Catastrófico
–Pese a la crisis económica, la música y el cine nacional tuvieron un muy buen año. ¿Cómo le fue al teatro?
–Mis compañeros de teatro me van a odiar, porque consideran que hay que dar una imagen ilusoria. Yo creo que fue un año catastrófico. Y no es una opinión subjetiva, porque yo me preocupo por ver las recaudaciones de los teatros. No creo que ningún teatro haya vendido más de cinco mil entradas con una obra. ¿Quién tiene la culpa de esto? Esa es una buena pregunta. Es muy fácil echarle la culpa a la situación económica. Sin embargo si vemos la recaudación de los cines, vemos que han aumentado. Tengo la impresión que nosotros tenemos la culpa y deberíamos meditar sobre eso. Creo que no hemos hecho las obras debidas.
—¿No es un error pensar que la gente quiere cosas leves?
–Tenés la prueba con Copenhague. Antes incluso de los Florencio, la obra estaba agotando. En un momento contabilicé que había 25 espectáculos en cartel y 23 eran comedias. La verdad es que todos nos desvivimos para que la gente vaya al teatro, porque se gana plata y para que nuestro trabajo tenga algún sentido.
—¿Pero no se pone la carreta adelante de los bueyes, hacer obras para que vaya gente?
–Ahí está la cosa. Creo que hay que esmerarse en profundizar y también dar lugar a que gente joven plantee cosas nuevas.
–Me decías que por primera vez no tenés el año lleno de proyectos ¿qué te gustaría hacer?
–Tengo una especie de fantasía que es leer de un tirón En busca del tiempo perdido de Proust, sin tener nada que interfiera las semanas o los meses que me lleve la lectura. Mi fantasía es vivir para leer la obra sin interferencias. Todo eso se ha transformado en una especie de hobby o locura si preferís, que hace que yo esté preparando ese día en todos sus detalles. Va a ser en Valizas en invierno. Y recorro las librerías, buscando la edición de Alianza que no se desguaza, cosa que odio en los libros, preparando ese momento que tal vez no llegue nunca. *
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