El dueño del swing
El espectáculo se iniciará con un recital previo del guitarrista uruguayo Rodrigo Vicente y las entradas, al precio de $ 490, podrán adquirirse en el 2º piso del mencionado hotel.
Berimbau, bongós, cuicas, gong, platillos, maracas, pandereta, campanillas, cencerros, cascabeles, woodblocks, castañuelas y cuanto material imaginable pueda agregarse, sirve para conformar el equipo de artefactos sonoros que el percusionista utilizará con sus manos, baquetas, mazas o escobillas. A ello podrá añadir sus pies, el tamborileo de los dedos sobre su cuerpo y también la voz.
La personalidad de Nana Vasconcelos refulge con la intensidad de quien ha sabido incorporar a su léxico instrumental toda una gama de sonoridades aprendidas durante cuatro décadas, gracias a una brillante carrera con mente y oídos bien abiertos y receptivos.
«El secreto del swing es la simplicidad», ha declarado en cierta ocasión. «Hay que evitar la cacofonía en la percusión, cada elemento debe usarse exclusivamente para estimular el ritmo. Uno tiene que estar organizado, conocer y dominar la técnica y el sonido de cada uno de sus instrumentos. Lo más difícil es tocar en forma simple, porque con todo ese despliegue de cacharros alrededor, la tentación de tocarlos todos es muy fuerte».
«Yo no toco si no es necesario. Hay una cosa que debe entenderse de una buena vez y es el conocer realmente la importancia del silencio. A veces pienso que la mejor parte de mi actuación es cuando no estoy tocando. Y no estoy diciendo intelectualismos pretenciosos. Simplemente escucho a mis compañeros y en un momento dado golpeo una campana. Y no necesito más».
Esa es una de las razones que explican porqué la discografía de Nana no es muy abultada. «Varias veces me llaman a participar en una grabación. Voy al ensayo, escucho lo que tocan y termino diciéndoles: ¿Para qué necesitan que yo toque cuica o el berimbau si eso no pega con vuestra música?»
«Cuando empecé a los doce años lo hice con bongós y maracas. Necesité una autorización especial de la policía para trabajar en locales nocturnos. Después hice bossa nova en clubes, salones de baile, teatros y bandas callejeras. También toqué batería cuando quedé fascinado con el jazz. Recuerdo el impacto que me produjeron los discos de Dave Brubeck con sus ritmos asimétricos en 7 por 4 y 5 por 4″.
«Cuando Gato Barbieri me llevó a EEUU y Europa, me asusté un poco. Yo tenía 26 años, solo hablaba portugués, no entendía otro idioma. Pero me pude adaptar rápidamente, porque el lenguaje de la percusión es universal».
Esa adaptación, unida a su fenomenal sentido rítmico, hizo que Nana fuera durante muchos años el percusionista preferido a nivel internacional y tuviera sobresalientes trabajos junto a las más grandes personalidades de la música.
Nana
Nana Vasconcelos es uno de los interminables y creativos percusionistas que han cambiado la dirección y sonidos del jazz brasileño en la etapa pos-bossa nova de los años 70. Vasconcelos es un virtuoso del berimbau instrumento tradicional de una cuerda con forma de arco, usado por años en el norte del Brasil.
Como hijo de un guitarrista, Vasconcelos comenzó a tocar en la banda de su padre a los 12 años, tocando bongós y maracas. Con un kit de batería como parte de su arsenal, Vasconcelos viaja a Rio de Janeiro a mediados de los 60 y conoce al joven Milton Nascimento, con el que experimenta otros instrumentos de percusión. En el ínterin, el músico Gato Barbieri lo escucha tocar y lo invita a acompañarlo en sus giras por Argentina, Europa y los Estados Unidos.
En 1971 se muda a París por dos años y hace giras por Suecia junto a Don Cherry. En 1976 Vasconcelos graba un importante disco junto a Egberto Gismonti titulado «Danca Das Cabecas», y desde allí varias grabaciones como músico invitado o solista en el emblemático sello alemán ECM.
En 1978 forma un trío llamado Codona tocando música de fusión de los cuatro continentes. Desde 1980 a 1983 toca con la banda de Pat Metheny Group como músico invitado, logrando que la banda tomara arreglos basados en la música brasileña. *
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