Cuatrocientos filmes y una visión del mundo que hace pensar

El Festival de Berlín presentó en doce días y 400 filmes una visión del mundo que interroga al espectador más que lo divierte, planteándole temas que van desde la política, el compromiso, el racismo y la emigración a la vida de todos los días.

El festival no defraudó su reputación de seriedad, al punto que al inaugurar esta 52 edición, el canciller alemán, Gerhard Schroeder, advirtió: «El cine no es sólo una fábrica de sueños sino también de pesadillas».

Las gotas de glamour necesarias estuvieron a cargo de algunas estrellas, como Catherine Deneuve, Claudia Cardinale, Cate Blanchett, Halle Berry, Angela Molina, Russell Crowe, Kevin Spacey, que pisaron la alfombra roja en la plaza Marlene Dietrich, en el corazón del nuevo Berlín, aun lleno de obras.

La verdadera estrella del festival siguió siendo sin embargo el público. Dieter Kosslick, que este año sucedió al suizo Moritz de Hadeln, estimó en más de 400.000 los espectadores que colmaron las flamantes salas múltiples de Potsdamer Platz y las de la vieja Babylon, abierta en 1929, ya sea por un documental sobre los «drag kings» o por un primer filme argentino.

Compitieron por el Oso de Oro 23 películas, en su mayor parte europeas, una selección de un nivel mediano, la primera de la era Kosslick, a quienes algunos otorgan el beneficio de la duda en espera de la próxima edición. El director anunció para 2003 la creación del «Berlinale Talent Campus», para acoger una nueva ola de creadores y dar nueva sangre al festival.

Algunos temas de reflexión volvieron como un leitmotiv para conjurar el pasado: «Dejar pasar» del francés Bertrand Tavernier, «Con razón o sin ella» del húngaro Ivan Szabo y «Amen», del franco-griego Costa-Gavras, que hablan de la opción del artista frente al nazismo, o del Vaticano frente al Holocausto.

Tres películas tenían como tela de fondo político el comienzo de los años 70: «Bloody Sunday», sobre ese 30 de enero de 1972 que desencadenó la espiral de violencia en Irlanda del Norte. Sobre la misma época, «Baader» traza el retrato del líder de la Fracción Ejército Rojo que cruzó el Rubicón del terrorismo, mientras «KT» cuenta el secuestro, en 1973, del opositor Kim Dae-Jung, que luego se convirtió en presidente de Corea del Sur.

La sociedad vista a través del prisma de la familia y de la pareja, es también uno de los hilos de esta edición dominada por la figura tutelar del norteamericano Robert Altman, el director de «Gosford Park».

Altman, que recibió el Oso de Oro por el conjunto de su obra, tiene muchos discípulos entre los nuevos realizadores, que con distinta fortuna, intentan crear clones de «Short Cuts», como la danesa Annette K. Olesen («Minor Mishaps») o el español Rámon Salazar («Piedras»).

Esquizofrenia paranoica en «Una mente brillante» (el premio Nobel Forbes Nash) y enfermedad de Alzheimer en «Iris» (la novelista Iris Murdoch) cargaron la atmósfera, en tanto que «8 mujeres», del francés François Ozon, y la excéntrica «Famille Tenenbaum» la relajaron.

Con «El viaje de Chihiro», el dibujo animado del japonés Hayao Miyazaki, la Berlinal se obsequió una rara escapada al país de los demonios y maravillas. *

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