NI UNA PALABRA, DE GARY FLEDER

Todos los diamantes son eternos

Suspenso sicológico es lo que derrama «Ni una palabra», de Gary Fleder, con momentos en los que se detona una alta intensidad narrativa que cubre a los personajes del conflicto.

Todo el asunto se dispara a partir de un diamante que fue robado y, en tal vorágine, se involucran Michael Douglas, Sean Bean, Britanny Murphy, Oliver Platt, Jennifer Espósito, Franke Janssen. Hay un rapto, datos que se acumulan, pistas e indicios y ese lugar común llamado suspenso.

Diez años más tarde de un cronométrico atraco a un banco, los que sobrevivieron deben volver a encontrarse con el preciado tesoro: un diamante púrpura que posee un costo de diez millones de dólares. Demasiado dinero como para haber tolerado el encierro de la estricta prisión de Attica y no hacer nada por recuperarlo, así que habrá que poner manos a la obra con la determinación fría y despiadada del personaje caracterizado de taquito por Sean Bean, que utilizará todo lo que tenga a mano para toparse nuevamente con el diamante.

Ni una palabra (Don’t Say A Word), de Gary Fleder, posee contextura de thriller psicológico y se concentra en la peripecia del psiquiatra que diseña sin mayor brillo Michael Douglas, de cómoda posición, en matrimonio con Franke Janssen y una hija de ocho años que, de pronto, será raptada y el mundo se dará vueltas 180 grados en los buenos modales de la pareja.

Hay buenos momentos de suspenso, correctos climas en tanto progresión de la acción dramática, pero no parece suficiente. A Fleder le faltó vuelo, aunque no obstante la artesanía con que está narrada la película coloca al relato en el podio de filme aceptable. *

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