EN FERIA HABANERA DEL LIBRO

Amplio espacio de reflexión

Considerado uno de los principales investigadores de los múltiples laberintos de la cubanidad, el autor de El Cimarrón, Oficio de ángel y Canción de Rachel fue aplaudido por los visitantes tanto cubanos como extranjeros por su impronta en la literatura insular y la región.

Enamorado tierno de La Habana, a la que homenajea en muchos de sus poemarios y novelas, fue nuevamente ponderado como un hombre de indiscutible vocación humanista y un dominio extraordinario de las formas del lenguaje.

Nicolás Guillén, uno de los poetas más relevantes de la isla en el siglo pasado, tuvo también un espacio especial en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña (escenario principal de la fiesta de las letras). No faltaron elogios por la multiplicidad de tonos que confluyen en sus versos y por la defensa de sus raíces, tanto africanas como hispanas.

La narrativa francesa, de regreso a su esencia humanista luego de varias décadas de estructuralismo, concitó igualmente el interés de los estudiosos y neófitos que pudieron aproximarse, además, a la influencia de esa nación europea en la formación de la naciónalidad cubana.

En las sesiones teóricas salieron a la luz los diversos motivos de un largo camino de encuentros, diálogos y transculturación entre los dos países. Desde Francia –invitada de honor a la fiesta de la letras– llegaron anécdotas y noticias de la evolución de las Ciencias Sociales y las publicaciones en la tierra de Víctor Hugo, que reflejan en la actualidad las principales problemáticas del individuo asediado por conflictos y flagelos como la discriminación.

Expertos afirman que la desigualdad de la mujer, el racismo, la xenofobia, la violencia social y la criminalidad, son atacados por las diferentes disciplinas desde tratados psicológicos hasta cuentos y novelas de distintos perfiles. Las particularidades del proceso editorial en España se expusieron en un panel de especialistas que hicieron énfasis en la necesidad de profundizar el intercambio intelectual entre las patrias de Federico García Lorca y José Martí.

Personalidades del mundo del libro aseguraron que aunque los manuales prácticos –desde guías turísticas hasta folletos de cocina– son los más leídos en la Península Ibérica. En estos momentos aumenta el interés por los ensayos y materiales investigativos y por lo que ocurre al occidente del Atlántico.

La reciente polémica entre los amantes del libro electrónico y sus detractores centró también debates en la feria de La Habana, donde primó el criterio de que el nuevo formato no desterrará al antiguo, como la televisión no pudo suplantar a la radio ni el cine al teatro.

Finalmente se habló de digitalización como un complemento, capaz de aportar nuevos datos sobre el autor y la obra, pero nunca como el sustituto de uno de los soportes más antiguos del conocimiento (el libro), que en Cuba aún se venera.

La feria de viaje

La cita editorial de La Habana cerró el domingo su sede de San Carlos de La Cabaña para multiplicarse en cinco librerías de la capital y seis ciudades del occidente de la isla en una sucesión cuyo punto final será Santiago de Cuba –a 884 kilómetros de la capital cubana–, donde será clausurada el 11 de marzo en la antigua fortaleza militar de San Pedro del Morro.

Cinco millones de ejemplares y 1.500 títulos fueron dispuestos para este foro gigante de la cultura de 34 días de duración. Se expusieron en la sede habanera de la Feria, una antigua fortaleza construida en el siglo XVIII, con el mar recostado a su espalda. Se montó un área expositiva de 2.444 metros cuadrados, a 212 sellos editoriales de 24 países y 353 cubanos. Ninguno de los 199 stands distribuidos en los siete pabellones y 66 salas con que contó la instalación estuvo vacío.

Ruth Darnell, representante de la casa Alfaguara, luchó porque Alfaguara estuviera en La Habana, aunque las ganancias no fueran muchas o, incluso, hubiera cierta perdida. «Y es que en ningún lugar –subrayó– he advertido tanto amor por los libros, yo quería que los cubanos pudieran adquirir o simplemente echar una ojeada a los textos que producimos.

El profesor e hispanista francés, Alain Sicard, en una de las 190 presentaciones de títulos que se hicieron en la feria –la de la selección de nueva narrativa francesa– habló de su emoción por haber palpado el «hambre de lectura» de multitudes excitadas por el aroma de la letra impresa. «Vi –detalló– a personas disputándose, para mi asombro, una obra de una erudición aplastante, algo impensable en otros países del mundo». *

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