PESE A LA CAIDA DEL FUNDAMENTALISTA REGIMEN TALIBAN, LA FUERTE CENSURA HISTORICA MANTIENE PLENA VIGENCIA

Afganistán recuperó la magia del cine pero no podrá ver desnudos

Sin embargo, las películas de «Bollywood» –el cine indio– han regresado a Kabul en una explosión de color y de sonido, para la gran alegría de los distribuidores de Bombay, que habían perdido un mercado importante durante los cinco años de reinado talibán.

En los días posteriores a la huida de los talibanes de Kabul el 13 de noviembre, numerosos camiones empezaron a llegar de Pakistán cargados de televisores, aparatos de video y las últimas cintas de video y DVD procedentes de India.

«Un 70% de mis existencias viene de India, el resto de Estados Unidos y de Japón», dice Zamin Begana, propietario de uno de las 15 nuevas tiendas de video que surgieron de repente en un edificio vacío del centro de la capital afgana.

Como sus vecinas, la tienda de Begana está cada día llena de clientes que se arrancan las películas, a unos dos dólares cada una.

«Me encantan las películas indias», dice el hombre de negocios Jalil Ayobi en medio de la clientela. Dice haber comprado «entre ocho y diez» cintas de video en un mes. Las películas estadounidenses «tampoco están mal, a condición de que sean de acción».

 

El auge del cine indio

Bajo el régimen talibán, consiguió algunos videos importados de Pakistán, «pero eran muy caros».

La popularidad de las estrellas de Bollywood –Amir Khan, Shahrukh Khan o Hrithik Roshan– sobrevivió a la milicia integrista, y estos actores siguen siendo los preferidos de la mayoría de los afganos.

El cine indio produce cada año más de 900 películas y la pasión de los afganos podría permitir a los distribuidores de Bombay aumentar sus exportaciones de al menos 10%, indican en los medios especializados.

Pese a la situación económica catastrófica en la que está sumido el país, Begana llega a vender entre 70 y 80 cintas de video diarias, numerosos DVD y por lo menos tres o cuatro magnetoscopios.

«Muchos afganos están en exilio y trabajan en Europa, desde donde envían dinero a su familia cada mes», explica el vendedor. «Por eso pueden pagarse los aparatos de video».

Para los afganos que no se pueden permitir esos lujos, la alternativa son los tres cines que reabrieron sus puertas desde el final de los que los kabulíes llaman «los días oscuros» de los talibanes.

En el cine Bajtar, donde la entrada cuesta el equivalente a 12 centavos de dólar estadounidenses, se exhibe ahora «Mohara», una película en hindú que tiene mucho éxito, pese a la mala calidad de la copia y la vieja pantalla en la que se proyecta. Hay cuatro sesiones diarias, que atraen cada una a entre 300 y 400 espectadores entusiastas, en su mayoría hombres. El propietario del cine, Abdul Rahim, que pasó la época talibán «haciendo galletas», dijo que las películas indias son las más populares.

Recientemente programó una película de acción estadounidense, Thunder, que tuvo buena asistencia, pero el problema con las películas de Hollywood, dice, es que la censura afgana sigue vigente.

Todas las escenas de desnudez y de sexo se cortan, agrega Rahim, salvo cuando se trata de «besos furtivos. Si los actores se chupan los labios, desaparece». *

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