Es sólo rock and roll
Responsables directos de lo que alguien dio en llamar cultura rock, los Rolling Stone siguen con la vieja costumbre de reafirmar una forma de vida, inventada por ellos mismos. Detrás de la lengua más famosa del mundo –la más indestructible creación de Andy Warhol– hay más que un logo multinacional, está la presencia de un mito que a esta altura, no se puede dudar de su inmortalidad.
Entendámonos, el rock es extranjero desde el comienzo. Nacido en los blues que a su vez venían desde Africa, con su enorme carga de misticismo y religión, se puede asegurar que se apoya en una manifestación casi sicótica: Elvis quería ser negro, aunque su voz ya lo era, los Beatles querían ser Elvis, un tal Robert Allen Zimmerman quería ser Woody Guthrie antes de convertirse en Bob Dylan y hay quienes dicen que los Rolling Stones querían ser los Beatles. Después de un tiempo y cuando las cosas se encauzaron, ocurrió algo por demás extraño e inédito: todos querían ser Beatles, todos querían ser Stones o todos querían ser Dylan. Elvis quedó fuera de competencia porque, de última, era The King.
A todo esto, quienes hoy nos ocupan, Sus Majestades, están cumpliendo 40 años de vida en algo que ellos mismos inventaron, porque, no es que los Rolling Stones sean una banda de rock, ellos son el rock. Como ejemplo universal, estos personajes –que van más allá de la figura iconoclasta, que están por fuera de toda discusión sobre sus cualidades artísticas o sobre lo oportunistas que son al momento de estar en permanente retorno– se dan el gusto de saborear parte de su leyenda y ¡todavía están vivos!
Lo cierto es que ya pasaron 40 años después de que el embrión de lo que serían los RS se subieran al escenario del legendario club Marquee de aquella Londres tan agitada. Era el 12 de julio de 1962.
Allí estaban tres personalidades explosivas, diferentes, únicas, las que funcionaban a la perfección sólo cuando estaban en contacto. La historia demostró que tanto Mick Jagger como Keith Richards eran el uno para el otro. Pero ahí también estaba Brian Jones, el verdadero nervio motor creativo del grupo, el ángel expulsado, que demostró ser de otro planeta, al menos hasta que fue a parar al fondo de su piscina, pero esa es otra historia. El resto del equipo estaba formado por Dick Taylor en el bajo y Mick Avory en los parches. Poco tiempo después llegaría Bill Wyman para suplantar al primero y Charlie Watts –quien parece tener un pacto con el Diablo a los efectos de no envejecer, como un Robert Johnson cualquiera– haría lo mismo con el baterista. El cuadro estaba armado, como en el campito. Sólo faltaba alguien que se encargara de encauzar el asunto y ese alguien resultó ser el promotor Andrew Oldham, quien se dio cuenta de por dónde tendrían que ir, si querían separarse del Huracán Beatle: si los Lennon y McCartney & Cía eran los buenitos, ellos serían los peores del barrio, quienes marcarían la diferencia respecto al fructífero pop que comenzaba a emerger de las islas. Y parece que lo lograron, aunque no nos vamos a detener a discutir los innumerables e incontables excesos que cometieron con sus cuerpos.
Pero, ¿qué eran aquellos RS primigenios? Fundamentalmente se trataba de una rabiosa banda de blues, que copiaba certeramente las enseñanzas de sus maestros del Mississippi, es decir, los Muddy Waters, los John Lee Hooker o los Chuck Berry. Precisamente, de este último fue su primer simple grabado. La canción se llamaba Come On y era un coctel molotov preparado para detonar. Hubo que esperar hasta el año 66 para que la aparición de Aftermath fuera el primer disco hecho totalmente con canciones de los Stones. (I Can Get No) Satisfaction ya se había convertido en el riff más emblemático de la historia, pero marcharían por más. De ahí en adelante, todo sería de un vértigo insostenible, con declaraciones de todo tipo, y las tapas de los diarios que se ocupaban de ellos todo el tiempo, al menos cada vez que cometían algún exceso, que era cosa de todos los días. Todo se fue dando de forma meteórica hasta que llega 1969, un año visagra y no sólo para ellos, ya que una nueva sociedad estaba haciendo el intento de asomar la nariz. En junio de ese año muere Brian Jones y lo homenajean en Hide Park, donde presentan a Mick Taylor como guitarrista, el mismo que tocara en el Estadio Centenario previo a la primera presentación de Eric «God» Clapton en nuestra ciudad. Dicho sea de paso, Clapton se dedicó a ignorarlo toda la noche, dicen.
Después vendría el concierto en Altamont, donde medio millón de personas se juntaron para la celebración del culto Stone y todo quedó enmarcado en la tragedia cuando los cadáveres dejados por los Hell´s Angels se hicieron públicos. Los setenta agarraron a los Rolling durmiendo la siesta. Después de la aparición de Sympathy for the Devil y su retirada del sello Decca, Sticky Fingers y Exile on Main Street les salvaron la plata, pero después de eso, no pasó demasiado. Los agarró la tormenta disco e hicieron algunas cosas bochornosas hasta que en el 80 reaparecieron con Emotional Rescue y un año después dieron a luz Tatoo You, que si bien no era el gran disco, sirvió para recuperar algo de la magia perdida. De ahí en más, la historia de los RS entraría en un nuevo túnel del tiempo que se caracterizó por las idas y vueltas, separaciones, entredichos y las carreras solistas de Jagger y Richards absolutamente desparejas, salvándose quizá Talking is Cheap del maestro Richards, un verdadero maestro de ceremonias en el infierno. Todo fue mas o menos amorfo hasta 1994, año en el que apareció Voodoo Lounge y ahí se acordaron de la vieja receta y comenzaron a levantar la proa hacia un nuevo concepto: el rock de estadios, para luego desembocar en ese gran disco que es Bridges to Babylon y ya está, la leyenda de la inmortalidad estaba sellada.
Más allá del bien y del mal
Se ha discutido mucho respecto a por qué siguen adelante con la pesada locomotora RS, más después de tanto tiempo y a una edad en la que por estas pampas se suele sólo cuidar nietos y jugar al truco. Habría que preguntarse qué otra cosa podría hacer Richards, ese magnífico guitarrista, inventor de algunos de los acordes más emblemáticos de todos los tiempos, si no es, justamente, insistir en la búsqueda de otros. Por su lado, Jagger, el eterno bocón, el hoy transformado en Sir por la Reina, sigue siendo un cantante fuera de lo común. Su último disco solista es una demostración muy notoria de que su garganta continúa siendo al menos prodigiosa. ¿Qué se puede decir de los otros Stones? Eternos condenados al segundo plano, debemos reconocer que tanto Ron Wood como Charlie Watts tienen sus propios clubes de fans y muy merecidos, por cierto. Ronnie se la trabaja de pintor y recorre el mundo mostrando sus creaciones algo incomprensibles, al tiempo que Watts toca jazz con una banda casi desconocida, mientras cría caballos de carrera, como los mejores señores de la campiña inglesa. Después de darle salida al bajista Bill Wyman, trajeron al moreno Darryl Jones, como para recordar los orígenes.
Y lo que se viene es por demás previsible: gira mundial de características monstruosas, que por el momento no los traerá por Latinoamérica, dada la emblemática miseria que estamos viviendo por acá y seguirán haciendo lo que mejor les sale, o sea, pervertir nuevas generaciones, ya que ese parece ser el secreto de su eterna juventud: la búsqueda incesante de nuevos seguidores.
Ahora anuncian que de nuevo estarán de gira, siendo Boston la primera fecha, el 7 de setiembre. Eso no hace o
tra cosa que darles la razón a aquellos que mirábamos con desconfianza aquello de «no tocamos más en vivo» y esbozan una sonrisa bien ganada ya que seguirán haciendo lo que mejor les sale, mostrar lo que saben hacer sobre un escenario, a cambio de mucho dinero, claro está. Las primeras filas valen, por lo menos en Estados Unidos, 350 dólares y prometen ir a China, ya que las tierras de Mao se les había negado hasta ahora. Ellos harán su juego, mientras Bono se reúne en Africa con el secretario del Tesoro norteamericano para tratar de quitar el lazo de la deuda del cuello de los países más pobres. Los tiempos están cambiando, cantaba el maestro Bob. Es sólo rock and roll, pero nos gusta. *
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