La seducción del niño mago
Encabezado por Daniel Radcliffe, Emma Watson y celebridades como Richard Harris, Alan Rickman o John Cleese, el filme posee momentos de esplendor.
Y después de tanta expectativa, finalmente, llegó el pequeño Harry Potter. Y ya de arranque hay que otorgarle méritos al cineasta Chris Columbus: fidelidad a la letra, esto es, a la novela homónima de la británica J. K. Rowling, amplio sentido del entretenimiento, el espectáculo y el sentido de aventura, aplicadísimo uso de los efectos visuales, notable rendimiento actoral tanto de los pequeños Daniel Radcliffe y particularmente Emma Watson (su partenaire), además de las presencias maduras y soberbias de Alan Rickman, Richard Harris, John Cleese.
Lo cierto es que Harry Potter y la piedra filosofal es una fábula que por momentos hechiza: la construcción de ese mundo de magos y hechiceros llamado Hogwarts es realmente impecable, como asimismo la escritura visual: el ritmo aumenta y desciende de acuerdo a los acontecimientos que va acumulando ese chico de 11 años marcado a cada paso por el asombro. Ese Harry Potter con rostro de nerd, huérfano que logra zafar a unos padrastros que en rigor evocan a Cinderella y que no sabe de sus aptitudes y potencialidades mayores como mago (sus padres, fallecidos, fueron maestros en el arte de la magia y le legaron tales cualidades) es, lisa y llanamente, tan encantador como todo el resto de las criaturas que se desplazan alrededor suyo y que contribuyen a la sucesión de eventos.
Como en todo relato de este porte, la dualidad del bien y el mal juega sus ases y, por cierto, el toque dramático se despliega a partir de las fuerzas oscuras y perversas que habitan dentro de ese universo de magos con escobas y varitas, espejos donde se reflejan los deseos más íntimos del yo particular, perros de tres cabezas cuidando celosamente esa piedra filosofal que promete inmortalidad a quien la capture, pasadizos prohibidos que habrá que transgredir, juegos de ajedrez y de magia que redondean una narración siempre atractiva, de montaje impecable y banda sonora al tono.
Harry Potter y la piedra filosofal, que viene batiendo récords de taquilla en los Estados Unidos y superó los 13 mil boletos el primer fin de semana de exhibición en Uruguay, apela frontalmente al homo ludens y a la capacidad de misterio y efecto, a las que estamos sujetos los individuos en cualquier tiempo y en cualquier lugar.
El filme posee lujos de vestuario y de fotografía, méritos de coreografía y escenografía de modo que las ambientaciones y las atmósferas son realmente sugestivas y envolventes y un generoso compromiso actoral especialmente del oscuro personaje que compone Alan Rickman o el bonachón rector de la escuela de magos que desarrolla el notable Richard Harris.
Merece verse porque divierte y porque, en rigor, Harry Potter y los suyos son la concepción y el desarrollo sin decaimientos del cine en su más auténtica exposición. Un pasatiempo estupendo. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad