Ry Cooder: "La música necesita espacio para respirar"
Peter Kemper: –Si se lanza una ojeada sobre su carrera de treinta y cinco anos, se tiene la impresión de que usted ha estado siempre a la busca de una música no corrompida. ?Qué significa esto?
Ry Cooder: –A mí me interesa sobre todo la música que no desmiente su origen: las condiciones de su surgimiento –ya sea un determinado lugar, un paisaje especial, un entorno concreto–, todo ello tiene que estar vivo aún en dicha música. Para mí, una música está corrompida cuando estas características esenciales están borradas o cubiertas por otras cosas. Se trata de que sea audible el medio ambiente especial.
–?Dónde quedan los músicos en un tal concepto?
–Ellos son lo más importante, y un criterio decisivo para el enjuiciamiento es que un músico vive también de su música. Esto suena quizá un tanto ampuloso, pero yo pienso, con ello, que la existencia de una música ha de ser perceptible, como momento central de su manifestación expresiva. No debe olvidar jamás su entorno vital, su cuerpo, sus experiencias, todo eso.
–?Qué importancia posee aquí la ética artesanal?
–Constituye el presupuesto previo para que pueda desarrollarse esa misteriosa cualidad expresiva de la música que acabo de esbozar. Pero en ello no se trata tanto para mí del refinamiento técnico, cuanto de una actitud que da testimonio del respeto por la música que se compone. En el mejor de los casos, el músico se siente como una especie de medio a través del cual la música no hace sino fluir.
–?Qué relación tiene usted con las culturas musicales desconocidas, casi olvidadas que usted se propone documentar con un disco?
–Cuando se quiere documental algo, ya sea en un disco, en un libro o en una fotografía, hay que acercarse lo más posible al objeto en cuestión. Así por ejemplo, yo tengo que haber captado la esencia de un sonido antes de poder grabarlo. Todo lo demás es pura pérdida de tiempo. Lo primero que hay que hacer es ‘aprender a entender’ el correspondiente proceso de producción musical. ?Qué piezas queremos grabar? ?Qué músico deberá tocar este o aquel instrumento? Así pues, tienes que tomar decisiones, y con ello reconocer abiertamente tu propia subjetividad. Solo así lograrás un resultado verdaderamente concentrado que puede comunicar algo.
La edad de los músicos participantes tiene también su importancia. Pues cuanto mayor sea una persona, tanto más experiencia posee. Un músico profesionalmente activo, que no ha dejado nunca de tocar, dispone de una expresión propia y específica. Se asemeja a un pintor que pinta y pinta y pinta, y que en su cuadro número mil quizá no haga sino un simple ademán del que brota una expresión inconfundible. El lo hace de manera casi automática, sin una intención determinada, porque toda intencionalidad acaba en un punto muerto. En la música se percibe inmediatamente si alguien intenta tocar algo de forma obstinada y terca. Un verdadero maestro pone simplemente las manos en su instrumento –liberado de cualquier intención preconcebida–, y el resultado es algo único e irrepetible. Pero tales dotes necesitan tiempo. Por ello, la música suena hoy con frecuencia en mis oídos tan comprimida, tan acelerada y agitada. Pero si se escucha una pieza en la que el tiempo, evidentemente, no desempena función alguna, y en la que se ha decantado el tiempo de toda una vida, eso es, para mí, algo verdaderamente grande.
–Usted ha dicho que lo que le interesa verdaderamente en la música es el ‘flujo natural’. ?Qué significa eso?
–En primer término me refiero a la pulsación viva, que es lo que hace vivir a la música. Guarda relación con el groove, con esa sensación física, tan grata, de que todo está en perfecta armonía. Si algo se mueve en un flujo natural –y ello no ocurre de otro modo en la naturaleza– brota entonces la sensación de armonía, en la que todo se halla en su lugar justo y no se estorba recíprocamente. Yo estoy siguiendo la pista de este fenómeno.
–Usted ha subrayado una y otra vez que la música necesita espacio para respirar. ?Existe hoy todavía este espacio en la música rock?
–En mi opinión, la tecnología ha dominado totalmente el sentimiento vital. Hubo un tiempo en el que la música y la tecnología se correspondían entre sí. Pero luego se inició una época en la que un derroche tecnológico cada vez mayor comenzó a influir sobre la musica, y no al revés. Con ello, por lo pronto, no se ha hecho ningún servicio a la música. Naturalmente, ello ha llevado a nuevos desarrollos, porque la tecnología ha tomado ahora el mando, como una locomotora que arrastra el tren. Y ocurre al respecto, con frecuencia creciente, que la música queda atascada, simplemente, en los complejos sistemas tecnológicos de su propia creación. Yo veo hoy esta tendencia en la música rock. Si el sonido humano es sintetizado totalmente, ello significa también su muerte. Sea lo que fuere lo que se entiende por rocanrol, esto no es ya la música de una persona, sino el resultado de lo que la tecnología posibilita y permite. El rap, por ejemplo, me parece que es una música que está totalmente dominada por la propia tecnología, y ello con una perfección sumamente interesente, pero en todo caso no refleja ya lo que son los individuos humanos, cómo es verdaderamente su vida, qué historia tienen. En lugar de ello, los músicos mismos son arrollados y adelantados por la velocidad constantemente en aumento. Si tú escuchas hoy un disco de rap, es muy posible que dentro de seis meses nadie conozca ya al músico que lo grabó. El carrusel gira y gira con velocidad creciente, y la tecnología digital permite quizá la libre manipulación de un violín en su volumen sonoro, pero yo no siento más el violín. Yo escucho una voz humana, pero no percibo ya una voz verdaderamente humana.
