La lengua no es de trapo

Comparar no es pelear

«Los sectores más radicalizados del FA insisten en su declarada política de confrontación a rajatabla con el gobierno». (El Observador, 20.05.02).

Me cuesta imaginar cómo podría ser una comparación a rajatabla, puesto que no otra cosa significa el sustantivo confrontación. ¿Se tratará acaso de una suerte de frenesí que lleva a la Corriente de Izquierda a cotejar con el gobierno desde sus propuestas de reactivación hasta la marca de agua mineral que consumen pasando por la forma de hacerse el nudo de la corbata? ¿Será que Zabalza insiste en comparar sus botas de tambero con las del Cuqui para determinar cuáles están más de más?

Nada de eso, señores. Una vez más, se ha empleado inapropiadamente el vocablo confrontación como sinónimo de enfrentamiento, choque, lucha, lid, pelea, guerra, cuando el diccionario de la RAE no admite en ninguna de sus acepciones ese significado que se ha impuesto entre los hispanohablantes.

Dice así el mataburros: «Careo entre dos o más personas. 2. Cotejo de una cosa con otra.» Y del verbo confrontar nos ilustra de la siguiente manera: «Cotejar una cosa con otra, especialmente escritos. Estar o ponerse una persona o cosa frente a otra.» Pero ni un solo matiz semántico que amerite la confusión. Es más, hay incluso una acepción –caída en desuso– que es precisamente lo contrario de lo que erróneamente pretende expresarse con esta palabra: «Simpatía, conformidad natural entre personas o cosas. Congeniar una persona con otra».

De acuerdo con este último significado, me sorprendería grandemente que Sarthou se confrontara con Jorge Batlle…

Digamos entonces que los radicales del FA insisten en su política de enfrentamiento a rajatabla con el gobierno.

Y reservemos confrontación y confrontar para expresar la idea de comparación: Una minuciosa confrontación permitió advertir las sutiles diferencias entre las propuestas gubernamentales y las de la oposición. Se confrontaron las dos versiones.

–Diga, Mendieta, si confrontamos los vasos, veremos que el mío está vacío; así que mande la vuelta y déjese de pavadas.

–¡Qué lo parió! *

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