LA GRAN ESTAFA, DE STEVEN SODERBERGH

Volvieron, robaron y huyeron

Esta película está regada de luminarias como George Clooney, Brad Pitt, Julia Roberts, Matt Damon, Andy García, Elliot Gould, entre otros. El resultado es solvente y a la vez complaciente, pero puede verse.

Steven Soderbergh pos-Traffic y la gloria del Oscar. Evidentemente ya no es ni será el brillante realizador que sorprendió en principio a Wim Wenders (cuando éste fuese el presidente del jurado del Festival de Cannes, 1989) con Sexo, mentiras y video y se llevó los mejores consejos y por supuesto la Palma de Oro. Ya no es el imaginativo, experimental autor que rodó en blanco y negro su versión de Kafka, aun cuando todavía muchos lo consideran el mejor cineasta de su generación.

Lo cierto es que ese independiente quedó congelado, en su peripecia, en un filme «noir» como Vengar la sangre. Ya Romance peligroso e incluso Erin Brockovich (un título basado en un hecho real rodado para el lucimiento personal de Julia Roberts, la cual obtuvo un Oscar por su performance) y acaso la antedicha Traffic situaron a Soderbergh como un individuo que había practicado su desplazamiento hacia dentro de Hollywood. Y ya se sabe, pocos salen intactos (los hermanos Coen, por ejemplo, que aun cuando llegan a negociar con la industria nunca se han despersonalizado temática ni estéticamente) de tal roce. Algunos cineastas de su generación como el extraordinario Jim Jarmusch o incluso Allison Anders, por citar dos ejemplos mayores de cine independiente, seguirán su ruta sin verse seducidos o haciendo películas correctísimas por encargo.

Y aquí aparece entonces Soderbergh nuevamente atado a Hollywood y la opción, por encargo, fue una remake correcta y plagada de figuras como lo es, claramente, La gran estafa, que viene a ser una aplicada, divertida versión del largometraje que protagonizaron Frank Sinatra, Dean Martin y Sammy Davis Jr., entre otros, y a la que se conoce como Once a la medianoche.

Así que Soderbergh puso en movimiento a las luminarias que contrató con Clooney, Pitt, Damon, García y Roberts a la cabeza del elenco (además de un inmenso Gould enfundado en una gafas enormes) y, desde luego, todo funciona en términos estrictamente narrativos. El tema: robar, en Las Vegas, tres casinos al mismo tiempo. ¿Lo harán? Probablemente. Con audacia, disciplina y precisión y ese toque de suerte, todo andará perfecto en Sin City.

Vaya jugada. Y de paso el personaje de Clooney, quien acaba de salir de prisión (al igual que su personaje de Un romance peligroso), intentará recuperar el amor de su esposa que lo abandonó precisamente por el manager de uno de los casinos (Andy García).

Vale decir que Soderbergh articula un escenario de acción donde trabaja con el humor y el suspenso, las chispas de ingenio en los diálogos entre las criaturas, la puntuación dramática, la sincronía de un relato que posee una circulación que no decae en interés. Pero que, indudablemente, para un talento mayor como Soderbergh es apenas un juego, una digresión dentro de lo que verdaderamente es la obra que le reconoce esa sensibilidad como realizador cinematográfico

Es un desperdicio que trabaje filmes como un artesano y sin desafiarse personalmente y hasta llega a irritar que Soderbergh haya caído en la complacencia. Si Traffic significó, como dijo públicamente, hacer dinero, pues La gran estafa le valió divertirse. ¿No es hora de parar y hacer una seria autocrítica antes de que Soderbergh abuse de su retórica?

Hay que ver, en algunas secuencias, cómo Soderbergh llega a desatar esos vuelcos impresionantes de talento, cómo se le palpa la mano soberbia de director especialmente en los climas corales del filme. Pero no va más allá porque no se plantea ningún tipo de desafío estético ni tampoco estilístico y arriba a su desenlace con una vuelta de tuerca previsible y sin que haya demasiadas tensiones.

Uno siempre espera de Steven Soderbergh ese vigor poético que parece haberlo abandonado. O que simplemente no lo está utilizando. Parece que actualmente decidió meramente convertir a sus historias en un «entertainment» para el rebaño (una actitud que no deja de ser válida y sobre todo para Hollywood), incluyendo a un elenco que lo hace funcionar con precisión de relojero, faltaba más. *

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