ARTE

Las inauguraciones de la semana

NELSON DI MAGGIO

 

Para no perder la costumbre, los comunicados de prensa se identifican con la invitación general. Así es poco lo que se puede informar sobre algunas novedades anunciadas. Analía Piscitelli, fotógrafa argentina residente en Uruguay, inauguró el martes en el Museo de Arte Contemporáneo. Mecha Gattás, escritora y periodista, con amplia actividad en diversos centros culturales, especialmente en Punta del Este, exhibirá artesanías en la librería Antígona (21 de Setiembre y Coronel Mora) desde hoy jueves a las 20.00. Alejandro Sequeira, un uruguayo de ascendente prestigio, efectuará una instalación titulada Mausoleo, conformada por fotografía y escultura, en Galería Lezlan Keplost a partir del viernes a las 20.00. Alejandro Casares, pintor y dibujante con una dilatada trayectoria, se hospedará con pinturas en la Sala Carlos F. Sáez también el viernes pero a las 19.00. En la Sala Zitarrosa quedó inaugurada el sábado una muestra fotográfica de Alejandro Facal.

El sábado, a las 17.30, continúa en el Museo Nacional de Artes Visuales el exitoso ciclo Historia Universal del Arte en Video, con la proyección de El barroco, con una duración de 60 minutos, mientras que a las 16.00, en el mismo museo, comienza Apagado/encendido, un ciclo de arte mediático presentado por Enrique Aguerre y Fernando Alvarez Cozzi, con la proyección de cinco trabajos pertenecientes al prestigioso grupo argentino Art Detroy.

José Caballero, pintor español (Centro Municipal de Exposiciones, viernes a las 19.00)

La exposición de José Caballero (1915-91) se incluye en un programa de difusión artística de artistas españoles de la segunda mitad del siglo XX que por diversas razones no son suficientemente conocidos en América Latina, agrupados con el título Arte español para el exterior. Recorrerá diferentes ciudades americanas y ya se inició con las dedicadas a Antonio Saura, Gustavo Torner y Manuel Rivera, entre otras previstas hasta 2005. Están organizadas por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España con la colaboración de la Sociedad Estatal para la Acción Cultural (Seacex) y el patrocinio de la Fundación BBVA.

El crítico de arte Mariano Navarro, curador de la exposición, seleccionó medio centenar de obras (21 técnicas mixta y 28 sobre papel) de José Caballero, de la serie de los círculos de los años sesenta y setenta que corresponde a la época informalista del pintor, considerada la más importante. En el importante catálogo bilingüe (español-inglés) de gran formato (130 páginas y numerosas fotografías), hay textos de Juan Manuel Bonet, Benjamín Prado, Francisco Calvo Serraller y del curador Navarro.

Nacido en Huelva, en 1915, Caballero se trasladó a Madrid en 1930 para seguir estudios de ingeniero industrial que abandonó para estudiar pintura con Vázquez Díaz. Hace amistad con García Lorca, Pablo Neruda, Miguel Hernández, Rafael Alberti y Luis Buñuel, entre otros integrantes de la Generación del 27 a la que se incorpora como el benjamín, visita regularmente a Joaquín Torres García en 1933 y recibe la influencia dominante del surrealismo. Ilustra poemas de García Lorca y participa en el teatro La Barraca de memorable actuación. La Guerra Civil lo sorprende en su ciudad natal y se incorpora obligadamente a las huestes insurgidas contra el gobierno legal republicano y trabaja en el bando franquista como dibujante incorporado al Departamento de Plástica. Su colaboración en el tétrico período de la dictadura franquista ha sido muy polémica y mientras unos la condenan otros la justifican buscando numerosos atenuantes.

Como creador, luego de la adhesión juvenil al surrealismo el «descubrimiento luminoso de un nuevo lenguaje de libertad que me deslumbró y también a una forma de agresión a una burguesía a la que había de herir con sus propias armas», según escribió en su Autobiografía, dejó de pìntar durante una década dedicándose a la escenografía de cine y teatro para sobrevivir, volvió a la pintura a fines de la década del 40 y participó en numerosos envíos oficiales al exterior (bienales de Venecia, San Pablo, Alejandría, Hispanoamericana) además de muestras itinerantes por el mundo de arte español seguramente pergeñadas por el mandamás de la época, Luis González Robles, que envolvió con su carismática personalidad a otros grandes como Tapies y Millares. La mayoría de los artistas españoles, al mismo tiempo que exponían en salas oficiales como el Ateneo de Madrid lo hacía en la independiente galería de Juana Mordó, en una ambigüedad de comportamiento cívico, nada inocente por cierto. Ese clima incómodo para un observador extranjero estalló en 1963 en ocasión de la muestra internacional Arte de América y España, donde el único que retiró los cuadros fue el argentino Alberto Greco y acaso Manolo Viola, pues en ese momento se ajusticiaba, por garrote vil, a Grimau. Fue el exacto momento para opciones claras y concretas. Fue inútil tratar de convencer a los demás participantes de asumir una actitud similar y la dignidad de la cultura quedó, una vez más, avasallada. Los historiadores de arte españoles tienen una asignatura pendiente en torno a esos oscuros años del franquismo.

Era la época, también, del informalismo triunfante en todo el mundo. Escribió Caballero: «Particularmente nunca me he considerado un abstracto puro, pero la única forma de expresarme sin ser tachado de rebelde y de no ser prohibido» (…) «No era una expresión de la belleza, sino de la angustia y la incomunicación». En el período democrático mantuvo intacto su prestigio y fue distinguido en numerosas ocasiones dentro y fuera del país (en especial en Bulgaria) al mismo tiempo que intervino en la muestra Por la liberación de Uruguay itinerante por varios países europeos mientras recuerda a sus compañeros de juventud en dibujos (García Lorca, Neruda), que estarán presentes en la muestra, con un buen montaje, en la muestra a inaugurarse el viernes. José Caballero murió el 26 de mayo de 1991. *

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