Preparado para el fracaso
Mi vida es estar en un teatro con actores. Es el momento en el que me siento mejor. No hay otra cosa que prefiera. Termina el ensayo y estoy pensando el ensayo de mañana», dice Jorge Denevi. Su versión de Copenhague de Michael Frayn ganó cuatro premios Florencio, incluyendo Mejor espectáculo, Mejor dirección, Mejor actor (para Humberto de Vargas) y el Florencio del Público.
Mientras prepara una nueva obra de teatro para el verano y continúa produciendo Quién quiere ser millonario, por Canal 12, Denevi habla de los Florencio en su casa, antes de los obligados comentarios sobre la realidad argentina. «El programa se graba en Buenos Aires y en cada viaje veíamos que las cosas iban peor. Era obvio que se iba a derrumbar, todos nos preguntábamos cuándo iba a pasar».
–¿Es importante ganar un Florencio?
–Es más elegante decir que no, que no me importan los premios. Es verdad que uno no trabaja para los premios, trabaja porque le gusta lo que está haciendo. Pero es indudable, sobre todo cuando se trasmite por televisión, que hay un entorno social que te complace. La vecina en el ascensor me felicita, la gente de mi trabajo, que piensa que soy un idiota, ahora ve que no lo soy tanto, porque gané un premio. Es imposible dejar eso de lado, existe. La otra parte es si en lo personal, como artista, me hace sentir logrado. Ahí si te digo que no, con la misma exactitud y sinceridad. Yo sé cuáles son mis limitaciones, sé lo que puedo y lo que debería dar y soy terriblemente autocrítico con mi trabajo. Me gusta pensar siempre que me falta bastante y esa insatisfacción me hace producir. O sea que hay dos partes, la social que es muy positiva, la personal en la que nada cambia.
–Hay quien dice que no tiene sentido otorgar premios en el arte, generando una competencia…
–Algo de cierto hay en eso. Pero, bueno, es tan chico nuestro país y hay tan poca cosa, que ponerse tan críticos no tiene mucho sentido.
–En lo personal ¿Copenhague te dejó satisfecho?
–Mucho, me dejó muy contento. Creo que un espectáculo se inicia cuando elegís el reparto. Ahí tenés el sesenta por ciento del camino. No sólo porque cada uno esté bien en su rol, sino porque se tiene que producir una química muy especial entre los integrantes del elenco para que la obra salga bien, y este fue el caso. Todos pusimos la vida en el espectáculo. Cada vez que hacés algo artístico tocás cosas personales muy fuertes, íntimas y este espectáculo me enseñó una cantidad de cosas. La propias limitaciones y contradicciones que puedo tener yo como artista se me exhibieron en todo mi esplendor en este trabajo, y me di cuenta –a esta edad y luego de haber dirigido más de cien espectáculos– que tenía que tocar otras zonas de profundidad. Averiguar cosas sobre mi propia persona a través de esta obra valió más que cualquier premio.
–Al dirigir una obra ajena ponés mucho de vos mismo…
–Yo diría que de manera absoluta cuando la obra es ajena ponés tu vida en ella. Tú ponés toda tu experiencia, tu dolor, tus frustraciones en lo que estás haciendo. ¿Qué otra experiencia tenés si no la tuya? Hasta tal punto que yo creo que hay determinadas obras que te eligen a ti. No sé cómo caen en tus manos. Me pasó con Viaje de un largo día hacia la noche, que es una obra donde Eugene O’Neill hace algo que no había podido hacer en vida de sus padres, reconciliarse con ellos. Me di cuenta que me puse, sin haber leído la obra en diez años, a pensar todo el tiempo en ella. Me preguntaba por qué. Percibí que había un punto de contacto directo entre la relación que él tuvo con sus padres muertos y mis padres muertos. Yo necesitaba también a través de O’Neill hacer una reconciliación personal. Por lo tanto creo que en cada obra uno habla de sí mismo.
–Como mucha gente hacés cosas que son expresiones netamente artísticas y otras que podrían tildarse de más comerciales. ¿Qué diferencias establecés?
–La posición en la que me puse siempre es que yo hago todo igual, es decir, que pongo el mismo espíritu, el mismo corazón y la misma fuerza en hacer tanto una cosa como la otra. No sé si es del todo cierto esto. No sé si logro poner el alma en una obra y en otra simplemente le camino por arriba. Estoy cuestionándome ese aspecto justamente. Digamos que Copenhague saludablemente, me hizo entrar en una pequeña crisis, al punto que estoy preparando ahora una obra para el verano, pero no he asumido más compromisos para el año que viene. Quiero volver a pensar y a tratar con más profundidad algunas cosas.
