CON GUILLERMO PELLEGRINO, AUTOR DE "LAS CUERDAS VIVAS DE AMERICA"

La memoria como compromiso

La obra, que es un recorrido por parte de la memoria colectiva del continente, será presentado este jueves 25, a las 20 horas, en Megalibros de Montevideo Shopping.

«Las cuerdas vivas de América» es el segundo libro del periodista e investigador Guillermo Pellegrino (Montevideo, 1968), autor de «Cantares del Alma. Biografía de Alfredo Zitarrosa» (Planeta, 1999) con el cual obtuvo el Premio Nacional de Literatura 2000 en la categoría Ensayo del Ministerio de Educación y Cultura. Lo que sigue es parte del diálogo que LA REPUBLICA mantuvo con el autor.

-¿Cuál fue el criterio de selección de los autores?

-Una sumatoria de factores. Además de haber escrito algunos artículos sobre ellos, por lo cual tenía un acopio importante de información y material, el personal interés que tengo por sus obras.

Desde el año 2000, me aboqué de lleno al proyecto y a recabar materiales más puntuales, como testimonios y anécdotas de gente que mantuvo contactos con ellos. Si me preguntás cuál es el llamador, el click, que me lleva a escribir sobre cierto tipo, no lo sé. Sinceramente, no tiene una explicación. Tal vez habría que buscarla por el lado de las canciones y los textos.

Si escuchás a Víctor Jara, te das cuenta que sus textos no son muy elevados pero hay algo, inexplicable, que te conmueve.

Violeta Parra, que a mi juicio es más autora que Jara, tiene una voz gastada, de campesina, pero de una fuerza impresionante.

-De los cincos autores elegidos, sólo Viglietti está vivo. ¿Esto supuso un obstáculo a la hora de escribir sobre los cuatro restantes?

-No, de hecho a Viglietti no lo pude entrevistar. Intenté, por varias vías, contactarme con él, pero fue imposible. Tenía fecha de entrega en la editorial y decidí embarcarme sin su testimonio.

Me llama la atención que un tipo con tanto afán documentalista como él no se involucrara en el proyecto. De alguna manera, como los restantes autores no tenían posibilidad de expresarse, el libro quedó equilibrado en cuanto a eso.

Una vez, Manuel Vázquez Montalbán tuvo problemas para entrevistar a Serrat y terminó escribiendo un artículo donde afirmaba que la mejor entrevista es aquella que no se realiza.

Además de los testimonios recabados, fue fundamental la tarea de investigación y búsqueda de datos a partir de notas periodísticas, libros, letras y grabaciones inéditas que fueron surgiendo durante el proceso del trabajo.

Todo aporta: desde un video donde el tipo habla dos o tres minutos hasta un recital donde, entre canción y canción, el protagonista explica la génesis de las mismas. Obviamente, que también me apoyé en archivos de diarios, bibliotecas, gente que ha guardado material de estos cantautores y en otros colegas.

Compromiso político e identidad latinoamericana

-¿Cómo lográs que la gente comparta contigo el material y que, de alguna manera, se transforme en un colaborador directo del proyecto?

-Juega muchísimo cómo abordás a la fuente. Es fundamental la ética, la honestidad para que el personaje acceda a darte, por ejemplo, una foto que ha guardado durante años. Generalmente, no he tenido problemas, a excepción de Isabel Parra, hija de Violeta, con la cual dialogué telefónicamente desde Montevideo durante más de media hora.

Le informé que venía realizando un trabajo riguroso, profesional y quedamos en que le enviaba algunas preguntas vía e-mail. Lo hice, pero nunca me contestó.

Esa situaciones te bajonean un poco. Tenés que retroceder y buscar la información por otros caminos. De todas formas, lo pude resolver con otros testimonios.

Tuve la suerte de conocer a dos tipos fantásticos como Gilvert Fabre, el gran amor de Violeta y por el cual muchos suponen que ella se suicidó y a Alberto Zapicán, un uruguayo que convivió con ella los dos últimos años de su vida.

-¿Y cómo lo trabajás?

-Se podría definir como un trabajo de zurcidor. Vas armando, poco a poco, pequeñas etapas de sus vidas. Es como ir pegando una a una pequeñas piezas hasta armar ese rompecabezas que significa la vida.

El material lo leo y releo, lo escribo y reformulo continuamente hasta que me convence. Después tomo distancia del texto, digamos que lo dejo reposar y transcurrido un tiempo vuelvo sobre el personaje. Pero no me trazo un esquema general de los autores sobre los que voy a escribir.

Sí tengo en mente lo medular del asunto y los testimonios que creo que van a hacer claves en la historia.

-Los autores abordados tuvieron una intensa militancia política en una época y circunstancias muy especiales para América Latina. ¿Cómo manejaste esta arista?

-Eso es algo que tuve en claro desde el comienzo. Traté de plasmar todo ese compromiso político y, a la vez, no irme de foco y caer en lo panfletario. Eso te lleva a trabajar el material con cierta madurez y equilibrio.

-¿Qué nexo encontrás entre estos cinco cantautores?

-El papel de difusores, a través de sus canciones, de una identidad, una idiosincrasia latinoamericana. Sus canciones han quedado en la memoria popular, trascendiendo las fronteras de sus propios países. Atahualpa Yupanqui, hablando de los campesinos del norte argentino por ejemplo; o el caso de Chabuca cuando en «La flor de la canela» retrata la vida de una negra peruana de clase baja, o Violeta Parra y esa contradicción fantástica que se da en su último disco. Por un lado aparece «Gracias a la vida», donde agradece todo lo que la vida le dio y, cinco canciones después, escribe «Maldigo del alto cielo»… *

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