La vida musical judía bajo el nazismo

La canción «La Cucaracha» o las tradicionales en yiddish interpretadas en el sótano de una sinagoga: ejemplos que ilustran el desesperado intento de los judíos alemanes por conservar su identidad cultural en la Alemania nazi.

Este trágico esfuerzo ante la escalada de la represión nazi, hasta las deportaciones que anunciarían el Holocausto, es narrado a través de una antología sin precedentes de la vida musical judía bajo el nazismo, de 1933 a 1938: once CD con 250 temas y catorce horas en total, un DVD y un libro de 516 páginas.

Bajo el título «Beyond Recall – A record of jewish musical life in nazi Berlin, 1933-1938″, el sello Family Bear Records, especializado hasta el presente en música pop y country, publica un verdadero Opus Magnus que hace revivir el trágico destino de cientos de artistas judíos, la mayoría de los cuales murieron en los campos de exterminio.

No bien llegó Adolf Hitler al poder, en 1933, el jefe de la propaganda nazi, Josef Goebbels, ordenó a los dirigentes de la comunidad judía la creación de su propia organización cultural, a cuyos espectáculos –teatro, ópera, ballet, música clásica, jazz, cabaret, cantos religiosos, películas, espectáculos infantiles– sólo podrían asistir judíos.

Denominada primeramente Federación Cultural de los Judíos Alemanes, la organización pasó a llamarse en 1935 Federación Cultural Judía (Juedischer Kulturbund), ya que los nazis no aceptaban que existiesen judíos alemanes.

También en 1935, Goebbels prohibió a la Kulturbund que interpretara obras de Haendel, Mozart, Beethoven y Wagner, y a partir 1938 la obligó a limitar su repertorio a autores judíos.

Esta «guetización» cultural fue aceptada por los dirigentes de la comunidad judía alemana, siempre con el riesgo de disolución presente y en la estrecha vía entre la afirmación de una identidad cultural y la sumisión a la reglamentación nazi; ello hasta la prohibición definitiva el 11 de setiembre de 1941, unos días antes de que empezaran las deportaciones masivas y la «solución final».

El escritor judío alemán Kurt Tucholsky, que se suicidó en Suecia en 1935, condenó duramente esa actitud de los dirigentes de su comunidad. «Actúan en teatros, aislados como leprosos, y los oigo decir: ¡ahora vamos a mostrar que nuestro teatro es el mejor! ¡No oyen nada, no ven nada, no se dan cuenta de nada!», dijo.

Una de los figuras redescubiertas en esta antología es la de la cantante Dora Gerson, uno de cuyos temas da título a la antología. Gerson estuvo casada hasta 1936 con Veit Harlan, uno de los directores favoritos de Hitler y Goebbels, autor de películas nazis de propaganda antisemita. La cantante fue asesinada en el campo de extermino de Auschwitz.

Se necesitaron años de investigación para recuperar el material de las firmas discográficas judías de la época, disperso en todo el mundo, de Australia a Colombia, de Argentina a Estados Unidos y, por supuesto, Israel.

Los autores del libro consideran esta antología como «un signo de la victoria de la vida sobre la muerte». *

 

 

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