"Baladista soy yo"
Hacía diez años que el músico no editaba material nuevo. En este caso se trata del registro en vivo del ciclo de recitales dados en mayo de este año para celebrar sus tres décadas de carrera.
Mañana el Darno, junto a Guzmán Peralta y Alejandro Ferradás en guitarras, Shyra Panzardo en bajo y Gustavo Etchenique en batería, presentará el álbum donde se pueden encontrar nuevas canciones, versiones de temas ajenos y viejos clásicos del creador de «Desconsolados».
–Es tu primer disco luego de diez años, ¿por qué pasó tanto tiempo?
–Por muchas cosas. Una de ellas fue la debacle del Palacio de la Música, algo que nos dejó muy perplejos. Todavía estamos por saber dónde está nuestro material, por ejemplo. Ahora se dio esta posibilidad de grabar un disco en vivo. Es un disco en vivo de verdad, sin retoques. Fernando Cabrera que es el productor artístico, lo único que hizo fue variar planos, buscar sonidos distintos, pero sin alterar nada de lo que estaba.
–¿Qué representa para vos tener después de tanto tiempo un disco nuevo en la calle?
–No es lo mismo un disco de estudio que un disco en vivo. De hecho casi no fui al estudio. pero me da alegría, buen aire.
–¿Sos consciente de que una parte importante de tu público comprará por primera vez un disco tuyo? Si bien se ha reeditado en CD alguno de tus discos, los últimos que grabaste nunca se reeditaron.
–Es muy posible que muchos me descubran como si fuera un novato…
–¿Notás un cambio generacional en tu público?
–Noto una acumulación de generaciones. No sé por qué será, pero es así. He visto en mis recitales al abuelo, al hijo y al nieto.
–¿Tenés idea de lo que provocás en las distintas generaciones?
–En la generación a la que pertenezco yo, tengo una idea, en las otras no. La gente de mi edad prefiere un Darno más mortuorio, recordando a los setenta. Tengo una anécdota al respecto. Cuando estaba haciendo un recital en el Solís una persona me gritó «Darno sufrí». Yo estaba haciendo un recital muy gozoso y el necesitaba que sufriera arriba del escenario.
–Los más jóvenes que quizás no escuchan a colegas de tu misma generación, te asocian con modelos anglosajones como Lou Reed o Leonard Cohen…
–Yo siempre fui un navegante solitario, nunca me encasillé en un estilo. Ni rocanrol, ni canto popular, ni folclore. Es una cosa inclasificable. Incluso cuando toco elementos de raíz folclórica, como en este disco, donde hay una versión de un tema de Osiris Rodríguez Castillo, «De corrales a Tranqueras», tiene un toque que de repente a don Osiris no le hubiera gustado. Cuando me meto en géneros más roqueros pasa lo mismo, yo baladizo un poco el rocanrol.
–¿Te gusta la definición de cantautor?
–Me gusta, pero prefiero la de singer-songwriter. Porque escritor de canciones, que es la traducción exacta, es lo que yo soy, además de cantante. No compongo sólo para mí, a veces también lo hago para otros compañeros. La definición de baladista también me gusta. Sin embargo, parecería ser que hay una nueva visión del término baladista. Hay gente que define a Diego Torres como baladista, para mí eso es melódico internacional. Baladistas son Dylan, Serrat o Sabina. Baladista soy yo.
–Siempre has sido más hombre de letras que de música. Sin embargo nunca te lanzaste a escribir sin acompañarte de la música…
–La música me viene por agregado, es cierto, pero considero que ya hay demasiados escritores. Yo quiero navegar en ese río incierto, en el que no toco ninguna de las dos orillas, ni la de la literatura ni la de la música. Me mantengo en el «mezzo del camino». Me siento más cómodo. Soy un tipo bastante cobarde para publicar, me parece que los textos no se van a defender solos sin el aliento de la palabra cantada.
–¿Entre tus discos tenés alguno preferido?
–Sí. Por la época y por la libertad con que lo grabé, no en el país sino personal, me gusta «Zurcidor».
–En tus primeros discos musicalizabas mayormente textos ajenos. ¿Por qué no lo hacés más?
–Me gusta escribir lo mío. Pasé tantos años con el síndrome del estudiante de letras, de no poder escribir cosas propias, que una vez que lo superé no quiero volver atrás.
–¿Cuál es para vos la línea que separa al poema de la letras de canción?
–El poeta es alguien mucho más arriesgado, se juega a la página en blanco, no tiene ningún punto a favor. Si el poema no se defiende solito en la página no vale. Yo que voy por el camino del medio, no voy a convencer a un crítico literario, ni a un músico culto, pero como no me arriesgo demasiado, o me arriesgo sobre bases ya fundadas, no tengo problemas.
–Este año estuviste bastante activo, como varios colegas tuyos. Es raro que esa actividad se haya dado en un período bastante difícil para el país…
–Es raro, pero tal vez eso se dé por la propia crisis. Tal vez la gente necesite de un agua bendita para el espíritu, o para el cerebro. De todas maneras cualquier grupo de cumbia tiene más convocatoria que todos nosotros juntos.
–Parecería que estamos en un momento de especial decadencia a nivel artístico o cultural, ¿se trata de algo transitorio?
–Yo creo que sí. Porque han aparecido sobre el final del siglo valores que se fueron acunando desde antes. Por ejemplo, un Saramago en las letras. En el teatro las búsqueda de nuevas formas o mezclas como la del teatro con el circo. De repente son cosas marginales con respecto a la gran cultura masiva, pero siempre queda un poquito de eso. *
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