Escrito por: Gustavo Iribarne

Sin embargo, esta realización dirigida por James Mangold posee una cuota de dramática realidad ya que la obra parte de un texto autobiográfico escrito por Susanna Kaysen, quien sufrió en carne propia estos avatares de internaciones en clÃnicas pisquiátricas y las respectivas “rehabilitaciones”. Lo que el filme muestra es que ese presunto reingreso a la normalidad supone –antes que nada–, una suerte de contrato invisible entre doctor y paciente donde este último debe aprender a “hacer los deberes” según indicaciones precisas antes que asumir su problemática.
El caso nos remite a mediados de la década del 60 y cabrÃa subrayar que mucha agua ha circulado por debajo del puente en lo que se refiere a nuevos conceptos sobre salud mental. De todos modos los prejuicios acerca de este tipo de insanÃas perduran y la pelÃcula retrata con elocuencia esa inmadurez colectiva que la sociedad maneja frente a dicho tipo de situaciones. Probablemente esto sea el mayor logro del largometraje: abrir un paréntesis de reflexión con base en una obra que nació de un caso real donde una adolescente incomprendida –como millones en el mundo– tuvo que transitar una zona de castigo plagada de psicofármacos y aislamientos.
Más allá de lo señalado, la producción posee atributos adicionales, como la esmerada actuación de Winona Ryder (que curiosamente no obtuvo ninguna nominación al Oscar por este papel) y la espléndida labor de Angelina Jolie, quien sà conquistó el premio por Mejor Actriz Secundaria en el rol de una sociópata desprejuiciada. Como contrapartida, al filme puede achacársele –sin embargo– un relativo facilismo a la hora de retratar personajes (Whoopi Goldberg como enfermera comprensiva; Vanessa Redgrave como psiquiatra algo autoritaria y otros etcéteras menores), además de otros golpes de efecto que incluyen un suicidio que desmorona hipocresÃas o la evocación recurrente de Viet Nam, situación bélica que también hizo germinar una tenebrosa camada de alienados ex combatientes.
Quizás lo más importante, sin embargo, sea tener en cuenta un criterio global más ponderado de la Academia de Hollywood que parece haber dejado de lado el simple artificio para dar lugar a producciones que no apuesten a la simple taquilla sino a la creatividad.
Esta Inocencia interrumpida podrÃa decirse que está hábilmente situada a medio camino de ambas tendencias; entre rigores y bajones sentimentaloides. Ryder quiso hacer el papel de su vida y logró, apenas, una pelÃcula correcta. Algo es algo.
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