Los paisajes del sonido
Le conocí a través del rock y del blues. Ahora retomas caminos que muchos años atrás habían comenzado a experimentar Robert Fripp, Brian Eno, Andy Summer , o Steve Reich y Terry Reiley si nos vamos aun más atrás…. ¿Cómo llegaste a tu actual proyecto Mantras?
–Algo de eso hubo antes en los años 80. Yo ya sabía de la existencia de estas músicas, de estas experimentaciones. En aquellas épocas ya estaban Brian Eno y Robert Fripp experimentando estos lenguajes, ya estaba el minimalismo y las vanguardias instauradas desde Satie hasta acá. Pero por supuesto que no tenía una conexión directa y también es cierto que la tecnología que se manejaba en esa época era realmente muy limitada para poder trabajar una música de estas naturalezas. Por eso quizás no lo desarrollé entonces. Pero también tiene que ver, en que hoy por hoy me parece que hay una búsqueda específica, de una forma de expresión con la cual me sintiera cómodo. A veces me pregunto si tiene que ver con el poco talento que tengo para la música o con una búsqueda que va más allá de la música misma.
De hecho yo no estoy inventando nada, estoy utilizando un sistema, una forma de hacer música de los cuales Eno, Fripp David Thorn son los precursores. Hay toda una comunidad mundial que utiliza este sistema de «loops», estos ciclos de sonidos para hacer música y hay toda una filosofía también relacionada con todo eso, que tiene que ver con esos músicos modernos que comenzaron a hacer música cíclica, a ver el valor que tenía la música existiendo en un mundo paralelo digamos al «mundo real», entre comillas. Y de esa manera podemos percibir que se están abriendo otras puertas y que la música está ahí, existiendo independientemente.
–¿Sentís que ahora fuera de Níquel hay una faceta creativa, una identidad que está aflorando en ti, de una manera más libre, más independiente?
–Este proyecto lo que tiene de particular es que es muy adecuado a lo que yo quiero hacer. Ahora, de ahí a decir que es una creación mía, como hablábamos antes, yo no lo puedo abrazar como algo propio. Sí viene siendo como un reflejo de mis estados de ánimo, como una pintura sonora, como poner un lienzo y comenzar a tirar pinceladas y lo que queda queda, de alguna manera es como un fluir. Es distinto a todo lo que hacía anteriormente. Pero es tan radicalmente distinto que no te podría decir si esto es más «yo», que lo que hacía antes. Son dos técnicas, dos conceptos completamente diferentes. Haciendo esto me siento cómodo, me siento bien con lo que sucede, más allá de la música en sí, de lo que suena. Me gusta lo que ocurre con la gente, con todo el entorno que se genera cuando de alguna manera abro una puerta y esta música entra. Se perciben sensaciones nuevas.
Es distinto a cuando la música o el show de un grupo ya está como establecido, con el público expectante a que toques tal o cual canción. Esa relación unidireccional: músico audiencia esperando un repertorio.
Mi forma actual de hacer música hace que esta sea la base donde se produce una serie de hechos, que comienza cuando yo conozco a una persona que le interesa que yo vaya a tocar a determinado lugar. Allí ya se está realizando para mí una experiencia distinta, que cuando lo hacíamos con la banda, donde ya había un formato estructurado. Donde existen determinados roles de mercado por ejemplo.
En estos momentos, las actividades de Níquel están en stand by en términos de actividades en vivo. Hay una actividad virtual que continúa, edición de discos, también de videos, mantenimiento del sitio web, una cantidad de cosas. Afortunadamente tenemos una relación especial con Jorge, pero también con los otros integrantes, ya es muy dura la vida del músico profesional como para encima llevarla con malentendidos. Estamos tranquilos, Paralelamente comenzaron a surgir ideas independientes al grupo. El proyecto solista de Jorge es muy bueno. Por supuesto tiene un perfil más alto que el que hago yo, que carece de planteo comercial, pero que me permite ir hacia otros horizontes.
Eso es muy bueno porque además no le recarga a los mismos rieles más peso, sino que abre otros caminos. Comencé a principios del año pasado con esta experiencia, aparecieron algunos aparatos, empecé a probar, a construir un lenguaje con estas pinturas sonoras y di rienda suelta a la imaginación. Lo que toco al ser improvisado, no llevo nada grabado, no hay secuencias ni nada por el estilo, siempre es improvisación. Por lo tanto yo no gobierno directamente lo que toco, es parte inconsciente y parte consciente y en donde tiene que ver el ambiente donde se toca, la gente que participa, la característica humana, porque la música termina sonando con esos reflejos.
–A pesar de que Uruguay es una tierra de tambores, siempre existió en nuestro país una fuerte escuela guitarrística, sobre todo en el área culta y en la folclórica. Con la estampida de los rockeros de los 70 el blues desapareció. La generación de guitarristas de los 80 carece hasta hoy día de esa impronta. Sin embargo tu guitarra, sí traía ese elemento racial. Esa negritud incorporada a las cuerdas y ese acierto, años más tarde de emparentar ese sonido con el sesgo de las milongas. Esa fue una peculiaridad de Níquel, el sonido de las guitarras.
–Digamos que me fui acercando a hacer eso, lo fui aprendiendo. Tampoco nací tocando blues o rock & roll en especial, me fui acercando a esas músicas tratando de aprenderlas, de escucharlas y comenzar a tocarlas y fusionarlas en la medida de lo posible y a mi manera. Pero son idiomas. Son distintos idiomas que sirven para comprender la totalidad, que es la totalidad de la música. El blues es un idioma, el jazz es un idioma, el folclore, la música hispana, son todos idiomas para conectarte con la música, para de alguna manera ser un instrumento para ser tocado por la música.
–Pero cuando llegaste a Montevideo ¿percibiste que esta era una ciudad de guitarras?
–Cuando llegué a Montevideo, la fascinación que yo sentía era por la parte rítmica. La parte de los tambores, los sonidos de las murgas, luego fui descubriendo la alcurnia guitarrística que había en esta ciudad y en el Uruguay en general. Por nombrarte a Viglietti o a los guitarristas de Zitarrosa, por ponerte un ejemplo. De hecho yo ya los conocía, era admirador de Zitarrosa y conocía también algunos trabajos de Jaime Roos donde la guitarra adquiría gran notoriedad. También Roberto Darwin, te podría dar muchos nombres. De todas maneras lo que más me impactó fue el elemento rítmico, que por entonces no era tan notorio como ahora. Sí es cierto que Níquel fue un grupo de guitarras orientado hacia el rock & roll y el blues, pero que también ha sabido comunicarse con las raíces de la misma manera que lo hacíamos con el blues, rendir homenaje a las raíces de Uruguay y Argentina, a las milongas y otros ritmos del folclore.
–Volviendo a Mantras, obviamente no estamos descubriendo nada nuevo, pero estás reactualizando un trabajo que siempre estuvo, en la medida en que tiene que ver también con la espiritualidad, con cambios en los procesos interiores, con los efectos tantricos de los cantos tibetanos.
–De todas maneras mi intención no es directamente rodear esto de un ambiente o de un significado esotérico. El nombre que elegí para el proyecto tiene que ver más con una alegoría, que con una cosa simbólica cargada de significados. La alegoría en la forma en la que yo produzco esta música es similar a como se realizan los «mantras religiosos» , pero no tienen directamente una connotación religiosa, no la tiene. De hecho sí tiene una connotación e
stética y la música si se quiere tiene una connotación esotérica y metafísica.
–De todas maneras no deja de sorprender esta nueva aventura. Yo hubiese esperado una banda de guitarras. Tú arriesgas volver por caminos que otros habían abandonado y en un momento en el que estamos eclipsados por la jungla villera y el mix electrónico. Hay en el proyecto una búsqueda de las confluencia sonora con las imágenes, una interacción con la plástica, por decirlo de algún modo.
–Lo que ocurre con esta música que se genera espontáneamente es que produce también una reacción específica, individual, a cada uno le suena y le resuena a su manera. Más allá de que a ti por conocer mi historia personal, creo que lo más interesante es lo que sucede cuando uno escucha, lo que sucede cuando se toca en vivo esta música, cuando se combina con otras actividades, como sucedió cuando se inauguró la exposición de fotografías del Foto Club del Uruguay, o en Porto Alegre en los Congresos de Software Libre, o cuando toqué en la Fundación Braile para no videntes. Es interesante lo que ocurre en esos eventos con cada una de las personas que concurren a ellos. Cada uno vive a su manera una experiencia interna distinta, libre, digamos sin ningún direccionamiento especial.
–¿Estás tratando de generar un vínculo hacia el pensamiento?
–Sería un poco ambicioso de mi parte decir eso, pienso que la música te puede transportar hacia un estado mental positivo, introspectivo, del cual se pueden sacar muchas cosas positivas para cada uno. Y en este caso se da por el tipo de música se pueden generar estados de ánimos apropiados para que eso ocurra. Esas cosas se generar. Yo lo vivo en mí esto y cada una de las personas que lo escuchan lo viven a su manera y eso es muy interesante de ver.
–Después del gran auge de Níquel, te ha tocado llegar a un momento de introspección y reflexión.
–Esta música no es para llevar a un «pub» y tocarla a altas horas de la noche. Tampoco lo es para grandes auditorios donde la gente vaya con expectativas de diversión o bailar. No porque esta música no se pueda bailar, incluso yo en algunas de las presentaciones que he hecho he visto gente bailando. Pero digamos que la idea es llevar esta música. O esta conexión con la música, a lugares donde generalmente no hay música. Ese es otro factor importante del proyecto, llevarla hacia auditorios no convencionales. Lugares en donde no hay música. Es un proyecto que no tiene ningún fin comercial, por lo menos a priori, y que está más bien en el área de la investigación si se quiere. Aquí en el Uruguay ya sabes que está todo un poco junto, lo profesional con lo no profesional, para no hablar de la investigación que casi no existe. Aunque hay otros proyectos por ahí que también los podríamos incluir o encasillar dentro de esta.
La última vez que toqué fue en Porto Alegre en un Congreso de Software y fue muy interesante porque no había música. El público caminaba entre los stands y entre computadoras magníficas e información, pero faltaba la música. El día que actué se produjo una especie de reacción de la gente que estaba ahí, que yo creo que pintó al evento de otro color.
–Pintás, ¿tenés alguna inclinación hacia los lápices o los pinceles?
–No, pero pienso que para mí esta es una forma de pintar y que tiene para mí mucha relación con la pintura. Creo que si bien es musical, tiene mucho más que ver con el sentido de la plástica. Con el expresionismo… es una técnica muy diferente a la que se usa para crear música en general. Es una técnica mucho más estructurada.
Me gusta lo que sucede con Mantras porque la experiencia no está directamente transferida, sino que cada una de las personas que vienen a escuchar forman parte de la experiencia. Ellos mismos son parte de la música que se crea en esos momentos y cada una de esas personas, con su actitud, quedándose a escuchar, hace posible que eso suceda y no deja de ser un hecho cultural interesante. No puedo opinar en general sobre la situación de la cultura en nuestro país porque es un tema tan amplio, tan diverso. Hay tantas cosas positivas y negativas que sería muy difícil opinar en general. Y quizás sea hasta irrelevante que yo hable sobre eso, me importa mucho más, en la medida en la que yo pueda colaborar a través de mi música, de mi actividad creadora.
En la actualidad estoy trabajando en conjunto con Jorge, colaborando en su proyecto solista, siempre hay cosas que aportar. Lo que sucede con Mantras es que no tiene una evolución similar a la que puede tener un grupo de rock o un solista, sino que es un concepto que de alguna manera, ya está donde tuvo que llegar. No sé si llegará más allá, ya llegó al estado de las cosas en donde debería llegar. Por supuesto que continúa y no hay límites aunque esta sea una propuesta de perfil más bien bajo. Sí tengo claro que lo bueno y lo malo tiene que ver, si lo es para uno mismo. Y este proyecto es muy bueno para mí. Lo llevé a sitios que yo considero apropiados, con gente que fue muy positiva, y donde en los eventos Mantras tuvieron una connotación humana muy especial. *
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