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Un nuevo amanecer

La obra recorre los planos de la realidad y el sueño con un notable equilibrio entre ambos: siempre hay un grano de sueño que fecunda la realidad, aun en los años de la vejez, y siempre hay un grano de vigilia que impide que los sueños se disparen.

Al fin, los sueños de Ella, próxima a su fin, serán la nueva realidad de El y la última seducción de su vida será un renuevo en la vida de su galán tardío. Gené ha abordado con valentía un tema difícil, la perenne lucha por la vida, que en los breves horizontes de la vejez parece más ardua que nunca; y, sin escamotear el tema, sin agregarle mieles, ha extraído de este crepúsculo a dúo los fulgores de un nuevo amanecer. Nos ha mostrado la angustia y los abismos, pero nos ha rescatado y nos ha hecho ver cuánto aire y cuánta luz caben cuando parece perdida la última esperanza.

Nelly Goitiño, que este año ha vuelto por sus fueros con “Tres mujeres altas”, reitera en “El sueño y la vigilia” aquellas virtudes que la hicieron triunfar en su debut como directora con “Kaspar” de Peter Handke. Ha ido directamente al grano, ha captado el tema a la perfección y lo ha tenido firme, sin abandonarlo un solo instante y así obtuvo un espectáculo homogéneo, con escenas bien construidas y mejor resueltas, con justa distribución de luces y sombras. Tuvo en Miriam Gleijer, hermosa y seductora en su actriz otoñal, y en Andrés Pazos dos intérpretes de primera línea. *

 

EL SUEÑO Y LA VIGILIA, de Juan Carlos Gené, por El Galpón, con Miriam Gleijer y Andrés Pazos. Instalaciones de Alejandro Curzio, vestuario de Hugo Millán, música de Renée Pietrafesa Bonnet, iluminación de Verónica Loza y dirección general de Nelly Goitiño. En Teatro El Galpón, sala Cero.

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