemente vivo de La Renga. Es decir, no suena a refritado, no parece ser un disco por cumplir un contrato y nada más. Se trata de un disco testimonial del buen momento entre el artista y su gente. Quizá la producción de Alfredo Toth y fundamentalmente el ex G.I.T Pablo Guyot tengan algo que ver en la sonoridad de este trabajo.
Y si El tiempo no para es el momento más logrado de este compacto, hay que reconocer que otras perlas clásicas como Señor cobranza, no hacen otra cosa que reavivar el fuego de la bronca que existen en amplísimos estratos sociales respecto al poder político y financiero y como si fuera una cita pagana, los presentes se encargan de recitar, de principio a fin. Por ahí andan también las escabrosas versiones de Se viene, preámbulo del estallido social que amenaza incinerar a nuestros vecinos y La bolsa, ese otro clásico que esta por si solo exento de todo comentario. Y como el candombe se pegó en la piel de Cordera -tiene muchos amigotes en Montevideo-, Murguita del sur juega con el repiqueteo y no les sale nada mal, por cierto.
Independientemente de lo que ocurra de ahora en más, la carrera de La Bersuit parece estar ya en una etapa de demostraciones y de afianzamiento. Veremos cómo se paran después de este mojón importante ya que no parece ser una banda que canjee su discurso por algo de éxito. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad