CON LOS PARRALEÑOS

Sushi argentino

Estos son los Parraleños, nikei argentinos de segunda generación. Más allá del oportunismo que refiere lo japonés, ya sea por el mundial o por el insólito éxito de Alfredo Casero con su Shimautá, este nuevo fenómeno mediático resulta por lo menos llamativo.

Sabrá tu novio que escuchamos Megadeth, dicen los Parraleños parodiando a Morrisey, la canción del inmaculado Leo García, pero en clave cumbiera. Esta nueva reinvención industrial hace que por lo menos sean simpáticos. Mariano «Akira» Takara es la voz de esta banda de diez años de carrera –conformada por ocho japoneses argentinos en segunda generación– y también es el de humor más afilado: «Lo bueno de ser japoneses es que como somos todos medio parecidos y si echamos a alguien del grupo, nadie se da cuenta. Por otro lado siempre tuvimos historia con eso de ser músicos. Los padres japoneses siempre quieren que sus hijos sean doctores o algo así. En nuestro caso, que somos tres hermanos, jamás tuvimos problemas con la familia», dice. Un detalle extraño es que el único integrante no nipón es el baterista. «Pasa que es muy difícil conseguir bateristas dentro de la colectividad y menos que escuchen cumbia y metal a la vez», afirma Santiago «Sly» Yonamine, el voluminoso tecladista que además, reconoce: «Cuando fuimos a tocar al Roxie, un recinto auténticamente rockero, había gente que nos miraba como para matarnos. Cuando subimos al escenario y empezamos con nuestro chiquipún-chiquipún, no lo podían creer. Venía gente con remeras de Almafuerte y nos decían ‘odio la cumbia, pero con ustedes está todo bien’. Después nos fuimos con ellos a tomar algunas por ahí».

Esta claro que la música sirve de escape a la presión diaria de no tener trabajo, o tenerlo en las peores situaciones. Sobre el punto el cantante reconoce que «la gente está podrida de tener que laburar por dos mangos y nosotros le alegramos la vida por un rato, al menos». Sobre la condición de descendientes japoneses (nikei), el tecladista reconoce que «hace poco estuve en Japón y ahí sentí bien claro lo que es ser extranjero. Yo fui con la idea de que todos tendrían una cara parecida a la mía y me sentiría como en casa, pero no fue así. Extrañé mucho el asado de tira, los abrazos. Los afectos que para los del Río de la Plata son tan importantes. Entonces estamos en esa dualidad. Si estamos allá, nos sentimos como extranjeros, pero si estamos en Argentina, nos vemos como extranjeros. Es todo muy loco».

Si tenemos en cuenta los factores meramente culturales, no hay que ser demasiado observador para enterarse de las diferencias que tenemos los habitantes de estas pampas respecto a la milenaria cultura nipona. «Nosotros venimos del Budismo, pero por razones culturales, nuestros padres nos mandaron a catecismo. Como que cambiamos al pelado gordito por un peludo flaco. Además, odiamos el sushi», se compromete el tecladista.

La variopinta oferta sonora de estos personajes va desde la ya mencionada versión de Morrisey, hasta covers de V8, mitológica banda de metal, pasando por Still Loving You de Scorpions o Presente de Vox Dei. En fin, el cóctel no será de lo más serio, pero cumplen con la premisa de ser divertidos. Cuando se les pregunta si la cumbia les gusta en serio o sólo es parte del circo, el cantante reconoce que «claro que nos gusta, aunque no es cumbia de verdad. Qué le voy a hacer si me gustan Rodrigo y los Iron Maiden«. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje