A los golpes
El título proviene de una expresión popular que alude al «no pasa nada», veinticuatro horas al día, siete días a la semana. El protagonista (Bob Hoskins), un veterano entrenador de boxeo, trata de encaminar a un grupo de jóvenes marginales. Cincuentón, desencantado, el personaje trata de reconstruir unas relaciones humanas deterioradas, y se estrella contra la hostilidad del medio.
Los jóvenes suburbanos entre los que circula sugieren, como los de Naked de Mike Leigh, una masa humana que recorre hipnóticamente los lugares más sórdidos y menos promocionados de cualquier ciudad europea.
Si se quiere buscar algún parentesco cinematográfico a esta película de Shane Meadows corresponde hacerlo, sobre todo, con algún filme como El odio (1995) de Matthieu Kassowitz, que se le parece en su cuidadosa fotografía en blanco y negro y su atención a personajes desclasados, marginales, que intentan sobrevivir en medio de una realidad violenta.
El director y libretista Meadows está volcando algunas experiencias autobiográficas, o por lo menos un conocimiento directo del medio en que ubica la acción de su filme. De niño, Meadows vivió en un club de boxeo, y soñaba que cuando creciera sería boxeador. Cuando el club fue cerrado, el futuro realizador y sus amigos quedaron desperdigados por las calles de la ciudad, sin rumbo ni destino algunos sobrevivieron perpetrando pequeños robos, y amagando meterse en problemas mayores.
Alguien del barrio decidió formar un equipo de fútbol, los convocó, y ello pareció darle un sentido a sus vidas. El director señala: «No ganamos ningún partido, pero el hecho de que nos juntara y que permaneciera junto a nosotros es lo que importa. Me entusiasma contar esta historia, y que se trate de un hombre de 55 años la vuelve diferente a la mayoría del cine británico hecho por jóvenes».
Meadows tenía solamente veinticinco años cuando emprendió la realización de esta película. Un par de años antes había empezado a escribir, producir y dirigir cortometrajes caseros con sus amigos de Nottingham. Un documental (King of the Gypsies) y un par de mediometrajes (Small Time, Where’s the Money, Ronnie) lo ubicaron en el centro de atención de los productores que le permitieron filmar su primer largo.
En 24/7 el presupuesto sigue siendo modesto, pero alcanzó para rodar en 35 mm y contratar a un actor de prestigio como Hoskins. El manejo con los actores proviene claramente del cine de Mike Leigh, con amplios márgenes de improvisación a partir de una situación básica. *
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