Escrito por: Raúl Forlán Lamarque

Viene de una actuación celebratoria en Santiago, algo que no hacÃa desde mucho tiempo atrás. Pablo Milanés con toda su cubanidad pisó nuevamente las calles de una Santiago ya nunca más ensangrentada y hasta por momentos altamente conmovedora. El concierto que realizará hoy en el Teatro de Verano factiblemente tenga casi los mismos ingredientes por la insobornable talla de humanista que ha logrado expandir a sus auditorios el creador de “Yolanda” y tantos otros hits.
Integrante de la denominada Nueva Trova Cubana, el primer disco de Milanés que lo colocó en la consideración pública fue precisamente Pablo Milanés de 1976. Después llegarÃan ya materiales más importantes y más acabados tanto en Aniversario (1979) y El guerrero (1983), además de los trascendentales Querido Pablo (1985) y Buenos dÃas América (1986).
Discos que le dieron un talante y un temperamento estético subrayado por la potencialidad de su registro vocal, de su ‘feeling’ y sus sones y guajiras, de su poética tan urgente como de cuño amorosa.
Es el cantor que nunca se calla, que, desde su silla (difÃcilmente se pare a cantar debido a que hace años soporta una enfermedad de envergadura), ha sabido expandir una poética desgarrante, a veces luminosa y por qué no melancólica, tan cargado de futuro –para citar al poeta– como de ternura.
Tan cargada, asimismo, de cubanidad y de una nobleza ética que lo han transformado a Pablo Milanés en un inocultable y festejable humanista que ha sabido compartir escenarios con su compadre Silvio RodrÃguez y con otros artistas que han abordado interpretativamente su obra como Ana Belén, Soledad Bravo, Tania Libertad, Joan Manuel Serrat, JoaquÃn Sabina, VÃctor Manuel (con el que grabó en 1995 el disco En blanco y negro), Simone o Miguel RÃos, entre otros.
Dice Pablo Milanés desde esa autenticidad que ciertamente este cronista pudo comprobar cara a cara: “He brindado todo por Cuba: mi arte, mi dinero, mi prestigio. Nunca me he arrepentido y todo ha sido una experiencia hermosa. Y si hubiese vivido en otro paÃs, me hubiese brindado de igual forma”.
Y agrega el cantautor cubano: “El mundo sigue dando vueltas pero muy pocas cosas han cambiado, excepto ese afán de justicia del ser humano por el que casi todos nos embarcamos en forma inexplorable”. Y al mismo tiempo, contundente acerca de su peripecia vital: “Estoy más sereno, más dueño de mis emociones, algo que se refleja en las canciones que compongo: tal vez haya cambiado la manera de exponer (y exponerme) las canciones porque seguramente hay menos desgarro y asimismo menos pretensión, aunque considere que hay por cierto mayor profundidad”.
Milanés ha grabado otros discos de importancia como Comienzo y final de una verde mañana (1987), Proposiciones (1988) y por supuesto OrÃgenes (1994) y Plegarias. De todos estos mencionados en el artÃculo, Milanés factiblemente armará un repertorio tan vasto como fecundo y fecundador para su show en el Teatro de Verano. De convicciones inalterables, autocrÃtico frente a los incidentes de la cotidianidad –a la que tanto le ha cantado con una voz fuera de serie–, y aun con sus altibajos, Milanés volverá a sembrar belleza en sus auditores.
Resentido en su salud, como ya anotamos, Pablito Milanés sigue produciendo canciones y ese estrépito tan palpable hacia adentro de sus receptores. Si hay una formulación de la belleza, esa es pues la que emana del cantautor cubano. El que señala serenamente: “Me siento parte de la Revolución Cubana, pero no soy un oficialista. Soy autocrÃtico y sé que dentro de este proceso hay quienes lo hacen bien y forjan, siguen forjando la revolución, pero también hay otros que buscan destruirla, que no es mi caso”.
Lo cierto es que Milanés, de profesión cantautor, tendrá probablemente un Teatro de Verano colmado de público para poner en juego su arte de decir y de seducir con esas canciones con las que ya se ganó un sitio en la perdurabilidad.
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