El mejor teatro de Buenos Aires
Oleanna, ya conocida de nuestro público en la puesta en escena de Bernardo Galli, con Jorge Bolani y Gabriela Iribarren, trata el gran tema, casi la obsesión, de Mamet: el poder, destructor o invasor siempre, de la palabra humana.
El lenguaje, según las ideas de los estructuralistas franceses, es un instrumento de dominación y hasta de opresión. Así el portero del cielo en el primer episodio de Humores que matan, en su versión argentina, que percute sin piedad en el protagonista con una pregunta tan absurda como por qué enterró la cortadora de césped; así el protagonista de Perversión sexual en Chicago (obra cuya adaptación local se llamó «Un día perfecto») que logra obsesionar a su amigo con el relato de una conquista amorosa, real o imaginaria; así el patético diálogo de los dos únicos agonistas de Variaciones sobre el pato, obra que conocimos en nuestro medio (dirección de Alvaro G. Loureiro) inexplicablemente orquestada para varios actores.
Si bien la traducción de ambas versiones, la argentina y la uruguaya, es la misma (Masllorens y González del Pino) el producto no es el mismo. En la versión local se abrevió más el texto original, con el resultado de que las peroratas del profesor no resultan tan avasallantes y, por eso mismo, no explican bien las acciones de la alumna.
El aspecto filosófico de la obra, la relación dialéctica maestro-discípulo que está en el origen de la filosofía occidental y la interacción que supone, aparecen así más nítidos: el profesor cuestiona la educación, pero tiene mucha más razón de la que imagina. El realce de las ideas de mayor eficacia y un radio de acción mayor a la versión argentina.
Gerardo Romano como intérprete está muy cerca de la perfección. Es tan sobrio que quien lo viere por primera vez en Oleanna, sin conocer su carrera de actor, no podrá imaginar siquiera que el actor ha seducido multitudes con unipersonales tan resonantes como Sexo, droga y rock’n roll o A corazón abierto. No hay ni un solo instante en que Romano no esté en el personaje, ni un detalle que sugiera composición; en los momentos en que susurra su palabra llega al espectador diáfana y expresiva. En el papel de la alumna, Carolina Fal no desentona al lado de tan excepcional actor.
Oleanna, de David Mamet, en versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino, con Gerardo Romano y Carolina Fal. Escenografía y vestuario de Marta Albertinazzi, iluminación de Hugo Urquijo y Lito Pastrán, dirección de Hugo Urquijo. En Teatro San Martín, sala Cunill Cabanellas, Buenos Aires.
Compartí tu opinión con toda la comunidad