FESTIVAL DE HUESCA

Danzante de oro para Grecia

El galardón «Danzante de Oro» (dotado con 6.000 euros, unos 5.400 dólares) correspondió a «Upside Down», una coproducción hispano-andorrana, cuyo director –Guillermo Morales– había obtenido, el pasado domingo 9, el premio «Casa de América» al mejor director novel, es decir al autor de una primera o segunda realización en 35 o 16 mm, en una decisión que ya entonces suscitó sorpresa y desconcertó a muchos de los participantes y asistentes al festival oscense.

Que un realizador que presenta su segunda producción a un evento de esta naturaleza obtenga un premio al «director novel» implica que su obra debe ser de muy buena calidad. Pero que, luego, ese mismo corto supere a otras 55 producciones de 27 países (algunas de realizadores ya consagrados ) sólo es posible si este cineasta es un genio y su película una obra maestra de la que todos hablan. Pero de «Upside Down» no se habló en los mentideros del Festival y su calidad es tal que «lo mejor del corto es el magnífico paisaje nevado andorrano», según se señaló en la nota anterior, enviada desde esta ciudad pirenaica.

Corresponde señalar aquí que el Reglamento del Certamen Internacional especifica que a él concurren los cortos enviados de todos los países excepto España y los de Latinoamérica (que van al Certamen Iberoamericano) y los cortos premiados por el Jurado que juzga a los que concursan en este último.

Los otros premios del Jurado Internacional…

El Jurado Internacional estuvo compuesto por el guionista y director español Julio Diamante Maldonado, el escritor español Fernando Lalana, el director y académico polaco Daniel Szczechura, la directora y productora alemana Margaret von Schiller y el actor y músico peruano Christian Meiter.

Además del galardón «Danzante de oro», este Jurado concedió otros premios:
– El «Danzante de Plata» (dotado de 3.000 euros, o sea unos 2.700 dólares) correspondió a «Crni Gavrani» («Los cuervos»), corto yugoslavo de Zelimir Gvardiol, producido en 2001. Narra la historia de Dusan Vucovic, el primer padre que devolvió al gobierno del dictador Slobodan Milosevic la medalla que éste otorgó a su hijo Alexander, muerto durante un bombardeo de la OTAN mientras servía en las filas del ejército serbio. Este ejemplo fue luego imitado por padres y familiares de otros soldados condecorados póstumamente.

El corto está correctamente realizado, bien actuado pero adolece de cierto carácter estático, marcado por personajes «que hablan rodeando una tumba».

– El Premio «Especial del Jurado» lo otorgó éste al corto «Die liebenden vom Hotel von Osmán» («Los enamorados del Hotel de Osmán»), de la cineasta alemana de origen turco Idil Uner, filmado en Estambul con actores turcos, primer corto como directora de esta hasta ahora actriz de teatro y cine. El corto narra la artimaña que utiliza una pareja de enamorados turcos (que residen en Alemania) para pasar una noche en un hotel «con vistas al Bósforo» sin poseer el obligatorio certificado de matrimonio. La aparición de dos policías que combinan con el dueño del hotel sorprender a la pareja, imponerle una «multa» y repartirse su importe, despierta el ingenio de la protagonista, quien –tras enfurecer a su pareja con una falsa «confesión de infidelidad»– se lanza a una tan fuerte discusión con él que los policías aseguran «que sólo dos esposos pueden discutir de esta manera».

El corto es de impecable factura técnica (con preciosas «vistas del Bósforo»), está bien actuada (sobre todo por la propia Idil Uner) y mantiene un adecuado ritmo de comedia.

– El premio «Francisco García de Paso» al cortometraje que «mejor resalte la defensa de los valores humanos» recayó –por motivos obvio– también en el yugoslavo «Crni Gavrani».

…y los otros premios

– El Premio «Don Quijote», de la Federación Internacional de Cine-Clubes recayó en el corto griego «See no evil» («Sin malicia»), de Ari Bafalouka, producido en 2001. Se trata de una fresca y tierna historia de una niña (la magnífica actriz infantil de 4 añitos Dimitra Doumeni) y su abuelo, que van a dar un paseo en un parque (magníficamente filmado), en el que juegan un juego inventado por la pequeña, hasta que el anciano fallece de un repentino infarto. La niña sigue en sus juegos porque cree que el abuelo se ha dormido. Como no logra luego despertarlo, corre a buscar a su madre…

El Jurado de este premio (integrado por la suiza Eva Furrer-Haller, el español Francesc Güell y el alemán Bernt Linder, todos ellos vinculados al mundo de los cine-clubes), otorgó dos menciones especiales: al corto noruego «Kosmonaut», de Stefan Faldbakken, y al francés «Novela», de Cedric Anger.

– El Premio del Jurado Joven (integrado por 17 estudiantes de la Escuela de Artes y Oficios de Huesca que cursan especialidades de publicidad, imagen y diseño gráfico) recayó en un corto irlandés: «Zulú 9″, de Alan Gisenan; con una mención especial para «See no evil».

«Zulú 9″ es un corto que trata un tema importante en la Europa actual (la llegada de inmigrantes ilegales africanos), tema tratado con sensibilidad y con una historia simple pero bien desarrollada, que capta la atención del espectador y tiene una trama bien presentada. Pero es una buena idea echada a perder por una «técnica excesiva». Un camionero llega a Irlanda, conduciendo un camión cargado de productos químicos envasados, desde Francia.

