Apuesta a la imagen

ANDRES TORRON

 

Faltan dos días para el viernes y Diego Arsuaga está nervioso, esperando el estreno de Corazón de fuego. Unos días antes la avant première del filme protagonizado por Federico Luppi, Héctor Alterio y Pepe Soriano, con un cine Plaza repleto de gente y la presencia del director y parte del elenco, fue un éxito absoluto. Pero Arsuaga sabe que todos los boletos se juegan en el primer fin de semana en cartel.

El director dice que esos nervios no los vivió durante el rodaje. «Generalmente disfrutó mucho el rodaje y poco la posproducción. En este caso logré disfrutar la última etapa de la posproducción mucho, pero durante el rodaje es cuando yo me siento mejor. Me gusta estar ahí. No paso nervios, pero sí soy muy ansioso».

 

¿El meterte en un proyecto tan grande no te generaba preocupación?

–No tenía conciencia. Creo que estas cosas se logran porque el 90 por ciento es inconsciencia. No te das cuenta. Porque más que vengan Alterio, Luppi y Soriano, se trata de tres personas normales que están en el equipo.

Lo que tiene la publicidad además es que hacés cosas muy raras todo el tiempo. Cosas que te podían poner nervioso, como si la réplica de la locomotora funcionará o no, ya sabés por experiencia cómo van a ser.

¿La publicidad es la que da el training al realizador aquí en Uruguay?

–Da el entrenamiento técnico y es la que da la posibilidad de equiparse y tener la costumbre de filmar. Pero el realizador no precisa pasar necesariamente por la publicidad. Acá en Uruguay facilita el acercamiento. Sin la publicidad hubiera sido muy difícil que hubiera una continuidad en el cine. La publicidad da la posibilidad de que haya empresas produciendo imagen.

Es muy raro que en este momento del país, se esté produciendo cine…

–Es lindo, más que raro. Habría que festejar que hay cosas que están funcionando.

¿Es una casualidad?

–No es una casualidad. Es un trabajo de hormiga. En nuestro caso, primero hicieron cortos. Después vino Otario que pasó por algunos festivales, donde la vieron y empezaron a confiar en nosotros. Ahí vino Plata Quemada que produjimos y casi con los mismos socios encaramos esto. Nosotros hemos invertido mucha plata en esto. Otario fue todo producción nuestra. Hay que invertir tiempo y dinero y el esfuerzo de muchísima gente.

Hay que ver lo poco que se ha apoyado algo que da mucho trabajo y deja dinero al país. El apoyo del FONA ha sido básico, pero sin duda el cine dio mucho más dinero del que se ha puesto. No me refiero a las ganancias que pueda dar una película, sino a los impuestos. Nuestro pasaje por Tacuarembó filmando Corazón de fuego dejó mucho dinero en un lugar que estaba muy deprimido.

¿Como surgió la historia de Corazón de fuego?

–La idea del guión me llegó hace cinco años. Era de Andrea Pollio y Andrés Scarone, que hicieron la primera versión del guión. Después se siguió trabajando con mucha otra gente. Finalmente el trabajo se hizo con Fernando León un guionista mexicano y por último con Beda Docampo, director y guionista argentino.

¿Qué te atrajo de la historia?

–Si alguien te dice que una película trata sobre unos viejos que se roban una locomotora, ya te atrae, no precisás más que eso. Me prendí de la historia enseguida. El guión se fue simplificando mucho en el proceso, se trató de centrar la historia en los personajes principales.

Hay un mensaje muy directo en la película…

–No para mí. El que lee todo el mundo para mí no es el más importante. Hay cosas muy obvias a la vista. Frases que se dicen, carteles. Pero me parece a mí que lo importante es que los viejos tienen una escala de valores donde lo primordial es cómo se hacen las cosas. Ellos valoran o dejan de valorar a alguien por cómo actúa. Jimmy, el personaje de Gastón Pauls, es de la generación que valora el dinero y el éxito. El tema es ver qué pasa después con Guito, el niño de la película. Ver de dónde toma él los valores. Eso me parece lo más importante, lo que siente cada uno de los amigos entre sí, las relaciones, la gente. Lo otro está demasiado a la vista para ser lo fundamental. Yo me voy con los personajes, no con lo que hablen en la primera línea. No recuerdo películas que me hayan dejado un mensaje, sí recuerdo cosas muy lindas que me llegan por los sentimientos.

No tenés miedo que cierta crítica diga que la película es…

–…Panfletaria y oportunista… Oportunista: tiene cinco años de escrita; panfletaria: quiere decir que no la entendieron. Pero no creo que digan eso, me parece que en general a la crítica le gustó. No sé qué pueden decir o no decir.

¿Te importa?

–Si hablan de algo que vos querés mucho lo vas a leer. Me importa mucho más la gente que vaya al cine. La crítica importa en la medida en que puede influir para que la gente vaya o no vaya. Tal vez aquí en Uruguay no influya tanto lo que diga la crítica para esta película, pero para el lanzamiento en España, por ejemplo, donde el público que puede verla es más restringido, es un segmento del mercado donde la crítica influye. Es como todo, depende de qué producto tengas como lo vendés.

