LA COMEDIA ESTRENA LA MISION DE HEINER MÜLER

Aquel que no queremos ser

La puesta en escena es de Alberto Rivero, uno de los directores jóvenes más elogiados por la crítica nacional.

La obra, escrita en 1979 –un año después que la celebrada Máquina Hamlet— está basada en un relato largo de Anna Seghers. El núcleo temático refiere a tres revolucionarios franceses enviados a Jamaica para promover una revolución de los esclavos contra los ingleses, a quienes sorprende la noticia del cambio político en Francia con la ascensión de Napoleón y el abandono de las ideas radicales. La traición de uno de ellos impide que se cumpla «la misión», «encomendada por un futuro que ya es de nuevo pasado».

La pieza, propuesta a la Comedia por Eduardo Schinca, recientemente fallecido, está escrita de modo fragmentario e incluye materiales diversos, como es habitual en Müller. Entre ellos un largo monólogo a cargo de Estela Medina, que acaba de cumplir 50 años de teatro: un hombre sube en un ascensor para ver al jefe a la espera de una misión y termina deambulando por aldeas del Perú.

La misión puede leerse como un espejo astillado que refleja traiciones desde todos los ángulos. «Habla de una revolución, sí, pero creo que el tema de la traición va más allá», explica Rivero, nominado varias veces a premios Florencio por su dirección de obras contemporáneas de lengua alemana, como Jubileo y Mein Kampf de Georg Tabori.

«Cuando la leí, la imagen que me vino fue la de Trotsky, cuando pedía la revolución permanente y nadie le hacía caso  agrega el director . Pero en la obra la traición es más difusa. En realidad, no sé si el traidor es Debuisson; él sigue lo que hacen en Francia. Los traidores pueden ser los otros, que siguen con la revuelta. Si me preguntan por un tema central, digo que es la tensión entre el que somos y el que no queremos ser».

En el momento de la despedida, el hijo del traficante de esclavos que abandona la revuelta (Delfi Galbiati) dice: «Quédense. Tengo miedo, Galloudec, de la belleza del mundo. Sé bien que es la máscara de la traición. No me dejen solo con mi máscara, que ya me crece en la carne y ya no duele. Mátenme antes de que los traicione. Me aterra, Sasportas, la ignominia de ser feliz en este mundo».

El personaje de «Primeramor» (Elisa Contreras) aparece como una noviecita de la juventud, antes de conocer al segundo amor, la revolución. Pero al representar un apego al pasado, encarna la traición. «Lo que no traiciones hoy te matará mañana», se dice. La misma revolución es una traición, por definición. Se habla de las matanzas de campesinos en Vendée, de toda su cosecha de muertes. «Tal vez lo que pensamos que era la aurora de la libertad no fue más que la máscara de una nueva y más espantosa esclavitud». En una obra sobre la liberación, se repite que «La revolución es la máscara de la muerte» y «La muerte es la máscara de la revolución».

Heiner Müller (1929-1995) se consideró discípulo de Bertolt Brecht en cuyo Berliner Ensemble dirigió en varias oportunidades, pero alertaba que «usar a Brecht sin criticarlo sería traicionarlo». Una de sus principales discrepancias conceptuales era el cambio del teatro de aprendizaje (Lehrstück) por el didáctico en las últimas obras. A nivel formal, sus piezas –fragmentarias para evitar un sentido único– posibilitaron una revolución en las puestas en escena que llegaron a ser un clisé del teatro posmoderno.

Entre sus obras, hay varias inspiradas en obras de la literatura universal. En Uruguay la primera de sus obras en estrenarse fue Cuarteto (dirigida por Eduardo Schinca), que la Comedia acaba de bajar de cartel. En un festival se había visto Máquina Hamlet con títeres por el Periférico de Objetos de Buenos Aires. Luego, se estrenaron La Batalla (por Alexander Stilmark) y Ayax (Mariana Percovich).

«Los textos son muy fuertes», opina Rivero. «Pero yo no puedo quedarme en recitar el texto. Por eso busco todo el tiempo cargarlo con cositas visuales que agreguen». Esta puesta, que inaugura la sala del Erwy School, cuenta con la escenografía a cargo del grupo EPA (Eduardo Cardozo, Paula Kolenck y Alejandra Fleurquin). La música de Alejandro Balbis, el vestuario de Nelson Mancebo y la iluminación de Paparielo.

Actúan Juan Carlos Worobiov, Pablo Varrailhon, Miguel Pinto, Estela Medina, Delfi Galbiati, Elisa Contreras de la Comedia Nacional y los actores invitados Angela D. Alvez y Lucio Hernández.

La misión estará en cartel solamente hasta el 28 de julio, de jueves a domingos: un total de solamente 34 funciones. *

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