Fiesta en Juan Lacaze
Debido al mal tiempo, parte de las actuaciones previstas para el viernes pasado se concretaron recién el lunes aunque el cierre oficial se desarrolló como estaba previsto, en la noche del domingo, con la actuación del locatario José Carbajal y excelentes fuegos artificiales.
El evento organizado por el sindicato papelero de Juan Lacaze (Cuopyc) contó con participación de destacados artistas del canto popular uruguayo. Así, en la jornada inicial pasaron por el escenario los grupos sabaleros Voces del Sauce, 7 y 3 y Arkhángel, junto a la murga La Obligada, de Rosario.
El sábado actuaron Rabdomantes, Signos, Manos Arriba, Mazakote y Jaime Roos, quien junto a su banda poblaron de murga y candombe la madrugada de Juan Lacaze. El domingo se presentaron los grupos Ea!, Sinsonte y Nuestra Razón, y la Orquesta Municipal de Colonia, dirigida por Nelson García Prieto.
Merece especial atención Nuestra Razón, un conjunto que, además de la bondad de sus voces y de una fina elaboración musical, ha sabido nutrirse de un repertorio de gran calidad.
El lunes, el olimareño Pepe Guerra junto a su banda fue el encargado de convocar a miles de uruguayos que se reunieron frente al escenario gigante montado frente al Puerto de Yates para escuchar sus canciones.
Pero, sin dudas, el plato fuerte del festival fue el reencuentro de Carbajal con sus paisanos. «Qué lindo es volver al pago» cantaba El Sabalero y la ovación emocionada brotaba de miles de personas que tenían ante sí al artista que logró que Juan Lacaze trascendiera fronteras.
Ya sobre el escenario, El Sabalero recordó su infancia, su adolescencia, sus amigos, familia y vecinos, el entorno: «Antes había dos fábricas que regulaban la economía de toda la población. Ahora apenas hay una. Mis padres llegaron a este lugar en la década del cuarenta y esa gente que iba llegando fue creando barrios nuevos y el pueblo se extendió a lo largo de la costa».
«Fuimos creciendo en la libertad de las lagunas rebosantes de palometas, juncales y pájaros con todos los colores y con todas las melodías. En la pesca del sábalo a la orilla del enorme río, dura pero divertida. Con las chimeneas delante de los ojos, que esperaban nuestros catorce años para abrir el portonazo de hierro y tragarnos para siempre… y ese sería nuestro destino en el mejor de los casos», recordó Carbajal.
A modo de confesión ante su pueblo natal, El Sabalero presentó un extenso repertorio que precisamente alude al paisaje, las vivencias y los personajes de esa comunidad obrera. Entre esos personajes estuvo Macario, quien subió al escenario para fundirse en un abrazo con quien lleva su nombre por el mundo cuando canta la chamarra «El rancho del Macario».
Fue una noche de reencuentros y emociones que contó con la conducción y animación de dos periodistas locales, Claudia de los Santos y Alejandro Montero, que culminó a las cuatro y media de la madrugada con un buen show de fuegos artificiales. *
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