
Son las siete de la tarde y Pablo Echarri está terminando su enésima nota del dÃa en la lujosa suite de un hotel en Punta Carretas. Está afónico y cansado, pero mantiene profesionalmente su buen humor. En la puerta y adentro de la habitación hay personal de seguridad. Una medida que parece excesiva para nuestra aún bastante tranquila ciudad. Cuando se le pregunta al fornido empleado el porqué de tanto despliegue, éste contesta que fueron requerimientos de la producción . “Aunque no creas que no tuvimos trabajo” –dice– “las chiquilinas se pusieron bravas en más de un momento”. Se refiere al acoso femenino –y apenas adolescente– que el actor tuvo que sufrir a la salida y a la entrada de sus notas en radios y canales de televisión.
–Esta parte de tu trabajo, la de hacer infinitas entrevistas para promocionar tu trabajo, ¿es la que menos te gusta?
–No me molesta. Me predispongo para hacerlo. Además en el momento de elegir un trabajo sé que posteriormente viene esto. Todo depende de qué es lo que tenga para mostrar. Cuando uno está conforme con la pelÃcula, está contento, es bueno, es algo distendido.
–¿Te ha pasado promocionar algo con de que no estás convencido?
–SÃ, pero pocas veces. Porque siempre decidà yo qué trabajo hacer, siempre le encuentro un buen punto para hablar bien de la pelÃcula.
–¿Cuáles son los personajes más difÃciles de interpretar?
–Los personajes que son lo opuesto a mà me cuestan, pero me gustan más, porque me permiten hacer una cierta investigación para encontrarle aristas al personaje que yo no tengo. Lo difÃcil es mantener las caracterÃsticas del personaje durante dos meses, que es lo que generalmente dura un rodaje.
–¿Cómo te llevás con la parte de ser un personaje público?
–Es una consecuencia de mi trabajo. Hasta cierto punto una agradable consecuencia, dado que yo me dedico a esto y cuanta más gente me siga, más posibilidades voy a tener de mostrar mi próximo trabajo. Es algo ambiguo, porque el exceso de eso causa un poco de fobia. En un momento me exponÃa todo el tiempo. Ahora no, me expongo cuando tengo el humor suficiente para hacerlo y cuando no, me recluyo. Disfruto de cosas más pequeñas que están más al alcance mÃo, mi familia, mis amigos, mi mujer.
–¿PreveÃas esa consecuencia de tu trabajo, o nunca te lo habÃas planteado?
–Todo se da de a poco. Uno a veces se siente un poco mal por la pérdida del anonimato. Es un poco ambiguo el sentimiento del actor, porque uno se pasa deseando que lo vayan a ver y cuando lo logra sufre porque no puede salir a la calle. Hay que encontrarle el punto medio, que es dulce, porque te sentÃs cubierto y en el momento de salir a mostrar lo que hiciste tenés gente que te espera. Mi vida se resume en buscarle el punto medio a las cosas. Es más fácil para todo, para la amistad, para el amor, para el trabajo, para la exposición.
–¿Cómo influye en el actor y en la persona la crisis argentina?
–Como actor te puedo decir que estaba comenzando el año con dos proyectos de televisión y ninguno se hizo. TenÃa tres proyectos de cine y ninguno se llevó a cabo.
Como persona, mi viejo tuvo un infarto por las preocupaciones que tiene porque en el laburo le está yendo mal. Mi hermana está sin trabajo. Mis amigos también. Vivo dentro de un paÃs crÃtico y caótico. Desde que me levanto en la mañana estoy escuchando malas noticias. La única forma de escapar es irse a otro lado pero no es mi caso. Pude haber aprovechado más de una oportunidad y no lo hice. En el momento más crÃtico de Argentina tuve ganas de volver corriendo. Me doy cuenta de que en este momento no podrÃa vivir en un paÃs que no sea caótico. Me di cuenta de que este caos es en el que yo nacÃ. Ahora las cosas se han agravado, pero la situación no es de hoy, Argentina siempre fue caótica. *
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