Matrimonio a la antigua
Luego de los aplausos, Mercedes Carreras recordó su primera actuación en el mismo teatro del Círculo, junto a Luis Sandrini. Muy justamente, el recuerdo sitúa a esta obra de hoy en una considerable pero no venerable antigüedad.
El diálogo sugiere que la acción sucede, a lo más, luego de mediados del pasado siglo; se han mechado alusiones al «corralito» y a Domingo Cavallo, mala costumbre que quiere vestirse de actualización, pero nada es capaz de disimular lo vetusto de una pieza que refleja una época donde parecería que los matrimonios perduraban como por inercia, por encima de infidelidades, agravios y disfunciones varias: en homenaje, casi diríamos como holocausto o sacrificio ritual, a la familia tradicional, que casi no existe ya; curiosamente, la apología final de la familia, que se emplea como una argamasa con que remendar un matrimonio gravemente herido, aparece exactamente cuando la familia se ha desintegrado
Un matrimonio regresa del casamiento de su hijo y rememora el pasado. Todo el diálogo es simplón y contundente: él (Raúl Lavié), un carpintero mal educado, es rutinariamente infiel y ella (Mercedes Carreras) lo ha soportado; ella lo juzga un grasún, un ordinario sin remedio, un Rolando Rivas de la madera en vez del taxi; ella recuerda sin parar un novio distinguido que supo tener en su juventud y él ha soportado todos los menosprecios. El hijo, Oscarcito, se va y los padres se quedan solos. Eso es todo: el dialogado va y viene sobre los mismos temas, pasa de las aventuras eróticas del hombre a las ilusiones de la mujer, para volver al mujeriego, en un insoportable círculo. No hay acción, sino palabras y palabras; no hay situaciones, sino groserías y recriminaciones, no hay caracteres sino esquemas.
Leemos que a Lavié se le otorgó el premio «Estrella de mar» en Mar del Plata por su actuación en esta pieza. Con todo respeto por el actor, que pone energía y hace lo mejor que puede, creemos que aquello sólo puede explicarse porque la cartelera del balneario sólo tolera espectáculos de humor y porque la insistencia en expresiones brutales, dichas de modo rotundo, se consideran, allende el Plata, particularmente valiosas y propias de los buenos actores. *
LA NOCHE DE LA BASURA, de Beto Gianola, con Raúl Lavié y Mercedes Carreras. Escenografía de Mario Figliozzi, vestuario de Mini Zuccheri, dirección de Carlos Evaristo. En Teatro del Círculo.
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