Por ruidos que se producen en la caja y que oye desde la cabina, sospecha que lleva polizontes y por teléfono celular avisa a la policía. Mientras sigue las indicaciones policiales y patrullero y un helicóptero se acercan, un envase cae y produce un escape de gases venenosos en la caja. Cuando, por fin y tras la angustia del camionero, la policía lo alcanza y se abre la puerta de la caja, salen de ella –entre nubes de gases– varios africanos y un niño asfixiado. En su desesperación, la madre del niño enciende un mechero y provoca una explosión. Desde el inicio del corto la filmación es realizada con «hand hel camera» (con la cámara en mano y movimiento). Gisenan sólo usa cámara fija –como contraste buscado– en la escena de la apertura de la puerta y la subsiguiente explosión. Pero ello provoca en el espectador un resultado cansador y excesivo. Es lógico que los jóvenes del Jurado –inmersos en un mundo de videoclips y efectos lumínicos de discoteca– votaron un corto con un tema que los sensibiliza y con una técnica que les resulta familiar. Pero no es menos cierto que el corto es una buena historia con defecto de realización.

Un corto bosnio-italiano, premio a la crítica

El Jurado de la Crítica (o, más bien de la Prensa y la Crítica) estuvo integrado por el escritor, crítico y director valenciano Antonio Llorens Sanchís, el crítico, escritor y periodista aragonés Roberto Sánchez López y este corresponsal, como periodista extranjero.

El Premio «José Manuel Porquet» (de la Crítica) correspondió al corto de coproducción italo-bosnio «Prvo smrtno iskustvo» («Primera experiencia mortal»), de Aída Begic (guión y dirección).

Basado en un hecho real, el corto narra la historia de Dado Bratovic, un diseñador de «comics» (historietas), huérfano, que se crió en un hogar para niños retrasados y que después de la guerra en Bosnia (1996) –en la que se alistó como voluntario para desertar luego de la matanza de Otes– descubre que ha sido declarado muerto en 1992. Sus intentos por recuperar su identidad y tener documentos chocan contra la burocracia y la indiferencia de sus conocidos. En el curso de esta peripecia, conoce a una chica y con la ayuda de un niño –su único amigo– decide la pareja irse de Bosnia-Herzegovina en busca de nuevos horizontes.

Con buena factura tÃ
©cnica y buena actuación, el corto se convierte en una parábola y una historia de amor, que refleja las consecuencias de la guerra, denuncia la realidad cotidiana de Bosnia, contiene un frontal ataque a la burocracia (implacablemente reflejada en un personaje arquetipo del burócrata) y se convierte en una muy buena película.

El Jurado concedió –asimismo– y a propuesta de este corresponsal– una Mención Especial a tres cortos: «See no evil» (griega, de Ari Bafalouka), «Lolipopos» («Chupachups», canadiense, de Graham Tallman) y «Ballet ist ausgefallen» («Hoy no hay ballet», alemana, de Anne Wild), por ser «tres cortos con actrices infantiles (Dimitra Doumeni, Rebecca Brenner y Henriette Confurins, respectivamente) que destacan por la naturalidad de su actuación y por lo adecuado de las direcciones y guiones de estos cortos, que les permiten expresar sentimientos realmente infantiles y no una «visión de adulto» de los mismos».

Una perla caribeña

Aparte de los dos Certámenes que conforman la Sección oficial del evento oscense (el Iberoamericano y el Internacional), una frondosa programación de otros ciclos de cortos y largometrajes da lugar a una vastísima Sección No-Oficial o «Programación Paralela». Dentro de ella hay retrospectivas, ciclos temáticos y una importante muestra de las últimas películas europeas.

Uno de estos ciclos (denominado «Rehenes en la sombra») agrupó una serie de cortos y mediometrajes cubanos del «cine alternativo» isleño. Contrariamente a lo que muchos en España entendieron –o, más bien, quisieron entender– no se trata de películas, más o menos clandestinas, de oposición a la Revolución, sino de producciones que se crean en la periferia del «cine oficial», entendiendo éste como la producción auspiciada por el Icaic. De entre este ciclo, que –al no ser «lo esperado» por algunos– quedó algo desfasado del evento oscense, destacó una producción cubana que fue una verdadera «perla caribeña desapercibida»: en medio metraje «Video de familia», del guionista y director Humberto Padrón, realizada en 2001.

«Video de familia» es una comedia jocosa, de ritmo alegre y trepidante que gira en torno a la realización de un video que un amigo de una familia cubana va a realizar en su casa para enviarlo luego a manera de carta-video al hijo de esta familia, radicado en Estados Unidos.

La familia está compuesta por un padre funcionario y militante revolucionario (que no persona a su hijo Raúl el que se fuera a EEUU), la madre (ama de casa que sólo piensa en el «bienestar de la familia»), su madre (es decir la suegra del jefe de familia, sólo preocupada de sí misma), una hija (ennoviada con un joven negro) y un hijo más bien «tarambana», dado a la bebida y a la «farra». Lo que se inicia como un video-carta se convierte –al revelar la hija un secreto: «Raulito es gay»– en una verdadera «terapia de grupo» de toda la familia, donde que dan al desnudo las intimidades psicológicas y anímicas de toda la familia. Irónica y tierna a la vez, profunda y humorística, la película no deja de atacar ciertos prejuicios arraigados en la sociedad cubana, de atacar vicios burocráticos y hasta permitirse ironías con aspectos de la vida institucional cubana, sin caer nunca en lo grotesco o lo chabacano.

«Muy real, chico» como señalaba una cubana integrante del grupo de cubanos residentes en Huesca, que con sus carcajadas pasó «el mejor momento del Festival» según dijeron a la salida de la proyección de «Video de familia». La verdad es que de presentarse este filme a la Sección Oficial se habría hecho acreedor a un seguro premio. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje