La lengua no es de trapo

JUAN MENDIETA

 

Una confusión frecuente: mientras y mientras que

«Mientras que su madre dormía, el pequeño escapó a la calle y fue atropellado por un auto», fue la información aparecida en un periódico. Más adelante se nos informa que, felizmente, el párvulo sólo sufrió lesiones de escasa entidad.

Ahora bien, el que sufre agresiones que le causan heridas de consideración es el idioma, el pobre y sufrido castellano, que padece la negligencia y la ignorancia de quienes irresponsablemente se valen de él para comunicar ideas.

El error que se ha cometido en el caso que hoy me ocupa es de una alta frecuencia, y consiste en confundir un adverbio de tiempo (mientras) con una locución conjuntiva adversativa como mientras que; también suele ocurrir con la misma frecuencia el error inverso: «a vos no te importa lo que digo, mientras yo siempre te escucho», puede ser un reproche habitual entre cónyuges en el que se ha cometido el error de emplear un adverbio cuando lo que corresponde es la locución adversativa.

Mientras es un adverbio de tiempo que significa «en tanto, durante el tiempo en que»: Veto trabaja mientras usted descansa. Mientras tomamos mate, vamos haciendo el asado.

Mientras que es una locución conjuntiva adversativa que significa «en cambio, por el contrario»: No se pueden comparar: Juan es parco e introvertido mientras que María habla hasta por los codos.

Hay otra confusión que ocurre a menudo con locuciones en que interviene la palabra vez. Suele emplearse erróneamente la expresión a su vez en lugar de a la vez, como sucede en el enunciado siguiente: Produjo un informe detallado y a su vez propuso ciertas medidas.

No se tiene en cuenta que a su vez, (a mi vez, a tu vez) no significa «también» o «simultáneamente» –como es el caso de a la vez— sino «por orden sucesivo y alternado», y puede emplearse en enunciados como el siguiente: El secretario tocó el tema del desempleo, y los delegados, a su vez, plantearon los problemas concretos de cada empresa.

–Y yo, a mi vez, le recuerdo que mientras usté está hablando se nos han vaciado los vasos. Ponga coto Mendieta, y mande la vuelta.

–¡Qué lo parió! *

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