
De ahà la intimidad de algunas declaraciones, como la de considerar una pesadilla “la idea de convertirme en un vegetal y ser una carga para los demás; irme muriendo de a poco, atrapado en un cuerpo que me sabotea, me sobrecoge”.
Bergman declaró con alivio que “afortunadamente existe la posibilidad de decidir uno mismo si se quiere seguir viviendo, y yo sólo espero tener la suficiente presencia de ánimo como para dar ese paso”.
“¿Se quitarÃa la vida?”, le preguntó la presentadora del programa nocturno, Malou von Sivers.
“Por supuesto, y eso no es sólo un decir de mi parte. Para mÃ, eso serÃa un fin completamente natural. Espero tener el suficiente sentido común para tener la capacidad y la oportunidad de planear y organizarlo”, respondió Bergman.
Para el cineasta sueco, la muerte de su última mujer, Ingrid, quien falleció en 1995 por cáncer de estómago, “me ha dejado totalmente indiferente con respecto a la vida. Fue lo más triste que me pasó y desde entonces me siento un inválido”. Y agregó: “Vivir es una carga para mÃ. La idea devastadora de que nunca más volveré a ver a Ingrid es un sentimiento espantoso y un pensamiento horrible para mÔ.
Bergman vive retirado en la isla Faroe, en el mar Báltico. Cerró su carrera como director de cine en 1983 con el filme Fanny y Alexander, aunque posteriormente realizó un par de telefilmes y firmó algunos guiones autobiográficos, que dirigieron su hijo Daniel, su ex esposa Liv Ullman y el danés Bille August. Pero el cineasta aún dirige de vez en cuando alguna obra en el teatro nacional Dramaten de Estocolmo.
Su último telefilme quizá sea estrenado en Uruguay por Cinemateca este año. En la entrevista, se quejó también de la carga que supone envejecer: “Nadie ha hablado de cuán fatigoso es (envejecer). Es humillante cuando el dolor toma el mando de tu cuerpo. Es desalentador envejecer”.
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