Una fiesta del cine que importa
Desde «Miel para Oshún», una contestataria película cubana de Humberto Solás, hasta «La fiebre del loco» de Andrés Wood, otro largometraje que obtuviera el premio al mejor guión en la penúltima edición del festival, las propuestas fílmicas repasan las temáticas más heterogéneas.
Sin embargo parece existir una línea referente que funciona como común denominador de las producciones exhibidas: una búsqueda de la identidad (¿perdida?). En «Te amo» (Made in Chile), el desarraigo inicial se contempla a través de varios adolescentes que regresan a sus orígenes desde USA, mezclando idiomas en sus diálogos, hasta que recuperan su condición autóctona y despejan los fantasmas del pasado. Algo similar ocurre(como ya hemos señalado en nota anterior), con «Miel para Oshún» con otro exiliado que regresa a Cuba en busca de su madre.
El mismo clima, obviamente, se respira en «Bastardos en el paraíso» otra película chilena de Luis R. Vera que muestra los sinsabores que sufren los latinos en los países del norte. Conviene subrayar, sin embargo, que dichos prejuicios también son radiografiados en «Bolivia», un filme del uruguayo-argentino Israel Adrián Caetano en «Bolivia» donde se exhibe la amarga vida de un inmigrante boliviano en el corazón de Buenos Aires.
Quizás sea Argentina–precisamente–, el país que se despega un poco de estas líneas temáticas con otras ofertas que atienden un relativo nivel de superproducción como «La fuga» (una película de Eduardo Mignogna que traslada su propia novela a la pantalla con un despliegue fuera de lo común para las realizaciones del Río de la Plata) o «El hijo de la novia», de Juan José Campanella (una película candidata a integrar la nómina de Mejor Película Extranjera en la lista del Oscar de Hollywood).
No debemos olvidar el registro sobre la prostitución que propone Beatriz Flores Silva a través de «En la puta vida», otro desarraigo testimoniado por una mujer que emigra a España ilusionada por una fantasía que rápidamente se convierte en pesadilla. Aquí también el tema del «exilio» vuelve a estar en el tapete para fusionarse con muchas de las otras miradas y posibles lecturas de los filmes exhibidos.
Como si el pensamiento de un nuevo cine latinoamericano estimulara un definido sentido de pertenencia, parecería que los creadores se hubieran puesto de acuerdo para plasmar una línea común de inquietudes que fueran más allá del cine convencional.
En este sentido bien puede decirse que el 23 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano no tiene nada de convencional: desde la competencia por guiones inéditos (en donde compiten nuestros compatriotas Inés Olmedo y Gabriel Bossio), pasando por muestras del cine independiente norteamericano, retrospectivas de Alain Corneau y la muy anunciada presentación especial de la nueva versión de «Apocalypsis now» de Francis Ford Coppola, parecería que La Habana es el centro de una movida audiovisual de proporción mundial.
Habrá que estar atento y continuar aguardando el fallo de los diversos jurados (el premio de ficción, el de Fipresci, el de las óperas prima, los documentales, guiones inéditos, etcétera) que se han dado cita en esta ciudad fascinante. Vale la pena. *
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