CON LA ARTISTA PLASTICA SILVIA CACCIATORI

Arte a partir de la Biblia

Su arte sacro, como ella misma lo define, juega con las aristas más filosas del libro más extendido de occidente, del cual se desprende una visión muy femenina –no feminista– de la realidad. Premiada internacionalmente –en Chile arrasó en una Bienal y en México causó más de un dolor de cabeza– el próximo 16 de julio en la Fundación Engelman-Ost podremos ver de qué se trata su propuesta.

Cuando se le pregunta a Silvia Cacciatori sobre cómo surgió su inquietud por el arte, esos recuerdos se vuelven un poco difusos.

Con el tiempo, esta estudiante de Bellas Artes a punto de egresar comenzó a manifestar interés por mostrar su particular visión de algunos elementos estipulados en la Biblia, a través de su ojo de artista. Sabedora de que estaba transitando por un camino que bordea el escándalo, no se dejó avasallar por las posibles consecuencias.

«Te diré que estas imágenes fueron muy rechazadas, no a nivel local, donde casi no las he mostrado, pero si a nivel internacional. En México no querían dejarme exponer por considerarlas muy ofensivas», dice refiriéndose a un vestido de novia realizado por ella, confeccionado con toallas higiénicas femeninas.

Como si fuera poco el shock, un rosario conformado con una tibia y un peroné humanos y una cadena formada con esposas policiales, se muestran desafiantes. «Pensé que era el trabajo que levantaría mayor rechazo, pero por el contrario, algunos curas me felicitaron. Seguro que hicieron una lectura que no fue la mía, pero está bien», reconoce.

El próximo 16 de julio en la fundación Engelman-Ost, Cacciatori expondrá sus obras y servirá de termómetro en el momento de captar las reacciones del público. Entre las obras a presentar se encuentra el ya mencionado vestido de novia, así como otros trabajos que cargan con un alto contenido religioso. «En realidad lo mío no es un atentado a la fe, pero sí a una institución, la Iglesia, que entiendo ha manipulado a la sociedad mediante la culpa. La gente como que está con un sometimiento muy grande», dice.

Consultada respecto a la forma de superar ese sometimiento, la artista subraya que «sin duda que es posible, aunque llevará su tiempo. Pienso que por lo menos es muy interesante ponerlo sobre la mesa. Hay que ver la cantidad de contradicciones y aberraciones que se pueden encontrar en determinados pasajes de la Biblia».

Una de las aberraciones de las que habla la plástica es la menstruación. «Ese es uno de los casos sobre el cual todavía pesa el tabú. Hay algunos versículos donde se expresa que la mujer es inmunda en ese período y por lo tanto debe mantenerse aislada. Incluso ha habido casos de parejas que fueron separadas de su pueblo por mantener relaciones sexuales durante esa etapa» .

En cuanto a cómo surgió la idea de tan pintoresco vestido, la estudiante de bellas artes recuerda que «revisando algunas revistas de los años cuarenta y cincuenta, encontré que las publicidad de esos elementos se presentaban como ‘para los días difíciles’, ‘esos días’ o ‘los días inevitables’, y ahí apareció la idea de hacer este vestido. Yo pude comprobar que la gran mayoría de la gente no tiene conocimiento de estos versículos. Eso tampoco a mí me lo dijeron nunca, pero sin embargo lo tenemos internalizado. Cuando me di cuenta de eso, me interesó involucrarme con la Iglesia y sus fundamentalismos».

En el momento de intentar definir la forma de arte que desarrolla, Silvia Cacciatori asegura que es «arte sacro», aunque cree que «nunca me van a invitar a que ilustre toda la Biblia», pero reconoce que algunos integrantes del clero llegaron a ver algunas de sus obras. «Me encontré con personas estupendas. Lo mío no es contra las personas ni contra la fe. Es contra la institución a la que ellos también están sometidos. Ahora está de moda la denuncia de algunos sacerdotes norteamericanos por abuso sexual y se da que no hay previstas penas contra ellos. Me enteré mediante el escritor español Pepe Rodríguez (una suerte de Salman Rushdie de la Iglesia Católica, a raíz de su libro La Vida Sexual del Clero) que esas personas son trasladadas a iglesias latinoamericanas. Esa información jamás fue desmentida», al tiempo de asegurar que «El sonríe porque yo lo amo», cuando se le pregunta por su relación con Dios.

Del banco a la galería

En cuanto a su pasado profesional como empleada bancaria, Cacciatori reconoce: «Ahora estaría más cómoda con ese salario, pero necesitaba esto que hago ahora. No quería quedarme con la cabeza encasillada en el horario bancario, donde el único tema es el dinero».

Respecto a la eventualidad de que el dinero sea enemigo del arte, la artista apura la convicción de que «no tiene por qué ser de esa manera. Hay un prejuicio muy extendido sobre la imagen del artista. Se supone que el artista que aspira a trabajar de su obra está como profanando algo que es Divino. Tampoco hago arte con un mero interés comercial, pero sería óptimo poder vivir de lo que uno hace. No es el caso, ya que la mayoría de los artistas vivimos de la docencia».

Ante la dura realidad del arte en un país con las complejidades que presenta el nuestro, Cacciatori afirma que «es muy difícil llegar a la galería, además, en Uruguay el arte no le interesa a la gente. Por ahí el que consume arte le interesa más comprar un cuadro que le combine con los sillones del living. Acá se asocia una obra de arte a algo que sea bello. Por ende yo estoy muy por fuera del mercado».

En cuanto a las nuevas tecnologías, los nuevos lenguajes, esas nuevas formas expresivas en las que casi no existe la pieza única, ya que un elemento digital se puede reproducir infinitamente, cuando se supone que un coleccionista busca piezas únicas, la artista asegura no verle mucha vida, aunque «hoy en día la fotografia está legitimizada como expresión artística, pero casi como un favor, pero el momento histórico que estoy viviendo es este y por ende estoy investigando en ese sentido. He encontrado algunos programas de resolución de imágenes que son muy interesantes». Hoy en día Cacciatori se encuentra preparando un trabajo que se basa en la utilización de maniquíes de modelos humanos –con el fin de realizar animaciones en 3D– pero esos modelos no son seres humanos, reconoce. «Los modelos femeninos son totalmente desproporcionados, y de esa forma jugamos con los estereotipos de personas que son válidas en la cultura de hoy», afirma. *

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