¿No son brillantes las estrellas?
Londres, Reuters
Michael Jackson usó una estatua gigante de su imagen para que fuera remolcada por el río Támesis como parte de la promoción de su álbum History.
Cuando se trata de rock and roll, las estrellas pop son los reyes de las extravagancias en una industria famosa por los excesos hedonísticos. La revista británica «Q» hizo una lista con las 100 mayores locuras de los roqueros.
La publicación preguntó: «¿No son brillantes las estrellas? Hacen música bella, toman drogas en cantidades que les deforman la mente, se autodeclaran dioses, cambian sus nombres por símbolos y contratan paracaidistas desnudos para que aterricen en sus fiestas de cumpleaños».
Tomemos el caso de Uriah Heep. Lanzaron su álbum High and Mighty (Alto y poderoso) en un restaurante situado en las alturas de los Alpes. La celebración terminó en un caos. Un hombre vestido de oso fue lanzado al piso por el baterista Les Kerslake porque creyó que era un animal de verdad.
Julian Cope nunca alcanzó mucha fama, pero puso la voz de su álbum Fried acurrucado desnudo debajo una caparazón de tortuga. «Tenía grandes visiones románticas de que eso iba a librarme de la antipatía del público», explicó sobre el álbum que alcanzó a llegar al lugar 85 de la lista de popularidad y venta.
El grupo ZZ Tops, caracterizados por sus largas barbas blancas, llevaba en sus giras serpientes y una manada de búfalos. «Queremos llevar Texas a la gente», dijeron.
Los Beatles, el grupo pop más famoso del mundo, no se escapa de las críticas de «Q». Se les incluye por el psicodélico Magical Mystery Tour, álbum que fue atacado despiadadamente por los críticos. Hasta la reina Isabel habría dicho que «los Beatles se están poniendo horriblemente divertidos, ¿verdad?».
Eric Clapton decidió, en una gira por California con el grupo Blind Faith, comprar un tótem indígena de 7,5 metros de alto y lo acostó en el medio del pasillo del ómnibus que transportaba a la banda.
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