En ese sentido el cine es un arte muy complicado, a veces debe ser tan difícil concretar una idea, como convencer a todos los demás para que te den los medios para hacerla y luego para difundirla…

–Te digo algo ahora, que estamos a tres meses de que la película se estrene en Buenos Aires. No sé cómo le va a ir a la película, pero sí sé que hemos hecho muchas cosas que generalmente no se tienen en cuenta. Hay un presupuesto enorme que está destinado al lanzamiento. Una película promedio de un estudio norteamericano cuesta cien millones de dólares, cincuenta de ellos son para publicidad. Generalmente lo que pasa por estas latitudes es que se llega al momento del lanzamiento sin un peso. En el primer fin de semana en el que se juega si el filme se mantiene en cartel o no, no importa si la película es buena o no; importa si la gente va a verla. Nadie va a ver una película porque es buena, sino por la expectativa que se generó en el medio. El mismo cariño que se puso en la película hay que ponerlo para largarla, porque de eso depende cómo le vaya después.

Una de las grandes dificultades del cine latinoamericano en general ha sido la distribución…

–Claro, pero como te decía, en este caso la distribución está arreglada antes de empezar a filmar. Es mucho más difícil filmar una película y conseguir después la plata para la distribución, se vuelve muy cuesta arriba. No quiere decir que lo otro sea fácil. Todo va de acuerdo a la inversión y a las expectativas. Por ejemplo, nosotros -con Taxi Films- distribuimos 25 Watts en Argentina. Podrá parecer que el filme tuvo pocos espectadores en Buenos Aires, pero en realidad tuvo un éxito fenomenal. Logró los mismos espectadores que tuvo Bolivia, de Adrián Caetano, una película premiada en Cannes. Para un largometraje producido de esa forma , la repercusión que tuvo aquí, en Argentina, la recepción internacional, es formidable. Yo me acuerdo que cuando nos sentábamos a conversar antes del rodaje, la ambición que tenían Rebella y Stoll, era la de poder verla proyectada en un cine. Fue tanto más allá de eso que es uno de los éxitos más grandes que ha habido.

¿Y cuál es tu ambición con esta película?

–Por ser un emprendimiento mucho más grande, las ambiciones también son mayo
res. Yo me fijé un número de espectadores para ver si vuelvo a dirigir o no. Porque creo que se ha logrado todo en la producción, así que si hacés una película para comunicarte con la gente y no lo lográs, algo falla. Es un tema personal que pasa por definir en qué sos bueno o no y seguir para adelante.

Muchas veces se divide el cine entre lo que se considera entretenimiento y lo que se pretende más artístico, ¿estás de acuerdo con esa división?

–Yo creo que hay gente con un talento enorme que logra hacer obras de arte, pero son poquísimas. Yo no estoy dentro de ese círculo, yo hago otra cosa. Con esta película lo que busco es que la gente se entretenga. Si eso me pone dentro de la franja del «cine de entretenimiento» bárbaro. No tengo ningún prejuicio al respecto.

¿Cuánto de tu visión personal hay en Corazón de fuego?

–Hubo mucho de mi visión en la película. Laburás con mucha gente pero todo tiene que ir en una dirección. Pero los productores colaboraron mucho. La película creció un montón en ese proceso.

¿Quién eligió a los actores?

–Luppi y Alterio fueron parte del paquete desde el inicio, para que existiera la coproducción. Y a Soriano lo elegí yo por mi recuerdo de La Patagonia rebelde, por suerte fue posible. Pauls también llegó a propuesta de los productores.

Pueda haber gente que critique el hecho de que los papeles principales hayan recaído en actores argentinos.

–Hay varios puntos. Uno es que cualquier actor uruguayo que hubiera hecho el papel de cualquiera de los argentinos, hubiera hecho lo mismo. Por otro lado aprendí hace mucho que vivo en un país de tres millones de personas, que no tiene mercado para hacer lo que yo hago. En mi trabajo publicitario tengo que salir afuera a laburar. Para lograr que tu nombre posibilite una coproducción tenés que ser alguien conocido en otros lugares. Esta película no se podía filmar sin ellos. Si la hubiera hecho sólo con actores uruguayos, el mercado uruguayo no hubiera podido pagarla. La apuesta fue hacer algo que se pudiera vender en todos lados. Abrir mercados.

Te parece que películas como ésta y las que estuvieron antes, han hecho que el cine uruguayo exista en el exterior?

–Como cine uruguayo era más pintoresco antes, que no había nada. Era algo exótico. Ahora que hay una producción, se van a fijar más en la calidad de las películas. Importa qué es lo que estás haciendo no que venga de Uruguay. Yo creo en el volumen. Siempre dentro de una gran producción van a aparecer cosas buenas. Un día va a surgir un tipo con un talento brutal que va a lograr algo más.

¿Se acabó entonces ese comienzo eterno del cine uruguayo?

–Yo creo que eso está superado. Hay una continuidad. En términos comparativos de producto bruto, cantidad de habitantes y demás somos el país de más producción de Latinoamérica.

De ahí a que se pueda hablar de una industria hay un gran trecho, ¿no?

–No sé. Creo que ahora hay una industria de la imagen que le deja mucha plata a Uruguay. En este momento que no hay trabajo publicitario en Uruguay, ha venido mucho trabajo de Europa y del resto de Latinoamérica. El otro día escuché hablar de una empresa que exportaba un millón de dólares al año como un gran logro. Yo no sé si la publicidad, con toda la gente que está viniendo de afuera hacia acá a producir, no está por encima de esa cifra.

¿Por qué no se tiene en cuenta eso?

–Creo que se está empezando a tener en cuenta. Hay muchas cosas que son una traba, pequeñeces de país chiquito sin conciencia, pero se ha logrado mucho. Yo que soy el rey de los impacientes te digo que se ha logrado mucho. *

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