El mejor vicio de Charly
RAUL FORLAN LAMARQUE
Pese a los reparos de algunos, su talento está inalterable, así como su generosa sensibilidad compositiva y polifacética condición de instrumentista.
Actualmente la canción «Tu vicio» está sonando insistentemente en las estaciones de radio: es una letra pegadiza y obsesiva, de estrépito confesional y autorreferencial que la tarareás al instante. García sabe e intuye que se ha transformado en un vicio y por méritos propios desde que inició su peripecia en Sui Generis, pasando por La Máquina de Hacer Pájaros y Seru Giran (su experiencia mayor al frente de una banda), hasta su condición de solista guía o faro con discazos como Yendo de la Cama al Living, Clics Modernos, Piano Bar, entre otros. Es el touch indudable, innegable, insistente de Charly García: plantear, desde una letrística que se viene despojando cada vez más desde Cómo Conocer Chicas, la colocación de ese yo inmenso entre la canción y el oyente y para volverlo a este último su incondicional, ya sea que tenga 15 o 50 años.
Y ese Charly García compositor, pianista, guitarrista y cantante es seguramente el mejor vicio, en efecto: pese a los episódicos escándalos de su vida privada o sus excentricidades, las que amplifican las revistas grasa de las capitales (una de sus frases y canciones más recordadas de la época de Seru Giran), reafirma con su reciente álbum Influencia que sigue siendo uno de los autores fundamentales de los últimos treinta años en el Río de la Plata. Y, por qué no, de todo el continente.
En el presente compacto Charly García, además de una saga de canciones nuevas con letras mordaces y de caligrafía testimonial («I’m Not In Love» es un ejemplo más que contundente), se atreve a practicar un cover de «Influenza» del inolvidable Todd Rundgren en una versión peculiarísima y tremenda.
Además, dos deliciosos instrumentales (que lo acercan por su virtuosismo compositivo y su refinamiento a aquella etapa de cuando elaboró la estupenda banda sonora del filme Pubis Angelical e, incluso, a aquellas meditaciones electrónicas con minimoogs de la etapa pos-Sui Generis) que enriquecen notablemente el contenido. El disco deja atrás el alineamiento oscuro –y no por ello también fascinante en sus experimentaciones– de por ejemplo Say No More.
Hay que escuchar, por ejemplo, la nueva versión de «Encuentro con el Diablo» (de la fructífera etapa de Seru), y se comprobará que García posee tantas pieles como habilidades para hacer de una vieja canción una cuestión sublime. Es uno de los mejores discos del año, a secas. *
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