Las peripecias de la amistad
JORGE ARIAS
Sopla un hálito del siglo XXI en las obras de Donald Margoulies, del que nuestro público conoce «Historias ajenas» (con Elena Zuasti y Soledad Gilmet, dirección de Mariana Wainstein). No suenan actuales porque el autor pertenezca a una «vanguardia», objeto en sus fases finales de obsolescencia, hoy descartado y sanamente acondicionado en un sarcófago desde mediados del siglo XX. Nada hay en Margoulies de innovador, de destructivo, de circular a contramano del pensamiento corriente. Pero si no es ni Tony Kushner ni Thomas Bernhard, recoge una forma de sentir y enjuiciar la vida, una aprehensión de las cuestiones éticas, una idea de la amistad, el amor y el sexo que son características de las sociedades desarrolladas de fines del siglo XX y comienzos del XXI, al punto que la pieza puede ser vista como un cuadro de costumbres de la clase media, ya sea en los Estados Unidos o en nuestro país. Los personajes son monógamos y, hasta donde pueden, consecuentes; las aventuras eróticas de Tommy (Mario Ferreira) no son reprobadas y se las tolera sin aceptarlas, bajo la égida de la nueva moral neopuritana y neomédica que sobrevino al ingreso del meteoro Sida en la atmósfera de Eros; la amistad lleva a trabajos y sacrificios, como escuchar con resignación un prolijo informe sobre la cocina italiana, pero los límites aparecen pronto y nadie se considera con derecho a entrometerse en la vida ajena ni a contar en exceso las penas; la responsabilidad existe y se vive (¿habremos hecho bien al presentarle Beatriz a Tommy, aquel verano en el balneario?), pero hay pronta una absolución. Tras algunas peripecias, la pareja estable, Carla (Susana Groisman) y Gabriel (Ariel Caldarelli) se reencuentra con alegría en la Santa costumbre del tálamo.
La comedia está escrita brillantemente, con inventiva en las situaciones, agudeza en la observación, exquisito criterio en la elección de diálogos significativos que a la vez son conversaciones cotidianas a la hora del desayuno o, literalmente, de la cena con amigos. La continua amenidad y una destreza magistral en el diálogo son la norma: no hay un solo momento que no sea entretenido, sugestivo, dinámico.
El director Dumas Lerena, un espíritu ágil y despierto, ha encontrado en Margoulies una mente afín. Ha sabido valorar la palabra y también el movimiento, todo ello con expresión y calma y equilibrio; ha redondeado un espectáculo sin fisuras. En la actuación, dentro de un muy buen nivel, se harán recordar las interpretaciones de Caldarelli y Groisman. El actor, cuyos recursos técnicos merecían esta y otras oportunidades, cumple una iluminada labor, maravillosamente precisa en la oportunidad de las entradas al diálogo y muy sensible a los legítimos efectos de una frase bien dicha y mejor ubicada, lejos de lugares comunes y esquemas de interpretación y dicción. Fue un verdadero genio del aire metido en el cuerpo de un experto en apreciación de platos y vinos. Susana Groisman mostró una muy clara superación como actriz, por encima de sus solventes trabajos anteriores; le encontramos más gracia, más seguridad, más expresión, más intimidad con el personaje, más vida sobre las tablas. Los papeles de Mario Ferreira y Margarita Musto, actores cuyas cualidades sobresalientes es innecesario destacar, no parecieron permitirles el mismo brillo, dentro de una calidad de actuación que cuenta entre lo mejor de nuestro medio. *
CENA ENTRE AMIGOS, de Donald Margoulies en traducción de Susana Groisman. Con Susana Groisman, Margarita Musto, Ariel Caldarelli y Mario Ferreira. Escenografía de Alejandro Curzio, vestuario femenino de Manuela Manuela, vestuario masculino de Muto, luces de Eduardo Guerrero, ambientación sonora de Fernando Condon, dirección de Dumas Lerena. Estreno del 14 de junio, Teatro Alianza, Paraguay 1217 Tel. 908 19 53.
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