La Mojigata: actuación vital y divertida
A primera hora abrió, como participante invitado, De Todas Partes, bajo la dirección de Pancho Cancela, con una propuesta donde el humor y las buenas canciones se conjugan en un espectáculo bien libretado, variado y atractivo, con colorido vestuario y realizado con mucha seriedad y esmero.
El público del Ramón Collazo, que no tiene frecuentemente oportunidad de ver estas agrupaciones que integran los denominados genéricamente «fuera de concurso», a juzgar por sus aplausos, debe haber disfrutado como nosotros de lo expuesto por De Todas Partes.
Hechizo de Murga
A segunda hora correspondió la actuación de Hechizo de Murga, una agrupación joven que inscribió por primera vez su nombre en este Carnaval.
Entiendo que muy bien aprovechó el tiempo transcurrido desde su debut, con altibajos notorios en aquella oportunidad, a esta nueva presentación, donde la murga lució más segura y sus coros muy bien arreglados por Diego Berardi nos permitieron apreciar un texto con humor y sátira disfrutable.
El desarrollo general de la actuación de la murga fue muy atractivo y sobradamente justificó su pasaje a la segunda ronda.
Para destacar, además de una atractiva despedida, un vestuario original en base a tela «rejilla» de algodón, pintado con diseños geométricos en colores vivos, que debe haber resultado un tanto pesado y caluroso, máxime teniendo en cuenta la temperatura reinante esa noche en el Teatro de Verano.
Entendemos que con esta actuación Hechizo de Murga se consolida como título en el Carnaval.
La Mojigata
A tercera hora tuvimos la esperada vuelta de La Mojigata que resultó en definitiva un punto muy alto, si no el más destacado de la noche.
Plantada como murga «grande», demostrando solidez y presencia, La Mojigata abordó su actuación plena de vitalidad, cantando muy bien, cubriendo con excelencia el escenario, cantando a gran nivel, con coros arreglados por Facundo García y Darío Prieto, éste a su vez constituido en un muy buen director escénico.
La Mojigata fue una ráfaga vivificante de frescura, de desenfado juvenil, abordando casi con cierto dejo de altivez una temática comprometida, sin complejos, brindando su mensaje con mucha convicción, expresados a través de textos muy bien concebidos.
La actuación de la Mojigata fue un dechado de divertida irreverencia que el público festejó y disfrutó a pleno, tanto que se puso de pie como catapultado por un resorte, cuando la murga dejó el escenario.
Pero cuidado, nadie le regaló nada a La Mojigata. Ni la reacción del público ni nuestros comentarios emergen de una contemplación «cariñosa» o paternalista, ante la presencia de un elenco juvenil que se juzga con la benevolencia que de pronto, no se tiene para con otros.
Nuestras expresiones en cuanto al canto de la murga, a su postura en el escenario, a sus textos, son producto de una visión global del espectáculo, de nuestra visión de la actuación, que seguimos tal cual lo hacemos con todos los conjuntos de la categoría, más allá de nombres, de lustres, de trayectorias.
Desde luego que el hecho de la juventud del conjunto debe ser resaltado y lo hacemos, por la significación que en sí mismo encierra, como futuro casi tangible y asegurado de nuestra fiesta más querida y popular, que se consolida gracias a grupos como este.
Bienvenidos mojigatos, el Carnaval agradecido.
Espantapájaros
El cierre estuvo a cargo de Espantapájaros de Medianoche. Los parodistas del Tano Di Lorenzo, Gilda Gutiérrez y Noemí Apostolof reeditaron la buena actuación de la primera rueda, tal vez algo más ágil que entonces, sin establecerse no obstante diferencias sustanciales entre ambas. Es que Espantapájaros es un elenco acostumbrado a trabajar a lo largo de todo el año, que funciona como una verdadera escuela de actuación.
Sus propuestas carnavaleras generalmente ya están resueltas varios meses antes que otros conjuntos, apenas se reúnen para estudiar libretos o discutir músicas o coreografías.
Este año Espantapájaros debió abordar la prueba de admisión y en aquel momento con excepción del vestuario, Las Mil y Una Noches ya estaba casi al nivel de la que vimos en el Teatro de Verano, tal vez sin los ajustes que ahora exhibe y algunos gags o mechas que se han ido incorporando a partir del contacto cotidiano con el público.
Gilda Gutiérrez deja aflorar nuevamente su jerarquía como actriz al encarnar una muy creíble Delmira en la segunda parodia. Espantapájaros de Medianoche es una propuesta seria, hecha y dicha con convicción, plena de honestidad y principios, con los que se podrá discrepar o coincidir, pero que hacen a su esencia.
Con estas propuestas cargadas de mensaje, de crítica ácida, abordando temáticas muy comprometidas y aparentemente poco aptas para tratarlas con humor, el Tano es consciente de los riesgos, máxime en Carnaval y en el concurso de agrupaciones.
No obstante enfrenta la empresa con decisión y empeño y propone una actuación que más allá de ubicaciones en el certamen, resulta muy significativa y promueve la adhesión del público, tal como aconteció en la noche del martes en el Ramón Collazo. *
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