–Cuando encarás un proyecto comercial, supongo que los objetivos son diferentes. ¿En un programa de televisión el objetivo es que tenga éxito?
–Pero para sentirme realizado como artista también necesito que vaya gente. El teatro tiene tres cosas, está la obra, están los actores pero está el público también. Si la obra hubiera sido un fracaso de público no sé si hubiera estado contento, me parece que no. Yo quiero que la gente se conmueva, como lo hice yo. Cada obra tiene un desafío diferente y uno no dice ‘con esta obra voy a hacer dinero y con esta voy a ser artista’. Es todo más entreverado. De hecho me pasó que las obras «comerciales» que encaré este año no me dieron dinero y las «artísticas» sí.
–¿Como te llevás con la televisión?
–Yo empecé con la televisión como una forma de ganar plata y nada más. De pronto empecé a encontrar una relación diferente, cuando me di cuenta que un programa mío lo podían ver 300 mil personas en una noche. Es muy difícil cuando tenés que trabajar para todas esas personas, que de pronto no saben que existe un teatro, tenés que ponerte en otra cabeza. Me di cuenta de que la televisión reflejaba el país real, ese país que a veces no te gusta tanto, que rechaza lo que vos amás, pero es el país en el que vivís. De una forma de ganarme la vida, la tele pasó a ser una forma de vivir. Ojalá yo pudiera poner Copenhague en la televisión y fuera apreciado por las 300 mil personas, pero eso no es posible. La televisión pasó a ser mi contacto con la realidad.
–Supongo que es bastante difícil saber de antemano qué es lo que la gente quiere ver.
–Vas desarrollando un olfato. Tenés también cosas que te ayudan como ratings y encuestas. Yo estaba seguro, por ejemplo, que Quién quiere ser millonario iba a ser un programa que iba a estar en los primeros lugares de audiencia. Porque había una necesidad del público de tener programas uruguayos y programas donde se hable del Uruguay. Ya pasar programas de preguntas y respuestas donde se hable de San Martín y Rosas me parece inadecuado. Y estaba seguro que si tomábamos un formato internacional y hacíamos preguntas que estaban relacionadas con nuestra vida, con nuestro pasado y con lo que vivimos, iba a ser un éxito.
–¿Como te cayó el fin de Plop!?
–Yo lo tomé con mucha naturalidad porque sé que así es la televisión. Vi que el fin se venía un año y medio antes, por motivos económicos y de otra índole. Estoy muy preparado para lo que pase, porque la televisión es así, es competencia. Si el programa no funciona, dos semanas después estás afuera. Es un medio muy cruel en ese aspecto. Por más lindo que sea el programa, por más cariño que le tengas, si no estás preparado para eso, mejor dedícate a otra cosa. El fracaso es un componente fundamental de todo trabajo artístico o de comunicación.
Con la fe ciega que yo tenía en Copenhague
me pregunté varias veces qué hubiera pasado si esta obra era un fracaso. Creo que me hubiera caído muy mal, pero estaba preparado para aguantarlo. Hace poco leí que a un famoso director de teatro norteamericano le preguntaban: «¿Qué hace usted cuando después de meses de preparación, de trabajo, de inversión de dinero, una obra no funciona?». Y el contestó muy simplemente: «Me perdono».
–¿Qué te gustaría hacer en televisión que no hayas hecho?
–Sin duda un programa de ficción en serio, con los excelentes actores que tiene el Uruguay, muchos de los cuales no han pisado la televisión. Es algo que realmente quisiera hacer. Pero con profundidad, seriedad y especialmente dinero. Hecho con pocos medios, como se ha hecho hasta ahora, es condenar al fracaso un ciclo. Así como estaba seguro de que la gente quería ver temas uruguayos en un programa de preguntas y respuestas, estoy seguro que quieren ver ficción uruguaya con actores y situaciones uruguayas.
–¿Por qué los canales no apuestan a eso, es sólo falta de medios?
–En este momento es notorio que los medios de difusión no tienen plata para invertir. Pero también creo que los canales han tenido una legítima desconfianza en nuestra posibilidad de lograr ratings buenos con la ficción. Digo legítima, porque yo vi cosas hechas cuando se dio la oportunidad, que eran realmente terribles. Para los directivos de los canales somos espanta ratings. Y yo estoy seguro que si tuviéramos la oportunidad de desarrollar las cosas como se debe los programas funcionarían. Pero si un canal contrata a excelente actores y cuando llega la hora de grabar no hay un director, como ha pasado, y hay sólo un spot y un micrófono, entonces no hay posibilidad de competencia. *
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