MI MUJER ES UNA ACTRIZ

Un amor de biógrafo

El filme ya se había exhibido muy fugazmente en el Quinto Festival de «Europa, un Cine de Punta», en Punta del Este, donde había logrado el reconocimiento de crítica y público. Esta aprobación generalizada tenía que ver con la sutileza con que el director Yvan Attal abordaba una historia sobre la compleja vida de un periodista deportivo casado con una prestigiosa actriz de la farándula francesa.

En realidad también puede hablarse de un consensuado agradecimiento para con una comedia que no negocia con el chiste de brocha gorda ni el supuesto doble sentido tan burdo como obvio. Por el contrario, Ma femme est une actrice juega sus cartas con conocimiento de causa, pericia en el articulado de los parlamentos y oportunos dardos contra el cholulismo.

La mejor idea se descansa en la mirada del integrante de la pareja «no famoso» (el propio Yvan Attal) que debe tolerar (soportar, bancar, etcétera) la avalancha admiradora al costado de la «superestar» (Charlotte Gainsbourg). La forma en que Attal pasa revista a la otra cara de la fama y la cotidianidad de una diva es un punto a favor para tener muy en cuenta.

Por otro lado, el filme también muestra el contrastante ángulo donde el marido, al contrario de los halagos que recibe su esposa, es objeto de chistes malintencionados y bromas de mal gusto sobre algunas escenas que han hecho popular a su mujer en la filmografía francesa. Una mezcla asordinada de amor-odio y envidia-admiración, está muy bien registrada en el largometraje.

A esa problemática generalizada se suma un nuevo trabajo de la actriz en cuestión, donde debe compartir cartel con un galán maduro y seductor (el veterano y excelentísimo Terence Stamp), en secuencias eróticas de alto voltaje. Dicha instancia, por supuesto, motiva un quiebre en la relación de pareja y agrega nuevos condimentos a una anécdota que también juega, parcialmente, al cine dentro del cine.

Como ya hemos señalado en otras oportunidades, frente a la guarangada escatológica que contamina buena parte del «humor» estadounidense, la producción gala Mi mujer es una actriz supone una gratificante propuesta. Es en resumen, ese toque de distinción que destierra cortes gruesos de la chabacanería y recurre a otros resortes cualitativos para despertar sonrisas en la platea. No es que sea «la película» pero divierte bastante y termina concretando un pasatiempo digno y risueño.

Es más que suficiente. *

MI MUJER ES UNA ACTRIZ. (Ma femme est une actrice). Escrita y dirigida por Yvan Attal. Fotografía: Remy Chevrin. Producción: Claude Berri. Edición: Jennifer Augé. Sonido: Didier Sain. Con Charlotte Gainsbourg, Yvan Attal, Terence Stamp, Noemí Lvovsky y Laurent Bateau.

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