El viñedo

Cine nacional: una utopía posible

Es una realización que nuclea esfuerzos varios. Por un lado aparece Aura Internacional Productions que, junto a Nueva Imagen Producciones Audiovisuales, el propio Esteban Schroeder y la distribución de Buena Vista International han logrado un hecho que tiempo atrás suponía una utopía a pesar de otros trabajos aislados como El chevrolé o El dirigible: la producción, rodaje y posterior circulación de varias copias en los circuitos comerciales de una película uruguaya. El director es consciente de la importante del hecho al decir: «En lo personal, a partir de ahora se cierra una etapa muy importante y espero estar abriendo otra a nivel de la producción audiovisual nacional».

–¿Podrías hacer un balance de tu trayectoria?

–Bueno, en 1981 fundé una productora llamada CEMA (Centro de Medios Audiovisuales) que se comprometió enfáticamente con lo que en aquel momento era una absoluta utopía; el desarrollo de un cine nacional. En ese tiempo hicimos un montón de cosas como Sala de espera o El cordón de la vereda que, en el año 86, supo convocar mucha gente y compartir un diálogo sobre el tema de los derechos humanos. También tuvimos que ver con Pepita la pistolera, de Beatriz Flores Silva y Patrón, una coproducción con Argentina. Y luego este proyecto que, desde su inicio, pretendía convocar a más personas por estar convencidos de que el cine uruguayo tiene que hacerse un lugar dentro y fuera de fronteras, tanto a nivel regional como internacional. Yo creo que podemos desarrollar un cine uruguayo que sea motivo de felicidad para todos nosotros.

–¿Cómo fueron los comienzos de esta experiencia en lo que refiere al rodaje?

–Cuando emprendimos el proyecto yo tiré una consigna a toda la gente que se iba plegando a la producción: «Ttratemos de hacer una película repetible». Y sinceramente creo haber finalizado esta película con la sensación de que puedo repetir la experiencia. Podríamos desarrollar un proceso de similares características y de esto se trata la segunda etapa que quiero abrir: la búsqueda de la continuidad. Yo creo que merecemos atravesar esta etapa; hemos llegado a un momento en que podemos hacer cosas de calidad y ya hay muchas ideas y nuevos proyectos que esperamos concretar en un futuro cercano.

–También comienza una etapa de distribución y exhibición en festivales.

–Por supuesto. Vamos a tratar de presentarla en muchos festivales. Sobre todo estar atentos a aquellos ámbitos que puedan estar atentos a una expresión de reconocimiento en cuanto a lo que significa una producción audiovisual uruguaya en proceso de crecimiento y abriendo caminos. Esto nos parece muy importante como estrategia de difusión y comunicación.

–¿Cuáles fueron las mayores dificultades que debiste sortear en este proceso?

–Las dificultades han sido muchísimas pero, por suerte, pudimos sortear todos los obstáculos que se nos presentaron. Con el equipo técnico, por ejemplo, se dio un pleno endentimiento y gran clima de cordialidad; todo era sumar mayor grado de compromiso en torno a la propuesta. Desde luego que la dificultad más evidente siempre tiene que ver con el aspecto económico. En un principio tuvimos muchas expectativas que hubiesen permitido una producción más temprana pero que no llegaron a concretarse. Esto hizo que, muchas veces, viviéramos en medio de una zozobra muy intensa pero todo se fue superando de a poco. Cabe recordar que el proyecto original suponía una serie de televisión y el guión había sido escrito con ese criterio pero cuando logramos la posibilidad del pase a 35 mm las cosas debieron cambiar en varios aspectos. A escala tecnológico, por ejemplo, dicho pasaje se hizo en Argentina con la empresa Metrovisión que se comprometió a lograr un nivel estándar idéntico a la calidad que se logra en Europa y Estados Unidos.

Acompañar todo este proceso, por cierto, resultó muy complejo y durante dos años, prácticamente, fue lo único para mí y creo que también para toda la gente que me acompañó. De todos modos, me parece más positivo poner el énfasis en los resultados.

–Tu labor audiovisual, hasta el momento, se había dado fundamentalmente en el plano documental. ¿Cómo resultó tu experiencia como director de actores en una ficción?

–Para responder esa pregunta yo me remitiría a una anécdota: cuando finalizó el rodaje hicimos una fiesta y me regalaron la estatuita de un cocinero porque el equipo técnico y el elenco decían que «como director era un muy buen cocinero». Por supuesto que tomé las precauciones del caso y, antes de hacer un abordaje a nivel de actores, me asesoré con Walter Reyno en un plano teórico.

–El rodaje de un filme supone un trabajo colectivo muy importante. ¿Cómo has vivido esa experiencia?

–Sin lugar a dudas es una labor global y me sentí muy a gusto aceptando este desafío. Quizás desde el punto de vista institucional lo más importante sea destacar al FONA, que ha permitido generar un nuevo panorama para la producción del audiovisual uruguayo. Pero resulta necesario resaltar que, de ninguna manera soy yo el único protagonista de este proceso. Hemos sido muchos los que trabajamos en este sueño y cada uno tienen algo que decir ya que ha sido un aporte grupal. Con Pablo Vierci, por ejemplo trabajamos en el guión durante mucho tiempo porque el tema nos había interesado desde un primer momento y, a partir de un hecho real de la crónica policial, logramos profundizar en la vida de otros personajes que hacen a la historia, como es el caso de Joaquín (Danilo Rodríguez), transformando el hecho policial en una suerte de comedia dramática que apuesta a la esperanza. Por lo menos yo lo siento de esa manera a pesar de que, en primera instancia, la película maneje claves del género policial. Por supuesto que el guión original sufrió algunos cambios a lo largo de la filmación; a los actores –por ejemplo–, yo les propuse un tiempo de discusión y un tiempo de acuerdo porque en el momento del rodaje hay que llegar con un acuerdo ya que en esa instancia no hay espacios para el debate sino para la ejecución.

–Por último cabría preguntar sobre costos, duración de la película y tiempo que insumió realizarla.

–La película tiene una duración de 88 minutos y tuvo un costo total de U$S 180.000 dólares de los cuales hay U$ 30.000 que suponen mi propia apuesta personal. Con respecto a los orígenes puedo decirte que comenzamos a trabajar con Pablo desde fines del 97 y luego de presentarnos al FONA, ganar el premio y conseguir el dinero restante, tuvimos un tiempo de rodaje que nos llevó, aproximadamente unos quince días y el posterior montaje lo finalizamos en noviembre del 99. Ahora cabe esperar a la exhibición que es, en definitiva, la prueba de fuego.

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