LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Culminar no es terminar

«La acalorada sesión culminó a la hora 1.38.» (LA REPUBLICA 23.05.02).

Otro error semántico frecuente ocurre con el verbo culminar, empleado como sinónimo de terminar, concluir, acabar, poner término, poner fin, finiquitar.

Desde luego que puede ocurrir que la finalización de algo coincida con su culminación. Pero de ahí a confundir ambos vocablos hay un abismo. En efecto, el verbo culminar (intransitivo) significa «llegar una cosa al grado más elevado, significativo o extremado que pueda tener». Es de uso en Astronomía, cuando queremos expresar que un astro llega al punto celeste más cercano al cenit: El sol culmina a las doce y cuarenta y cinco, es decir que ha llegado a su punto culminante o a su culminación a esa hora. También puede decirse que un actor culminó su carrera cuando filmó tal o cual película que no necesariamente es la última.

Bueno es reconocer que el diccionario ofrece otra acepción que probablemente haya ameritado la confusión señalada:

«(transitivo) dar fin o cima a una tarea». Y de esta última expresión (dar cima a una cosa), nos dice lo siguiente: «concluirla felizmente, llevarla hasta su fin y perfección.» En este último caso, podríamos decir, por ejemplo, que un escultor culminó su obra.

Por tanto, mal puede decirse que el partido culminó en un empate o que alguien culminó su jornada laboral a las ocho. El partido puede haber tenido su culminación o momento culminante cuando el golero atajó un penal, o cuando llegó el gol del empate; y la jornada laboral puede haber culminado cuando se logró resolver un problema que amenazaba la continuidad de la producción.

Culminar conlleva pues una clara connotación de excelencia, por lo que sería un contrasentido afirmar, por ejemplo, que el senador culminó su discurso en medio de la indiferencia general. Si no queremos abusar del verbo terminar, podemos recurrir sin dudarlo a concluir, pero reservemos culminar para las ocasiones en que realmente queremos referirnos a eso, es decir a alcanzar el punto más alto, la cima, lo máximo.

–Diga Mendieta, ¿por qué no culminamos lo que tenemos en los vasos y pedimos la otra?

–¡Qué lo parió! *

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