?Cree usted, en este orden de cosas, que el clásico song que contaba una historia se ha convertido hoy en una especie amenazada de extinción?
–!Desde luego! Eso se percibe también en los filmes de hoy, en su tratamiento del arte del story telling. Yo creo, simplemente, que la necesidad de escuchar historias cuenta entre las fuerzas impulsoras básicas del género humano: reunir informaciones en forma de historias y ordenarlas en canciones, en libros o en filmes, en una conversación. Esto constituye un hecho biológico. Por ello, los seres humanos han cultivado también, en todas las épocas, su arte narrativo dramático. Pero ?qué historias son capaces de contar hoy día? Se siguió a ciegas la tendencia cultural general de hacer las cosas cada vez más rápidas y más estrepitosas. Por ello, ha habido cada vez más filmes de acción, que pronto dieron origen a una industria propia del video. El mínimo denominador común afirma al respecto lo siguiente: una persona penetra en una habitación y se sienta, se apodera de su kick, y se acabó la historia.
Esta es la mentalidad del video-game, que funciona porque se basa también en la celeridad. La sensación te golpea en plena cara: !Bang! Nos tomamos cada vez menos tiempo para nuestras experiencias vitales, porque siempre tenemos prisa. Pero no es posible acelerar a capricho sus experiencias sin modificarse a sí mismo con ello. Al cabo sólo quedan caracteres de un juego de video.
–?Usted dijo una vez que ha adquirido más o menos el noventa por ciento de sus conocimientos musicales mediante la escucha, la contemplación y la participación directa en la ejecución de la música. ?Fue eso igual en Cuba?
–Naturalmente, yo conocía ya algo de la tradición musical cubana, aunque hasta ahora nunca había tenido la oportunidad de tocar c
on músicos cubanos. También había escuchado un par de discos cubanos, y me había grabado en la memoria el mayor número posible de detalles. Pero sólo es posible comprender de veras una tradición musical cuando se acude al lugar donde esta tradición está todavía viva. Esto vale para todas las culturas musicales de proyección universal, para la vietnamita lo mismo que para la marroquí. Tienes que vivir en el país mismo el especial sentimiento de comunidad que emana de una música y aprender a comprenderlo. Y esto sólo puede suceder dentro de un grupo. Sólo entonces podrás, mediante un «learning by doing», desarrollar un olfato para la música en cuestión.
–?Ha podido sobrevivir el aura singular del «son» sólo bajo una especie de «campana protectora», muy alejada de las ajetreadas leyes del mercado del mundo occidental?
–!Sin duda alguna! El son pudo sobrevivir porque esta forma de música comunitaria se mantuvo viva en Cuba.
Yo conozco, por otra parte, a un anciano de Hanoi, un músico que es allí una especie de ‘Compay Segundo’ de Vietnam. Y él me dice: «cuando terminó la guerra de Vietnam y los Estados Unidos trajeron a nuestro país, con su dinero y su tecnología, el ‘mundo de afuera’, nuestra música –que hasta entonces había sido un río de sonidos, claro y puro– se volvió muy pronto turbia». Esto me lo cuenta un anciano ciego, que sobrevivió porque no puedo combatir en la guerra a causa de su ceguera. De esta cultura musical vietnamita no ha sobrevivido nada, excepto él. No hay retonos ni sucesores jóvenes, ni tampoco estudiantes de este antiguo arte popular. Este anciano es el postrer representante de toda una vieja tradición musical de un pueblo. Cuando él muera, esta tradición habrá desaparecido. !Una cosa así me pone verdaderamente enfermo! Cuba fue considerada asimismo, durante largo tiempo, como un país atrasado, y fue dada de lado por el mundo occidental. Por ello ha podido sobrevivir la vieja cultura musical del ‘son’ durante algún tiempo más. Y ello, no en último término, por el muy acusado sentimiento de comunidad que impera en la isla; en ésta, los músicos se sienten como una especie de hermandad nacional. En Vietnam –quizá pueda llamársele la ‘Cuba de Asia’– reina un sentimiento de solidaridad y fraternidad igualmente fuerte. Pero el país fue destrozado, bombardeado; en él no debía sobrevivir absolutamente nada. Hablando tan sólo de la música, ello significa una pérdida irrecuperable para el mundo. En muy pocos anos nadie sabrá ya cómo sonaba esta música. Yo oí tocar a este anciano, y los ojos se me llenaron de lágrimas. Hoy sólo puedo intentar la grabación de este maravilloso músico, con objeto de conservarla para las generaciones venideras.
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