Humor, disparate y ternura
El director, radicado en Francia, es considerado desde hace años un maestro del cine, pero su obra es casi desconocida en Uruguay.
La frase que da origen al título francés del filme (Adieu, plancher des vaches), inadecuadamente traducido al español, alude a una fórmula común que era pronunciada a manera de despedida y de invocación por los navegantes del siglo XIX, para que el puerto por venir fuese mejor que el que se dejaba atrás.
La idea de insatisfacción con la situación presente que sugieren esas palabras es tomada aquí por el director georgiano Otar Ioseliani para contar una historia coral, en la que se entrecruzan los extravagantes destinos de los integrantes de todo un clan que el cineasta contempla con una mezcla de humor disparatado y curiosa ternura.
Arrolladoramente vital, desordenado, poblado de incidentes, el cuadro abarca a toda una serie de hombres y mujeres que buscan la riqueza o la ruina, que aspiran al respeto ajeno o sueñan con el vagabundeo, y a los que en último término les ocurre lo que a todo el mundo: mientras se empeñan en hacer ciertas cosas les ocurren otras, entre ellas eso llamado la vida. El asunto está poblado de gente muy rara: un joven de familia adinerada que se mezcla con mendigos, un joven pobre que también finge ser lo que no es, la joven amada por ambos, un cantinero alcohólico, una fría empresaria.
Una voz femenina, melódica y triste, una música popular con algo de banda pueblerina, asoma periódicamente en la banda sonora del filme a manera de leit-motiv. Ese rasgo y otros le otorgan un extraño carácter musical: el film está hecho de imágenes y de ritmos, con un empeño en prescindir todo lo posible de un diálogo que, cuando aparece, dispone casi siempre del complemento de la música que añade un suplemento de sentido.
Hay constantes, notas, repeticiones, un entrecruzamiento de personajes e historias cuya sincronización de montaje genera una notable pluralidad de sentidos, con una recurrencia a planos generales que permiten incorporar sucesiva y a veces simultáneamente varias líneas anecdóticas, casi siempre impregnadas de cierto humor zumbón y escéptico.
Las razas, otra constante del filme, se mezclarán en un mosaico confuso donde cada uno intenta ganar un espacio. Poderosos o dominados, ilusos o resignados, cada uno de esos personajes será alcanzado en uno u otro momento por la experiencia de la libertad.
El director Ioseliani no es un principiante, aunque su nombre sea poco conocido en el Uruguay. Nacido en 1934 en la República de Georgia, que entonces formaba parte de la Unión Soviética, es graduado en composición y conducción orquestal (lo que explica acaso la construcción musical de su filme), y optó finalmente por el cine. Su primer filme, Giorgobistve, fue presentado en la semana de la crítica en Cannes, en 1968.
Allí dio comienzo una trayectoria que ha generado otros elogios y que incluye títulos como Pastorali, Les favoris de la lune, Et la lumiére fut y La chasse aux papillons. *
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